La salida a bolsa de SpaceX no sólo marca el desembarco de una de las empresas más esperadas de Wall Street. También amenaza con alterar el mapa de inversiones tecnológicas.

Con una valuación cercana a los u$s1,8 billones, la compañía aterriza entre las más valiosas del planeta y obliga a muchos fondos a decidir qué vender para comprar.

La operación también promete romper récords. La empresa ofrece 555,6 millones de acciones a un precio de referencia de u$s135 por papel, una colocación que podría recaudar cerca de u$s75.000 millones y convertirla desde el primer día en una de las compañías más grandes del mercado estadounidense.

No sólo porque se trata de una de las empresas tecnológicas más influyentes de las últimas décadas, sino porque durante años los inversores quedaron afuera de un negocio que creció en el mercado privado mientras revolucionaba la industria espacial, los satélites y las telecomunicaciones.

A diferencia de Apple, Microsoft, Amazon o Nvidia, que llegaron al mercado relativamente temprano, SpaceX pasó 24 años lejos de Wall Street.

Durante ese tiempo permitió el ingreso de un grupo limitado de inversores, una exclusividad que alimentó durante años las especulaciones sobre una eventual salida a bolsa.

Sin embargo, detrás de la imagen de los cohetes reutilizables y las ambiciones de llevar humanos a Marte hay una realidad menos épica, aunque mucho más relevante para quienes analizan invertir en la empresa.

El negocio que explica la valuación

A simple vista, muchos podrían pensar que invertir en SpaceX es apostar por el negocio aeroespacial.

Pero buena parte de los analistas coincide en que el principal atractivo financiero de la compañía hoy no está en los cohetes, sino en Starlink.

La red de internet satelital -con más de 10,3 millones de suscriptores en todo el mundo- funciona como el verdadero motor del grupo y es la unidad que más ingresos aporta.

En 2025 generó alrededor de u$s11.400 millones, equivalentes al 61% de la facturación total.

A eso se suma una lectura más de fondo sobre el activo. Para Emilse Córdoba, directora de Bell Investments, lo que vuelve a SpaceX especialmente atractivo frente a gigantes como Nvidia, Microsoft o Amazon es una combinación de factores difícil de replicar.

Por un lado, la escasez: se trata de una de las pocas puertas de entrada directa a la economía espacial, un sector que durante años estuvo cerrado al inversor común y que hoy concentra demanda contenida.

Por otro, la multiplicidad de motores de crecimiento dentro de un mismo activo: "Lanzamientos con dominio casi monopólico en Occidente, Starlink como unidad rentable que explica más del 60% de los ingresos, Starship como apuesta de largo plazo, contratos de defensa y la incorporación de inteligencia artificial vía xAI", agrega.

La inteligencia artificial también empieza a ganar peso en la historia de SpaceX. La integración de xAI abre un frente de inversiones millonarias en centros de datos e infraestructura para IA, uno de los negocios que más atención concentra hoy en Wall Street.

En 2025, SpaceX registra ingresos por u$s18.700 millones, un crecimiento del 33% respecto del año anterior.

Al mismo tiempo, muestra pérdidas netas por aproximadamente u$s4.900 millones, asociadas principalmente a las inversiones en inteligencia artificial y expansión de infraestructura.

No obstante, el interés del mercado parece estar depositado en el potencial de crecimiento de la compañía.

Y eso ayuda a explicar por qué la llegada de SpaceX genera tanto movimiento en Wall Street: son pocas las empresas que debutan con un tamaño capaz de disputar los mismos dólares que hoy captan las grandes tecnológicas.

La IPO que pone en alerta a Wall Street

El tamaño de la salida a bolsa también abrió otro interrogante: de dónde saldrá el capital para comprar acciones de SpaceX.

La operación es tan grande que muchos fondos podrían verse obligados a vender parte de sus posiciones para sumarse.

Y eso alimenta una pregunta que ya empezó a circular en Wall Street: ¿qué acciones podrían quedar del otro lado de esa apuesta?

Las llamadas Siete Magníficas -Apple, Microsoft, Nvidia, Amazon, Alphabet, Meta y Tesla- concentran buena parte de los flujos que impulsaron al mercado tecnológico durante los últimos años.

Pero el desembarco de SpaceX suma un nuevo jugador de peso y podría provocar una rotación de capital dentro del sector.

En ese sentido, el analista Mauro Mazza explica que el punto clave no pasa sólo por el debut, sino por lo que viene después.

"La expectativa es de dónde sale todo ese flujo. Y si SpaceX empieza a revalorizarse, los fondos pasivos y activos van a tener que hacer lugar para comprar. Hoy el flujo viene de la inteligencia artificial y sobre todo de semiconductores", destaca.

Para Mazza, parte del ajuste puede sentirse en las grandes tecnológicas que lideran el rally de los últimos años.

"Probablemente Microsoft y Nvidia sean los más expuestos a esa rotación. No descarto que Meta también pueda verse afectada, aunque en menor medida".

Córdoba pone el foco en otro punto del debut. "Hay rumores de que parte de las bajas de los últimos días pueden responder, al menos en parte, a ventas para conseguir liquidez y entrar en este activo".

También advierte que en este tipo de operaciones el timing de entrada suele ser clave. "En general, el ingreso al mercado se da en precios relativamente altos, que después tienden a buscar un nivel más de consenso", añade.

Para la analista, eso abre una señal de prudencia para el inversor: "Puede ser más razonable esperar el arranque de la cotización, ver cómo se comporta el activo y después tomar decisiones con más precisión de precio y momento".

El impacto de la salida a bolsa, sin embargo, no sería parejo entre tecnológicas. "Las más expuestas son las que comparten relato con SpaceX", dice, y menciona a Amazon por su competencia con Starlink vía Kuiper, además de compañías ligadas a inteligencia artificial.

En el corto plazo, el efecto sería limitado. "El free float es bajo y no hay ingreso inmediato a los grandes índices, por lo que el dinero pasivo no tiene que rebalancear", explica.

"Más que un cambio inmediato en las ponderaciones, lo que aparece es un proceso gradual de construcción de precio y narrativa".

Fernando Dirazar, asesor en inversiones, plantea una visión más escéptica sobre una eventual rotación de flujos desde las grandes tecnológicas hacia SpaceX.

Y sostiene que el gran volumen del mercado estadounidense hace poco probable un desplazamiento significativo de capital entre compañías.

Además, agrega que este tipo de entrada al mercado suele mostrar un patrón conocido: "Las IPO normalmente salen con precios exigentes, luego tienden a corregir en el corto plazo y más adelante terminan consolidando su valor".

Como referencia histórica menciona el caso de Meta, que tras su salida a bolsa llegó a caer con fuerza en los primeros meses antes de convertirse en una de las grandes ganadoras de largo plazo.

En ese sentido, para Dirazar, el impacto sobre las llamadas Siete Magníficas sería limitado y la entrada de un nuevo jugador no modifica de manera relevante el peso de las grandes tecnológicas dentro de los índices globales.

Por el contrario, el atractivo de inversión sigue concentrado en compañías ya consolidadas del sector tecnológico, como Nvidia, Amazon o Google, frente a una empresa que todavía comienza su etapa bursátil.

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