El dólar volvió a bajar en Argentina. La cotización retrocedió a niveles que no se veían desde septiembre de 2025 y el mercado se hace la misma pregunta: ¿es una tendencia sostenible o apenas un parate antes de otra suba?
Un informe de Mills Capital identificó tres motores detrás de esta caída. Pero lo relevante no es solo el diagnóstico técnico: es cómo estos factores se combinan con la estrategia económica del Gobierno y con un contexto internacional que, por ahora, juega a favor.
La clave está en entender cuánto puede durar esta dinámica. Porque dos de esos tres pilares tienen fecha de vencimiento.
Factor 1: el agro mete presión y los dólares entran a raudales
El primer factor es clásico, pero igual de potente: la liquidación de la cosecha gruesa está generando un ingreso masivo de divisas al mercado, lo que incrementa la oferta de dólares y presiona a la baja el tipo de cambio.
Según el informe, los volúmenes operados superaron los u$s550 millones diarios en las últimas ruedas. Esa cifra no es menor: representa una inyección constante de dólares frescos que el mercado absorbe.
Este fenómeno se repite todos los años entre abril y junio. El agro actúa como ancla cambiaria. Pero en 2026 tiene un peso adicional por dos motivos clave.
Primero: el Gobierno necesita acumular reservas para cumplir metas con el FMI. Segundo: el mercado está especialmente sensible a cualquier señal de flujo de dólares. Cualquier ingreso cuenta.
En ese contexto, el Banco Central está aprovechando la ventana. Ya compró más de u$s5.500 millones en lo que va del año, superando incluso el ritmo previsto en el acuerdo con el organismo internacional.
Esto genera un efecto doble. Contiene la suba del dólar y refuerza la acumulación de reservas. Pero tiene fecha de vencimiento clara: cuando termine la cosecha, este flujo desaparece.
Factor 2: menos pesos en la calle, menos presión sobre el dólar
El segundo factor es más estructural: la política monetaria contractiva. El Gobierno está aplicando una estrategia clara para reducir la cantidad de pesos en la economía y evitar que se vuelquen al dólar.
El informe de Mills Capital señala tres señales concretas:
- Fuerte absorción de liquidez por parte del BCRA
- Renovaciones de deuda por encima del 100% (rollover exitoso)
- Base monetaria creciendo por debajo de la inflación
En términos simples: hay menos pesos disponibles en términos reales, lo que reduce la demanda de dólares como cobertura y ayuda a estabilizar —o incluso bajar— la cotización.
El dato clave: la base monetaria crece cerca del 25% interanual, mientras la inflación ronda el 33%. Ese desfasaje implica una contracción real del dinero.
En economías como la argentina, eso suele traducirse en menor presión sobre el dólar financiero y paralelo. Pero este equilibrio es delicado.
Si la economía empieza a reactivarse o si caen las tasas de interés, la demanda de pesos puede cambiar rápidamente. Y con ella, la dinámica cambiaria.
Factor 3: apoyo externo y señales que tranquilizan al mercado
El tercer elemento es menos tangible, pero igual de importante: el contexto internacional y la señal política. Mills Capital destaca dos hechos recientes que impactaron en las expectativas.
Primero: el respaldo explícito del Tesoro de Estados Unidos al programa económico argentino. Segundo: la expectativa de un nuevo desembolso del FMI por unos u$s1.000 millones.
Este combo impacta directamente en la percepción de riesgo. En mercados emergentes, el apoyo externo suele traducirse en menor riesgo país, mayor acceso a financiamiento y menos demanda de cobertura en dólares.
Es decir: menos presión cambiaria. Además, el dato de inflación reciente (3,4% mensual) mostró cierta desaceleración, lo que refuerza la narrativa oficial de estabilización macro.
Dónde está el dólar hoy y qué espera el mercado
Con estos tres factores en juego, el tipo de cambio mayorista cayó a niveles cercanos a $1.350, el más bajo desde septiembre de 2025. Al mismo tiempo, el esquema de bandas cambiarias mantiene un techo en torno a $1.680.
Esto deja una brecha del orden del 20%-25%. El dólar se mueve cómodo dentro del rango, sin necesidad de intervención fuerte del Banco Central.
En el mercado de futuros, las expectativas también reflejan cierta estabilidad. Para abril, el contrato marca alrededor de $1.377. Para diciembre, cerca de $1.614.
Es decir: el mercado no espera un salto brusco en el corto plazo. Pero tampoco descarta una suba gradual hacia fin de año.
Hasta acá, el escenario parece controlado. Pero el propio informe advierte que la dinámica puede cambiar cuando entren en juego otras variables.
El segundo semestre introduce al menos tres tensiones: se termina el efecto cosecha (sin ingreso masivo de dólares del agro), vencimientos importantes de deuda del Tesoro, y el dilema del carry trade que puede revertirse si el dólar sube.
Sin el ingreso del agro, la oferta de divisas se reduce. Históricamente, eso genera presión alcista. Al mismo tiempo, el Tesoro enfrenta pagos importantes, lo que podría exigir mayor emisión o tasas más altas.
Y está el tema del carry trade. Hoy muchos inversores apuestan a tasas en pesos. Pero esa estrategia tiene un riesgo claro: si el dólar sube, se pierde la ganancia en moneda dura.
Mills Capital ya advirtió que cualquier movimiento cambiario puede erosionar rápidamente los retornos en pesos. Ese riesgo está latente.
Qué variables mira el mercado para anticipar movimientos
Más allá del corto plazo, hay tres indicadores clave que hoy siguen los analistas para entender hacia dónde va el tipo de cambio.
Primero: la inflación. Si no baja de forma consistente, el tipo de cambio real se aprecia y pierde competitividad. Segundo: las reservas del BCRA. El nivel de acumulación es termómetro de fortaleza.
Tercero: el riesgo país. Es el indicador de confianza externa por excelencia. La combinación de estos tres factores definirá si el dólar actual es un nuevo equilibrio o simplemente una pausa.
De hecho, algunas proyecciones de mercado anticipan un dólar relativamente estable en 2026, pero con subas moderadas hacia fin de año, en línea con la inflación.
Por ahora, los tres indicadores están alineados. Pero esa alineación es frágil. Cualquier desvío puede cambiar el panorama en semanas.
La baja del dólar no es casualidad. Es el resultado de una combinación poco frecuente de factores: estacionales (cosecha), monetarios (menos pesos) y externos (apoyo internacional).
El problema es que dos de esos tres pilares son temporales. La cosecha termina. El apoyo externo puede cambiar. Solo la política monetaria depende del Gobierno.
Por eso, el mercado mantiene una postura cauta. Reconoce la estabilidad actual, pero no descarta una corrección más adelante. En otras palabras: el dólar bajó, pero la historia todavía no terminó.