Puntos importantes
Los pagos electrónicos dominan en Argentina. Casi 8 de cada 10 personas ya los usan a diario. Pero el efectivo resiste. Aunque perdió mucho peso, sigue presente por diversos factores, cubriendo vacíos que la digitalización aún no resolvió.
El estudio The State of Digitization and Financial Inclusion Study 2026 de Mastercard confirma la tendencia: el 79% utilizó medios de pago electrónicos en los últimos 6 meses. Se suman a este dato que el 70% empleó billeteras y 1 de cada 2 también usó tarjetas de débito.
Las soluciones fintech se imponen en el nuevo mapa. Marcan su presencia sobre la banca y son el canal preferido por millones para mover dinero, comprar en comercios, pagar en restaurantes y el transporte público. Uno de los grandes responsables del boom del QR, que alcanzó por primera vez el hito de 100 millones de operaciones mensuales.
Aunque los consumidores ya prefieren lo digital, el cash aún pisa con cierta impronta: si bien circula menos, algo que se palpa a simple vista en la calle. Desde Mastercard indican que:
- 52% de los argentinos recurrió al billete físico en algún momento de 2026
- El 30% lo emplea de manera regular en comercios, sobre todo de cercanía
Acá está el punto central: muchos locales aún mantienen el cartel de "sólo efectivo", sin ofrecer otra alternativa de pago. En algunos casos es por elección, pero en la mayoría responde a barreras vinculadas a la expansión tecnológica, la estructura de costos y la presión fiscal.
Por qué el efectivo resiste en medio del boom de pagos digitales
Hay rubros en los que el billete sigue siendo la norma. En otros depende mucho de la capacidad operativa de establecimiento o Pyme: tamaño, ubicación y margen de ganancia.
Una cosa es pagar con NFC o QR, otra muy distinta es estructurar un negocio para recibirlos: kioscos, almacenes y otros comercios no están dispuestos a hacer el "sacrificio" o asumir el costo tributario, quizás porque consideran que su flujo de ventas no justifica instalar un POS o un QR, o prefieren resignar ventas antes que dar ese paso.
Ahí se perjudica el usuario, obligado a tener billetes para abonar en un contexto en el que baja su uso. Según el BCRA, la extracción en cajeros viene en pronunciada caída: unas 40 millones de operaciones mensuales. Se trata de una baja interanual de 33% frente a los 60 millones de hace un año y de 56% respecto a las 91 millones de 2024.
Christian Balatti, Country Manager de Stefanini Argentina, resume: "El dato de Mastercard confirma que la demanda de pagos digitales creció mucho más rápido que la oferta. Tenemos un usuario hiperfintechizado y una base de comercios operando con una lógica de costos y riesgo fiscal de hace diez años".
"No es desconocimiento tecnológico: cualquier almacenero ya tiene NFC en el celular. Es estructura de costos y exposición fiscal que el comercio chico, de súper cercanía, no está dispuesto a asumir. Ahí se genera el 'techo de cristal'", agrega.
Las cuatro barreras que frenan la digitalización total de los pagos
Diego Kupferberg, experto en desarrollo de negocios digitales, identifica cuatro dimensiones que explican por qué el efectivo sigue vivo en los comercios de cercanía. Cada una, según su visión, requiere una solución distinta:
Las soluciones posibles: un problema que necesita varios actores
Balatti coincide con Kupferberg y resalta que "los cuatro factores se retroalimentan. Las comisiones de adquirencia siguen altas para el comercio chico que factura apenas para su subsistencia. Al sumar IVA, percepciones y retenciones, el costo real termina siendo prohibitivo".
Suma un nudo más profundo: la mezcla patrimonial: "En el comercio de cercanía no hay separación clara entre la caja del negocio y el bolsillo del dueño. El efectivo permite manejar esa caja con una discrecionalidad que hoy no tiene un correlato digital".
"No existe todavía una solución que le permita al monotributista o al informal mover ese dinero sin quedar expuesto a una fiscalización automática. Mientras eso no se resuelva, cobrar digital se sigue percibiendo como 'exponerse', no como una mejora operativa", alerta. Kupferberg sostiene que hacen falta acciones coordinadas:
- Del lado bancos/billeteras: "El Gobierno ya derogó los regímenes de retención de IVA y Ganancias sobre pagos electrónicos que existían desde 1998. Últimamente se amplió la exención del Impuesto al Cheque para operaciones de fintech y cripto, buscando aliviar a kioscos, farmacias o comercios barriales"
- Incentivos provinciales: "Algunas provincias usan la reducción de alícuota como incentivo. En Santa Fe, los proveedores de pago pueden bajar del 9% al 6,5% si participan en programas de apoyo a pequeños comercios"
- Impuestos: "El nudo sigue siendo Ingresos Brutos. Ningún actor privado puede resolver eso solo porque depende de 24 fiscos distintos. Ahí la 'batalla' es política, no comercial"
Balatti enfatiza que esto "no depende de ningún actor aislado" y avanzar correctamente puede habilitar "un salto al cuasi-cashless comparable al de PIX en Brasil, destrabando así el verdadero potencial de los pagos digitales". Esto significaría alcanzar "el 90-95% de personas usando medios electrónicos".
"Bancos y fintech tienen margen para seguir bajar comisiones y dar incentivos reales al negocio barrial. Pero la 'pata regulatoria' es igual de determinante. Hoy hay obligatoriedad de aceptación, pero alcanza solo a débito. En la práctica, nadie la controla, así que es 'letra muerta'. El paso lógico sería extenderla al instrumento que el usuario elija, comenzando por QR y luego crédito, sin que el comercio pueda restringirlo o condicionarlo, con fiscalización real", remarca.
Y añade: "Hay que anticipar el efecto colateral: si se regula la aceptación obligatoria de cualquier instrumento, va a aparecer el descuento 'por efectivo o transferencia' como forma de eludirla. Ese mecanismo tampoco debería permitirse, porque reintroduce por la ventana la misma discriminación que la norma busca evitar por la puerta".
"Sin ese trabajo colaborativo, que implica bajar costos desde el sector privado y carga impositiva, y control real desde el regulador, el 'techo de cristal' no se romperá solo", concluye Balatti.