Un 20 de agosto, pero de 1977, se lanzaba al espacio desde Cabo Cañaveral la sonda espacial Voyager 2.
Idéntica a su hermana, la Voyager 1, ambas sondas habían sido concebidas inicialmente como parte del programa Mariner con los nombres de Mariner 11 y Mariner 12, respectivamente.
A diferencia del otro proyecto, la Voyager 2 adoptó una trayectoria diferente en su encuentro con Saturno, sacrificando la cercanía a Titán, pero adoptando un mayor impulso gravitacional en su viaje hacia Urano y Neptuno.
La sonda alcanzó su mayor cercanía con estos planetas en los años 1986 y 1989, respectivamente.
A pesar de que muchos de sus instrumentos se encuentran fuera de servicio, aún continúa inspeccionando los alrededores del sistema solar. A la velocidad de 14,8 km/s, tardará unos 193 000 años en alcanzar la estrella Ross 248, de la que pasará a una distancia de 1,7 años luz.
Situada a una distancia de 124 UA (1,814×1010 km) el 19 de julio de 2020,â se ha convertido en uno de los objetos más distantes que han creado los humanos.
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"Desconectada" por 11 meses
En enero se anunció que la sonda de la NASA permanecerá once meses sin recibir comunicaciones de la Tierra. Esto se debe a que el principal medio de contacto con el artefacto, una gran antena de radio de 70 metros de ancho de la Red de Espacio Profundo en Canberra, Australia, debe someterse a mejoras críticas durante ese tiempo.
La puesta a punto de la antena mejorará las comunicaciones futuras con Voyager 2, pero durante las actualizaciones, la nave no escuchará nuevos comandos. Sin embargo, durante ese tiempo, el equipo en tierra aún podrá recibir datos científicos llegados del borde más externo del dominio del Sol y más allá.
Aproximadamente del tamaño de un edificio de 20 pisos, la antena ha estado en servicio durante 48 años. Algunas partes, incluidos los transmisores que envían comandos a varias naves espaciales, tienen 40 años y son cada vez menos confiables.
El 5 de noviembre de 2019, según cinco estudios publicados en Nature Astronomy, se confirmó que la Voyager 2 es la segunda nave en abandonar la heliosfera después de que la Voyager 1 lo hiciera en 2012. Mientras que ésta lo hizo marcando 122,6 UA, la Voyager 2, con una trayectoria diferente, estaba a 119,7 UA cuando reveló un aumento muy marcado de la densidad de plasma, en comparación con las bajas densidades que se miden dentro de la heliosfera, señal inequívoca de que la sonda la había abandonado.
Se espera que la Voyager 2 siga transmitiendo mensajes de radio por lo menos hasta el año 2025.