El uso de autos eléctricos ya es tendencia en varios países desarrollados, y aunque recién empieza a hacerse realidad en la Argentina, es un camino de ida que no tiene retorno.
Sin embargo, mientras a nivel local se cuestiona cómo se hará con la carga de las baterías, por la inexistencia de estaciones eléctricos, en el mundo ya se debate la posibilidad de hacerlo sin cables ni enchufes.
En realidad, esta opción de conexiones inalámbricas arrancó con Nikola Tesla a fines del siglo XIX con sus experimentos basados en inducción electrostática. Con esos experimentos sorprendía a las multitudes mostrando, entre otras cosas, cómo podía iluminar bombillas sin enchufarlas.
Los años pasaron y la idea quedó en el olvido, hasta que fue rescatada más hace una década por Marin Soljiacic.
Para entender le funcionamiento es importante recuperar las ideas de los principales referentes de la historia en el estudio de la electricidad y el magnetismo: Michael Faraday.
En su ley de la inducción electromagnética, publicada en 1831, describió que un medio conductor, al verse atravesado por un campo magnético variable, tendrá inducida una diferencia de potencial que dará lugar a una corriente eléctrica. De igual manera se produce el fenómeno en el caso contrario: una corriente que circula por un conductor llevará asociada a ella un campo magnético.
Si se forman bobinados haciendo muchas espiras con un conductor y por él se pasa corriente eléctrica, se está generando un campo magnético que será mayor cuantas más espiras se hayan creado. Ese dispositivo es un electroimán.
El tema es que, así como la transmisión de energía sin cables se usa en múltiples industrias, también está llegando a los autos.
La aplicación a los vehículos eléctricos de la también llamada witricidad está presentando numerosos avances. Tanto es así que ya hay varios prototipos en funcionamiento en distintos países europeos.
Las ventajas que presenta frente a la recarga conductiva se centran fundamentalmente en su flexibilidad, usabilidad y la protección de los equipos contra el vandalismo.
Uno de los primeros proyectos desarrollados en este ámbito fue Unplugged, constituido por más de 17 socios con el objetivo de crear una estación de recarga inductiva flexible. "Se planteaba un sistema modular para alimentar sistemas de 25 kW o 50 kW según el tipo de vehículo que accede al sistema de carga. Esto facilita el uso de la infraestructura por parte de un mayor número de vehículos", explican los expertos según Motorpasión.
Por otro lado, el Experto Tecnológico de Estudios de Red y Smart Grids de CIRCE, Hans Bludszuweit, detalla que "primero se extenderán los sistemas domésticos de baja potencia (carga lenta), que ya cuentan con soluciones comerciales. Algo más tarde habrá sistemas 50 kW y más para la recarga en el transporte público (autobuses y taxis)".
En esa línea, el experto Carlos Pueyo apunta que los sistemas inalámbricos "permiten realizar cargas de oportunidad que de otra forma deberían implicar el conexionado de una manguera. Esto facilita reducir los kWh de almacenamiento embarcados en los vehículos, que es una parte muy relevante de su coste".
También las empresas están haciendo una fuerte apuesta por la tecnología inalámbrica para la recarga de vehículos. Además, los principales fabricantes de vehículos eléctricos están desarrollando sistemas propios de recarga por witricidad para poder incorporar esta tecnología a sus modelos.
Gigantes del automóvil como Audi han trabajado durante los últimos años en incorporar las bobinas de carga en sus vehículos y ya en su web anuncian su próxima incorporación al ansiado e-Tron.
También empresas como Daimler o Nissan trabajan en la incorporación de este sistema de recarga a sus modelos, preparándose para una realidad bastante cercana.
Además, la compañía japonesa colabora estrechamente con la startup WiTricity (fundada por el mencionado Marin Soljacic) para el desarrollo de un plan de estandarización del protocolo internacional SAE J2954, que considera este tipo de carga para los vehículos.
Sin duda, a futuro se prevén multitud de aplicaciones para este tipo de sistemas. A nivel doméstico ya existen aplicaciones de carga lenta de dispositivos, aunque su presencia irá en aumento.
También en ámbito industrial suponen una ventaja al dotar a los robots de mayor autonomía.
En el caso de la movilidad eléctrica, se vislumbra un alto potencial a su aplicación en la recarga de servicios de transporte público y de coches autónomos compartidos. Esta sería, tal vez, una de las futuras aplicaciones en las que más podría contribuir la carga inalámbrica.
Para convertir esto en realidad, se está actualmente investigando en la recarga de vehículos en movimiento. En esta línea, la empresa de telecomunicaciones Qualcomm instaló en Versalles un prototipo de carretera inductiva en el que empleaban el mismo concepto: un carril con bobinados bajo el asfalto que inducen corriente en el bobinado interno de los vehículos y recargan sus baterías.
El objetivo era que el balance entre el consumo del vehículo y la recarga que recibían hiciera mínimo el gasto energético neto.
Por su parte, el proyecto europeo FABRIC también ha trabajad en estas cuestiones con un consorcio de 25 organizaciones. "FABRIC ha demostrado que es posible la recarga inductiva dinámica (carga en movimiento), aunque el coste de la infraestructura es muy elevado y el horizonte para sistema comerciales está más allá de 10 años. Además, requiere previamente el pleno desarrollo de la recarga estática".
"Las tendencias más recientes apuntan a que los coches eléctricos estarán preparados para carga rápida, por lo cual es probable que en la vía pública el estándar podrá ser de 50 kW y esto permitiría sistemas interoperables, desde coches compactos hasta furgonetas y autobuses".
Con la popularización de los vehículos eléctricos se espera conseguir precios cada vez más competitivos también para todas sus infraestructuras asociadas. El primer paso está en la reducción de precios de baterías para hacer que los vehículos sean cada vez más asequibles, así como en la creación de una red de recarga que permita a sus usuarios utilizar el coche eléctrico como verdadero sustituto a los de combustión.
De manera complementaria, la recarga inalámbrica debe progresivamente convertirse en una tecnología competitiva capaz de convivir con el sistema de carga conductivo.
Sin duda, el progreso en el estado de esta tecnología, con la fuerte implicación de instituciones y empresas, dará mucho de qué hablar en los próximos años.