Puntos importantes
Luis Caputo y Santiago Bausili viajarán a fines de agosto a Asheville para la reunión de ministros de Finanzas y presidentes de bancos centrales del G20.
La cumbre es presidida por Estados Unidos bajo la conducción de Scott Bessent, el secretario del Tesoro americano con quien el ministro argentino tiene una relación de trabajo construida desde el inicio del acuerdo con el FMI.
El viaje no es solo una cumbre más. Llega en un momento donde Argentina tiene más para mostrar que en cualquier reunión anterior.
Ese panorama incluye cuatro meses de inflación en torno al 2%, superávit fiscal sostenido, acuerdo comercial bilateral con EE.UU. en proceso de implementación, y el respaldo fresco de Kristalina Georgieva, que visitó el país semanas atrás.
Los dos temas que conectan con la agenda fintech argentina
El Tesoro estadounidense confirmó que entre los temas del encuentro figuran la regulación de activos digitales y los sistemas de pagos transfronterizos. Para Argentina, ambos puntos son directamente relevantes.
En el frente de activos digitales, el país acaba de presentar la reforma de la carta orgánica del BCRA y el anteproyecto del ministro de desregulación Federico Sturzenegger, que incluye reconocimiento legal de smart contracts y criptomonedas como garantía.
Participar del debate global sobre regulación de activos digitales en el G20 le da a la Argentina un escenario para posicionarse como un mercado relevante en ese espacio, algo que el ecosistema fintech local necesita para atraer inversión institucional.
En sistemas de pagos transfronterizos, el contexto también es favorable: el país tiene el ecosistema de pagos digitales más activo de América Latina y el gobierno viene impulsando la habilitación de cuentas sueldo en dólares y la integración del sistema financiero formal con la economía digital.
Qué queda por resolver antes de ese viaje
El timing del viaje no es neutral. Caputo llegará a Asheville con la reforma del BCRA recién enviada al Congreso y con el paquete de desregulación de Sturzenegger todavía en tramitación parlamentaria. Ambos proyectos necesitan votos que el oficialismo no tiene asegurados.
Si llega con esas reformas aprobadas, el mensaje ante los pares del G20 y los inversores internacionales es potente. Si llega con los proyectos trabados en el Congreso, el discurso de transformación estructural tiene menos respaldo concreto que mostrar.
Las próximas tres semanas de actividad legislativa, antes del receso de agosto, van a definir con qué munición llega Caputo a esa reunión.