La mora se convirtió en uno de los indicadores más claros del bolsillo argentino. Cuando una familia se atrasa con una cuota, una tarjeta o un préstamo, el dato financiero muestra apenas una parte del problema. Detrás suele haber ingresos que ya no alcanzan, gastos que se acumulan y decisiones cada vez más difíciles para llegar a fin de mes.
En los últimos meses, el crédito al consumo volvió a ocupar un lugar central en la economía cotidiana. Para muchas personas, sigue siendo una herramienta útil para resolver una necesidad puntual, financiar una compra importante o enfrentar un gasto inesperado. Pero cuando los ingresos pierden capacidad de recuperación, también puede transformarse rápidamente en un problema.
Los datos recientes del mercado muestran esa tensión. Según Eco Go, tomando la información de la central de deudores del BCRA, en marzo de 2026 la irregularidad del crédito no bancario alcanzó el 27,5%, con un aumento frente a febrero y con el 71% de las principales 100 empresas registrando subas en sus niveles de irregularidad.
El mismo informe muestra que el crédito no bancario equivale al 36,7% de la masa salarial mensual y al 161% de la masa salarial de cuentapropistas e informales, un segmento especialmente expuesto a la volatilidad de ingresos.
Ese contexto exige discutir algo más de fondo. El problema ya no es solamente cuánto crece el crédito, sino cuánto de ese crecimiento es realmente sostenible. Porque no todo crecimiento es saludable. Para el sector, el desafío hoy es entender mejor la capacidad de pago real de cada cliente y detectar señales de estrés antes de que aparezca la mora.
La clave está en prestar mejor, no más rápido
Prestar mejor implica fortalecer los modelos de originación, mejorar la evaluación de riesgo y trabajar con información más precisa sobre ingresos y comportamiento financiero. Pero también implica entender que aprobar de forma rápida no puede ser el único objetivo.
También hay un punto que muchas veces se subestima: la claridad. En crédito, entender cuánto se paga, por cuánto tiempo y qué peso tendrá esa cuota sobre el ingreso es tan importante como la aprobación misma.
Un préstamo puede ser una herramienta útil si está bien planificado. El problema aparece cuando la cuota deja de ser manejable o cuando el crédito empieza a utilizarse de manera recurrente para cubrir gastos básicos o pagar otras deudas sin un esquema de ordenamiento financiero.
En Credicuotas vemos esta etapa como una oportunidad para reforzar una agenda de crédito responsable. En un mercado donde la mora no bancaria sigue creciendo, los últimos datos disponibles muestran señales de estabilización relativa en nuestra cartera, incluso mostrando ciertas mejoras en los indicadores más tempranos.
Esto responde a una rápida adecuación de nuestros modelos de decisión mediante el uso de IA y tecnología, que permiten eficientizar la comprensión del nuevo contexto macroeconómico.
Construir calidad de cartera requiere consistencia y tecnología
Esto no significa que el desafío esté resuelto. Pero hay una señal incipiente de mejora relativa y una brecha que empezó a reducirse, en un contexto sectorial todavía complejo.
Por eso, la mirada debe ser prudente. La calidad de cartera no se construye en un mes ni se prueba con un único dato. Requiere consistencia, inversión en datos, mejores procesos, equipos preparados y una relación responsable con los clientes.
También requiere entender que la mora no es solo un problema de cobranza: muchas veces es una señal temprana de que el producto, el monto o la cuota no eran adecuados para la situación financiera de esa persona.
La próxima etapa del sector dependerá de esa capacidad. Las compañías que logren combinar acceso, tecnología, análisis de riesgo y acompañamiento estarán mejor preparadas para crecer de manera sostenible. No se trata solo de aprobar más solicitudes, sino de construir relaciones de largo plazo, cuidar la salud financiera de los clientes y fortalecer la confianza en el crédito como herramienta.
*Por Diego Manobla, director de Riesgo en Credicuotas.