"Cocinas fantasmas": cómo se trabaja en un sitio donde no hay mozos ni clientes

"Cocinas fantasmas": cómo se trabaja en un sitio donde no hay mozos ni clientes
Dos fundadores de restaurantes virtuales cuentan cómo se reinventaron y buscaron una nueva solución tras quedarse sin trabajo por la pandemia
Por iProUP
18.02.2021 16.00hs Innovación

La pandemia global de coronavirus COVID-19 generó un shock en la economía de todos los países alrededor del mundo. Y esto, como era de esperarse, generó la aparición de miles de historias de vida.

Juan Beltrán era el jefe de cocina en el Hotel Heritage, de Madrid, pero el mismo día que España anunciaba la entrada en vigor del estado de alarma por el coronavirus se quedó sin trabajo. "Sabía que iba para largo", cuenta ahora. 

Reconversión

Su respuesta ante la incertidumbre fue convertir su casa en un laboratorio, una especie de cocina clandestina donde empezó a preparar pedidos para sus amigos a cambio de la voluntad para darle forma a una idea incipiente. "O te inventabas tu trabajo o las probabilidades de que te fueras para abajo eran muy altas", recuerda.

Convertirse o quedarse sin trabajo fue la elección de muchos durante el 2020
Convertirse o quedarse sin trabajo fue la elección de muchos durante el 2020

Apenas un par de meses después la idea se materializó en su propia empresa, FoodCraft, un restaurante virtual de hamburguesas en el que los clientes solo pueden disfrutar del menú al realizar su pedido a través de internet, ya que no existe una sala donde pueda ser atendido ni se puede ir a recoger.

Solo los riders tienen acceso al mostrador del que salen los pedidos. Es lo que en estos últimos meses paso a denominarse como "cocinas ciegas" o "fantasmas", un tipo de negocio que se disparó con la pandemia. "Es una explosión. Están saliendo muchas marcas, de aquí a un año veremos cuántas de ellas sobreviven", advierte.

Convivencia

Donde ahora se ubica su cocina, antes existía una tienda de jamones. Se reformó y se instalaron ocho puestos como el suyo en un espacio de 300 metros cuadrados en un local comercial en la planta baja y sótano de un edificio residencial de tres plantas. "Respetamos a los vecinos, el ruido no es un ruido que pueda perturbar a alguien, el local está insonorizado", resalta Beltrán.

A pocos metros, Pablo Pintó amasa una pizza en otra de las cocinas. En unos pocos meses, pasó de trabajar en un restaurante con estrella Michelín, a montar su propia cocina fantasma. "Abro todos los días de la semana y puedo hacerlo sin que sea carga de trabajo muy fuerte", explica.

Fuente: El País. 

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