Puntos importantes
El análisis de la mora en Argentina registró en julio la primera mejora mensual en casi dos años. Las mediciones privadas sobre datos del Banco Central, en cambio, marcaron un nuevo récord el mismo mes.
Ninguna de las dos lecturas está "equivocada": la discusión de fondo no tiene que ver con cuál de los números es el real, sino qué está midiendo cada una y qué anticipa sobre el techo de la mora.
Julio, mes a mes: la misma economía, dos lecturas opuestas
Con base en julio de 2026, el panel de Findo, que releva 24,9 millones de personas con líneas de crédito activas en los últimos 24 meses, sobre bancos privados, públicos, fintech y emisoras de tarjetas mostró una mejora: casi 21 millones de personas mantenían crédito activo, de las cuales poco más de 6 millones estaban en mora, casi un 30%. Un mes antes, en junio, ese ratio había sido poco más del 30,5%. El monto adeudado en mora también se mantuvo casi estable en términos relativos: pasó de 13,50% a 13,48% de una cartera total que, en pesos, creció poco más de un 4%.
El mismo mes, sin embargo, la City leyó otra cosa. Según estimaciones de consultoras privadas sobre datos del Banco Central, la mora de las familias bancarizadas trepó de 12,77% en junio a 12,94% en julio, un nuevo máximo tras 19 subas mensuales consecutivas hasta mayo y una pausa de un mes en junio que resultó efímera, o quizás, hasta un error estadístico. En el mismo relevamiento, la mora de las empresas subió de 3,50% a 3,61% y la del sector privado en su conjunto, de 7,63% a 7,73%.
¿Mejoró o empeoró la Argentina en julio? Las dos cosas, según de qué universo se hable. Al dato de las consultoras privadas mide la deuda de las familias contra el sistema financiero regulado; el panel de Findo suma, además, a las fintech y las tarjetas no bancarias, un universo mucho más amplio y con una dinámica propia.
No es una contradicción entre dos mediciones: es la prueba de que "la mora" dejó de ser un número único hace rato. Y de que conviene preguntarse siempre qué se está mirando antes de sacar una conclusión.
El efecto denominador: la clave conceptual que pocas notas explican
Una de las consultoras privadas que sigue de cerca este dato fue explícita sobre la causa de su suba: "La irregularidad aumentó principalmente porque volvió a descender en términos reales el saldo total de financiaciones", mientras que el saldo en mora "prácticamente no se movió".
Dicho de otro modo: no es que más gente haya dejado de pagar, es que el crédito total disponible se encogió más rápido que la deuda impaga, y como la mora es un cociente, un denominador que baja alcanza para que el ratio suba solo, sin que haya un solo deudor nuevo.
Vale aplicar la misma lupa, en espejo, a los datos de Findo: entre junio y julio, la cantidad de personas con líneas activas creció en más de 300.000, mientras que la cantidad de personas en mora bajó levemente, de 6.300.000 a 6.250.000. Es decir, el numerador se achicó y el denominador se agrandó al mismo tiempo – la combinación exactamente inversa a la que describen las consultoras privadas para el universo bancario tradicional.
Ninguna cuenta es falsa. Pero una nota que solo publica "la mora bajó" o "la mora subió" sin decir qué mueve el cociente deja afuera la mitad de la historia, y es exactamente la mitad que determina si conviene festejar o preocuparse.
Por segmento, la historia es despareja: los bancos privados no aflojan
Puertas adentro del propio panel de Findo, el promedio general esconde trayectorias distintas. En los bancos privados la mora subió de 18,40% a 18,83% entre junio y julio: sigue en ascenso, sin señales de freno. En los bancos públicos, en cambio, prácticamente no se movió (de 19,10% a 19,05%), lo que habla más de una meseta que de una mejora real.
La novedad de julio es metodológica y, a la vez, reveladora: en este caso, se abren dos categorías: fintech y emisoras de tarjetas. La fintech cerró julio con 27,71% de mora sobre 8,47 millones de líneas activas; las emisoras de tarjetas, con 28,48% sobre 5,08 millones.
Según información disponible, se puede ubicar a las no financieras lideradas por Tarjeta Naranja y Mercado Pago en una mora de 33,7% y con más deudores en situación irregular (4,2 millones) que los bancos tradicionales (3 millones): un orden de magnitud consistente con lo que muestran los scores alternativos.
El punto para la discusión no es solo cuál segmento tiene la mora más alta –eso ya se sabía–, sino que individualizar "fintech" de "tarjetas" saca a la luz que son dos negocios de riesgo distintos (crédito algorítmico de originación digital versus revolving de tarjeta con plástico físico o virtual) que veníamos leyendo de otra forma. Verlos de esta forma muestra matices; abrirlos, aunque duela un poco más el número total, es mejor información para el que tiene que decidir a quién prestarle.
Refinanciar no es lo mismo que cobrar
El otro dato que atravesó julio fue el récord de refinanciación: las familias reestructuraron $2,6 billones de deuda, un máximo de varias décadas, equivalente al 3,7% del crédito total a hogares. Las empresas también refinanciaron a un ritmo que no se veía hacía 15 años. Es, en el papel, una buena noticia: evita que una deuda impaga se convierta en una ejecución o en una exclusión definitiva del sistema.
Pero el propio mercado está dividido sobre qué significa. El economista Christian Buteler sostiene que la mora "probablemente esté cerca de su techo", con subas cada vez más chicas de acá en más. Alguna consultora, en cambio, advierte que la ola de refinanciaciones "oculta" el problema de fondo en lugar de resolverlo: un deudor refinanciado sigue sin poder pagar con sus ingresos, solo que ahora tiene más tiempo para intentarlo.
Y hay un dato técnico que le da la razón, al menos en parte: según la normativa del Banco Central, una deuda refinanciada necesita entre dos y ocho meses de pagos en tiempo y forma antes de volver a clasificarse como "normal". Buena parte de la mejora que se vea en los próximos meses puede ser contable tanto como real.
Detrás de la discusión técnica hay un dato de ingresos que conviene no perder de vista: los salarios reales cayeron 1,8% en el primer semestre de 2026 y el ingreso disponible de los hogares acumula una baja cercana al 20% desde 2023. La mitad de los argentinos con ingresos declarados percibía menos de $800.000 mensuales, y la deuda mediana en mora ya equivale al 78% de ese ingreso. Refinanciar estira el plazo; no le agrega ingreso a nadie.
La pregunta incómoda: ¿el scoring resuelve un problema de pago o solo de acceso?
Acá conviene ser honestos, incluso analizando el tema desde la mirada de una empresa de scoring alternativo. Herramientas como la que desarrolla Findo –que evalúa a cada persona con más de 170 variables más allá del historial bancario– sirven para identificar, dentro de la población hoy excluida o mal calificada por el scoring tradicional, a quién puede pagar y a quién no.
Eso mejora la asignación del crédito: menos rechazo indiscriminado, menos sobreendeudamiento indiscriminado. Lo que ningún modelo de datos puede hacer es generar el ingreso que le falta a una familia cuyo salario le rinde 20% menos que hace tres años.
Dicho de otro modo: el scoring alternativo responde bien la pregunta "¿a quién le presto?", pero no responde la pregunta "¿alcanza lo que gana esa persona para vivir y para pagar?" Confundir una cosa con la otra es, probablemente, el error de diagnóstico más común de esta discusión, tanto del lado optimista que ve en cada mejora mensual un techo, como del lado pesimista que ve en cada refinanciación un maquillaje contable.
Qué mirar en agosto
Tres señales van a decir más que el número solo:
- Primero, si la fintech y las tarjetas, los segmentos que más rápido crecieron y que hoy concentran la mora más alta, empiezan a desacelerar o si siguen liderando la suba.
- Segundo, si la deuda refinanciada en julio reaparece como mora "reincidente" cuando venza el plazo de gracia contable del Banco Central, algo que recién se va a poder ver entre octubre y marzo
- Tercero, si el ingreso disponible de los hogares deja de caer, porque ninguna política de crédito sostiene el pago de una deuda con un ingreso que se reduce mes a mes
La pregunta que podemos dejar arriba de la mesa, entonces, no es si la mora bajó o subió en julio. Es esta: ¿la Argentina está viendo, por fin, el techo de la morosidad, o simplemente está mirando el problema con un mes de atraso contable? Ambas lecturas conviven en los mismos datos. La diferencia la va a marcar agosto.