El QR llegó al transporte público hace ya un año y los datos indican que lo hizo para quedarse. Lo que empezó como una alternativa a la SUBE para abonar el colectivo y el subte se convirtió en la "puerta de entrada" a un cambio de hábito masivo en los pagos argentinos.
Es que el fenómeno de los códigos no se detiene en los molinetes. Lo que arranca en el colectivo, termina en el kiosco, el supermercado y el comercio de barrio. Los números son contundentes: los pagos con QR superaron, por primera vez, la barrera de los 100 millones mensuales, y los expertos atribuyen buena parte de ese salto a los boletos.
El boom del pago con QR en transporte: cifras que marcan un quiebre
Desde el 12 de mayo de 2025 funciona el Viaje con QR, un esquema que el BCRA estableció para habilitar el pago de pasajes del transporte desde apps de bancos y billeteras interoperables a través de débitos.
Como novedad, las aplicaciones son las que generan el código que lee la máquina validadora. Según el Informe Anual de Pagos Minoristas del BCRA, el VQR fue una de las principales innovaciones de los últimos 12 meses:
- 76 millones de viajes se contabilizaron el año pasado
- $74.000 millones fue el monto total
En 2026, la tendencia siguió expandiéndose. Entre enero y mayo ya se registraron 107,2 millones de operaciones. Esa cifra supera el acumulado durante los casi siete meses de 2025 en los que el sistema estuvo activo.
Del volumen total, el 90,2% se concentró en colectivos (96,7 millones de viajes en 2026) y el 9,8% restante correspondió al subte, donde todavía persisten algunas trabas tecnológicas: los propios pasajeros vienen manifestando en redes sociales inconvenientes ligados a la puesta en marcha en los molinetes.
El avance del QR en el transporte público
Tras la apertura de los medios de pago, la red de Subte dividió los accesos entre los válidos para SUBE y para plataformas digitales (QR y NFC). Esa decisión derivó, en algunos casos, en demoras y complicaciones, pese a la promesa de que la situación se irá normalizando.
Además, el VQR empujó el retroceso de la tarjeta de transporte: el uso de la SUBE cayó 16% interanual. Los pagos digitales, en cambio, siguen escalando.
Diego Kupferberg, experto en desarrollo de negocios digitales, resume a iProUP con claridad: "El dato es contundente y confirma la hipótesis: mientras el pago QR interoperable (VQR) gana terreno, la tarjeta SUBE sigue perdiendo peso relativo".
Del colectivo al comercio: cómo el QR conquistó todos los rubros
El boom va más allá del colectivo y el subte: lo que sucede en el transporte también se traslada al comercio. Los pagos con QR ya rompieron el techo de 100 millones de operaciones mensuales y se consolidan como algo más que una tendencia: un hábito, instalado en la matriz de pagos de los argentinos.
En la etapa inicial de adopción del QR en el transporte, los incentivos jugaron un papel clave. Las promos bancarias y los reintegros de billeteras virtuales oscilaron entre el 50% y el 100% del valor del pasaje. Para muchos usuarios, sobre todo del AMBA, donde encadenar más de un medio para llegar al trabajo es moneda corriente, este beneficio resultó significativo y operó como palanca.
Pero la clave está en el después. Es que los pagos no quedaron encapsulados en el transporte, sino que se derraman hacia otros consumos. De acuerdo con datos de MODO, el 94% de los usuarios que estrenó esa modalidad para abonar el viaje terminó replicándola en sus compras diarias.
A partir de esos números, Pablo Di Loreto, director de Ingeniería de MODO, sostiene a iProUP que lo observado "no es solo adopción impulsada por promociones" sino que "cuando el usuario descubre una experiencia más ágil, sin pensar en saldo ni recargas, empieza a elegirla por la experiencia" en el transporte, hábito que después se mantiene e incluso gana frecuencia en otros rubros.
De esa forma, lo que quizás arrancó como una cuestión económica no se agotó en el ahorro. Para los expertos, se trata de una señal de consolidación. Una lógica de comportamiento que se afianza: el pasajero abona en el subte, pero también en el kiosco, en el supermercado y en el comercio de cercanía.
Acá aparece el ancla que el BCRA destacó en su Informe Anual de Pagos Minoristas: "La rápida adopción del VQR evidencia el potencial de los pagos interoperables para integrarse en actividades cotidianas de alta frecuencia".
Por qué el transporte fue la "puerta de entrada" perfecta para el QR
Esa frecuencia es la variable central: hay personas que durante días no pisan un kiosco, una farmacia, un supermercado o un comercio de barrio, y por lo tanto no tienen la chance de escanear un código en esos rubros. Pero la gran mayoría de los argentinos utiliza un medio de transporte diariamente y es ahí donde la modalidad gana terreno con fuerza.
Kupferberg remarca que la explicación detrás del porqué el transporte funcionó como puerta de entrada tan veloz al uso del QR tiene que ver con el diseño regulatorio y no únicamente con una lógica de marketing y beneficios.
Existen diferencias sustanciales entre el QR de transporte y el comercial en puntos elementales. El aspecto clave es que la modalidad aplicada al pasaje funciona offline, sin internet. Si una persona ingresa a MODO sin señal, puede generar un código igual y abonar. El sistema luego, cuando el dispositivo recupera la conexión, debita del saldo.
El usuario paga, no queda a pata y el mecanismo responde con rapidez en la enorme mayoría de los casos, más allá de alguna excepción. Ese detalle también resulta determinante, porque detrás de cada pasajero hay otro aguardando para abonar y un esquema de horarios que colectivos y subtes deben respetar.
El experto asegura que hay señales que apuntan a un cambio más estructural que coyuntural. "El hábito quedó instalado", enfatiza, y agrega que el motivo no son solo las promociones ni existe un driver único, sino que se trata de "una combinación de experiencia y practicidad".
Además, asegura que para confirmar si es un fenómeno instalado y no un efecto rebote, "el dato a mirar en los próximos informes del BCRA es si la caída interanual de la SUBE se sostiene o se estabiliza una vez que el efecto 'promoción agresiva' termine de diluirse".
Considera que "una clave estructural para sostener el hábito hacia adelante" será que "el sistema logre mantener la interoperabilidad real entre billeteras" y se evite que una sola plataforma capture la adquirencia, como ocurrió en la disputa inicial en el subte porteño.
"Ahí es donde se garantiza que la competencia siga empujando la experiencia de usuario, más que los incentivos de corto plazo", concluye.