Puntos importantes

La mora crediticia alcanzó niveles récord en Argentina, con un 12,7% de irregularidad en las familias y 6,8 millones de personas excluidas del sistema.

Consultoras como 1816 advierten que el 40% de los jóvenes entre 26 y 35 años presenta deudas impagas debido al uso recurrente de tarjetas de crédito.

La consecuencia principal es la pérdida de acceso al crédito formal, enfrentando embargos automáticos sobre ingresos ante cualquier acreditación bancaria.

Mayo registró el decimonoveno mes consecutivo de aumento en la mora crediticia, con la irregularidad de las familias subiendo del 12,1% al 12,7%.

Según datos de la consultora 1816, el 27% de quienes tienen algún tipo de financiamiento ya no califican como "sujetos de crédito" por acumular más de 90 días de atraso.

Esos 6,8 millones de argentinos fueron "seducidos" cuando más necesitaban crédito por la agilidad de financiar con tarjeta o la tentación de un préstamo a 12 cuotas en segundos, con solo hacer clic y sin presenta papeles.

Ahora están encerrados en un laberinto: siguen debiendo, no pueden pedir más préstamos en los canales formales y enfrentan consecuencias poco claras. La economista Paula Pía Ariet señala la peor de ellas sin vueltas: "Quedás en el radar económico del país".

"Es decir, el sistema sabe que tenés deuda impaga, esa información circula entre entidades, y durante un período significativo no podés operar con normalidad en el sistema financiero formal", advierte.

Por lo tanto, quedar fuera del sistema crediticio no significa que la deuda desaparece. Significa exactamente lo contrario.

¿Qué le pasa concretamente a quien no puede pagar?

Para los que están en mora y no muestran voluntad de pago (la categoría que el sistema clasifica como "irrecuperable"), el escenario es más duro que lo que comunicados bancarios sugieren.

Las claves de la mora récord

"Por un par de años, esa persona no puede facturar normalmente. Tu deuda va a quedar ahí hasta que en algún momento tengan algo de lo cual cobrarse", resume Ariet, sin eufemismo. Ese "algo de lo cual cobrarse" puede ser un sueldo que ingresa a una cuenta bancaria, una transferencia recibida o un bien que el acreedor logre vincular al deudor.

Por contrato, el sistema bancario tiene prioridad de cobro sobre cualquier ingreso que entre a las cuentas de quien tiene deuda vencida.

El Nación ya comunicó que desde septiembre de 2026 reforzará los intentos de débito automático cuando la cuenta no tenga fondos en el primer intento. Para quien entiende la letra chica: si entra plata, el banco la cobra primero.

ARCA opera con la misma lógica. Si hay deuda impositiva, el embargo es automático sobre los fondos disponibles. La combinación de deuda bancaria y deuda fiscal puede dejar a una persona en una situación en la que virtualmente no controla sus propios ingresos.

El perfil del deudor: joven, con tarjeta y sin red de contención

Entre los jóvenes de 26 a 35 años, el 40% tiene alguna deuda impaga, señala la consultora 1816. La mayor parte del saldo irregular, sin embargo, recae sobre la franja de 18 a 25 años, donde la irregularidad llega al 42,8%.

El mecanismo que explica esa concentración en jóvenes es el que Ariet describe con mucha precisión: "La tarjeta de crédito es un préstamo a cortísimo plazo, a 30 días. Si no la pudiste pagar, abonás la tasa de interés más alta del mercado. Así, el número termina siendo imposible de abonar".

El ciclo es perverso y se retroalimenta. Quien salda el mínimo cada mes cree que está "al día", y en realidad el capital de la deuda crece al ritmo de la tasa más alta. Un año pagando el mínimo de una deuda de tarjeta puede terminar en una deuda mayor a la original. Cuando el deudor se da cuenta, ya está en la categoría irrecuperable.

La situación es aún más grave en el segmento de entidades no financieras (billeteras virtuales, fintech, cadenas de supermercados, financieras de automotrices), donde la mora llegó al 32,2% en mayo. Hace año y medio ese número era inferior al 10%. Estas entidades ofrecen crédito más accesible pero a tasas mucho más altas, lo que hace que cuando el ciclo se corta, la caída sea más abrupta.

El debate que nadie quiere tener

El Gobierno tiene una respuesta para esta crisis. El vicepresidente del BCRA, Vladimir Werning, la sintetiza con optimismo y advierte que viene un "nuevo ciclo crediticio" que será "más selectivo, saludable y sostenible", en el que las deudas ya no se licúan solas y el historial crediticio vuelve a pesar.

Carlos Maslatón, economista y analista de mercado, tiene una lectura radicalmente diferente y no se guarda nada: "Las deudas acumuladas por estos 7 millones de morosos son impagables. Da igual que los ejecuten o que traten de hacerlo, no tienen manera de afrontarla. Y no se arregla con baja de tasa de interés".

La propuesta de Maslatón es la que ningún funcionario se anima a pronunciar en voz alta: "Se requiere una quita fuerte de capital, de 60 o 70%, para toda la economía deudora. O bien crear una gran inflación general licuadora al estilo 1982 con tasas de interés bien negativas".

La provocación tiene un núcleo analítico que no se puede descartar fácilmente. Si el 27% de los deudores del sistema ya no puede pagar, y los planes de refinanciación a 120 meses que ofrece el Nación son la única salida formal disponible, la pregunta es: ¿cuántos de esos 6,8 millones van a poder refinanciar y cumplir con las cuotas durante diez años?

Qué pueden hacer quienes quedaron afuera: el mapa real de opciones

Para quien está en mora y quiere salir, el camino existe pero exige condiciones que no todos tienen. "Tenés que conseguir una línea de crédito que extienda la duración de lo que tenías a corto plazo. Pero lo más importante no es renegociar la deuda. Es sentarte a ver tu forma de gastar. Porque si no reordenaste tu sistema de gasto, el problema lo vas a volver a repetir en poco tiempo", señala Ariet.

Esa aclaración no es un sermón. Es la descripción exacta de por qué los planes de refinanciación no resuelven el problema de fondo si el nivel de gasto no cambia. Alargar una deuda a 10 años con ajuste UVA puede ser una solución o puede ser postergar la misma crisis.

Los que califican para los programas bancarios tienen opciones concretas:

Los que están en categoría irrecuperable y no muestran voluntad de pago, sin embargo, no acceden a ninguna de estas líneas.

El problema que ni los bancos ni el Estado están resolviendo

Hay un componente de esta crisis que los datos no capturan del todo y que Ariet señala con claridad: la ausencia total de educación financiera en Argentina como política pública o bancaria.

"No vemos ninguna campaña que los propios bancos o el Estado encaren para la educación financiera. La gente cree que educación financiera es aprender a invertir. Pero es pensar cómo ordeno mis gastos e ingresos, y cómo planifico mi forma de gastar", explica.

La consultora 1816 advierte que, al menos hasta las elecciones del año que viene, el crédito a familias difícilmente sea un motor relevante de la actividad económica, como lo fue en el segundo semestre de 2024 y el primero de 2025.

Lo que no dice el informe (pero que la aritmética sugiere) es que un sistema con 6,8 millones de personas excluidas del crédito no recupera esa capacidad de consumo en 12 meses, sin importar qué suceda con las tasas o con el aguinaldo.

El Gobierno apuesta a que el medio aguinaldo y la gradual normalización del crédito hagan bajar el porcentaje de mora en términos relativos. Puede que tengan razón. Pero el número absoluto de personas que quedaron afuera (y que acumulan deudas que Maslatón califica directamente de impagables) no baja con ninguna de esas dos variables.

Para esos 6,8 millones, el sistema financiero formal tiene puertas cerradas. Y nadie tiene todavía una respuesta convincente sobre cuándo y cómo se van a volver a abrir.

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