Argentina atraviesa una transformación histórica. Los pagos digitales crecen a un ritmo frenético, cada vez más personas manejan su dinero de forma online a través de bancos y billeteras virtuales, mientras los cajeros automáticos y las sucursales bancarias quedan relegados y el efectivo pierde peso en el día a día.

Sin embargo, detrás de este fenómeno que la industria celebra como inclusión financiera (la posibilidad de que cualquier persona pueda abrir una cuenta en una entidad financiera, mover sus fondos de un lado al otro, realizar pagos o invertir con apenas clics, entre otras opciones) se esconde una grieta que, de no resolverse, puede generar una nueva forma de exclusión que afecta a millones de argentinos.

Los datos del Banco Central son elocuentes:

Este fenómeno está atado al menor uso del cash para pagos en comercios, supermercados, kioscos y otros rubros, que cada vez suman más POS y terminales digitales y aceptan menos billetes.

El uso intensivo de los canales digitales está impulsado por una mayor facilidad de acceso a las cuentas y la ausencia de barreras geográficas y físicas. Un adulto mayor, por ejemplo, puede administrar la caja donde cobra su jubilación, abonar la tarjeta de crédito, afrontar gastos cotidianas y hasta realizar la fe de vida sin importar dónde viva, ni necesidad de acercarse a una oficina física de su banco.

Más allá de este avance en la adopción en todas las verticales (una generación de jóvenes bancarizados que nunca consolidó el hábito del efectivo, ni la rutina de acercarse a un cajero para retirar el sueldo o realizar trámites presenciales, y adultos que se adaptaron y encontraron comodidad en las nuevas tecnologías), el efectivo todavía no perdió relevancia y continúa siendo un medio de pago vigente.

La paradoja de la inclusión financiera

Si bien ya cedió su rol protagónico como instrumento dominante en las transacciones, hoy conserva un lugar como reserva de emergencia, herramienta muy ligada a la economía informal y último recurso ante eventuales fallas del sistema digital.

La "paradoja" oculta detrás del boom digital

Detrás de toda esta transformación, en la que el billete físico es reemplazado por el QR o el contactless, se esconde un desafío para el sistema financiero: una suerte de 'paradoja', en la que la inclusión financiera que trae la digitalización de la economía termine convirtiéndose, al mismo tiempo, en el origen de un nuevo tipo de exclusión.

Christian Balatti, experto en productos fintech y Country Manager de Argentina en Stefanini Group, asegura que "los números de pagos electrónicos son notables, pero eso no es lo mismo que estar 'verdaderamente' incluido".

"Cuando un comercio deja de dar cambio o deja de aceptar billetes, el que pierde no es el universitario de 25 años con cuatro billeteras, sino el adulto mayor que cobra la jubilación mínima y aún asocia el dinero con algo físico, o el trabajador informal que cobra en efectivo y no tiene ni CVU porque no sabe o nadie le explicó cómo abrirla", suma.

Los datos más recientes reflejan avances entre los mayores: 3,3 millones de adultos de más de 60 años ya operan hoy con billeteras virtuales, lo que representa un crecimiento del 29,7% en el último año.

Sin embargo, Balatti advierte que buena parte de esa expansión se apoya en una contención familiar y no responde necesariamente a una mayor autonomía de esas personas, sino a la necesidad de realizar operaciones por los canales que hoy resultan dominantes.

"Hay una diferencia enorme entre 'usar' y 'usar con autonomía'. Un jubilado que le pide al nieto que le haga la transferencia no es un usuario digitalmente incluido, que logre bienestar financiero a partir de la inclusión", apunta.

La brecha silenciosa que crece detrás del auge de pagos digitales

Por su parte, Diego Kupferberg, analista de Banca & Fintech de Taquion, ubica a los adultos mayores como uno de los grupos en los que se percibe cierta "resistencia" y la curva de adopción de pagos digitales se vuelve más empinada, una lista que también incluye a trabajadores informales y habitantes de zonas rurales o periurbanas con conectividad deficiente.

El especialista coincide en que los datos de adopción de pagos digitales "pueden estar ocultando una brecha creciente", y describe a iProUP cuatro aspectos cruciales que hay que tener en cuenta para entender este escenario:

Por eso, en su visión, el gran desafío a largo plazo, tanto desde el sector privado, bancos y billeteras, como desde el Estado a través de políticas públicas, pasa por "asegurarse de que nadie quede excluido del nuevo sistema mientras el viejo todavía no terminó de morir".

La nueva exclusión

Balatti pone el foco en la educación financiera, a la que define como "la gran deuda pendiente", ya que, sostiene, "Argentina aceleró la tecnología más rápido de lo que educó para usarla. El resultado es un ecosistema sofisticado que muchos usan sin entender, exponiéndose a fraudes y malas decisiones o incluso morosidad, un gran flagelo actual".

Por eso, plantea que la agenda pendiente se sostiene sobre tres ejes:

"El efectivo no muere. Pero si no gestionamos esta transición, puede pasar de ser el medio de pago de todos a ser el medio de pago de los que el sistema dejó atrás. Y eso no es inclusión: es exactamente lo contrario", remata.

Te puede interesar