La discusión sobre el crédito trascendió lo técnico para convertirse en un eje de disputa política. En un escenario donde las deudas erosionan con velocidad el ingreso, el Congreso vuelve a poner el foco en las tasas de interés.

Un proyecto de ley impulsado por el senador Marcelo Lewandowski busca reintroducir una medida que hasta hace poco parecía fuera de agenda: fijar un tope regulatorio al costo del capital.

La iniciativa llega en un momento de fragilidad del sector: la morosidad escala, el crédito se encarece y el sistema financiero enfrenta un deterioro en la calidad de su cartera que ya resulta inocultable.

Un intento por limitar el costo del financiamiento

El proyecto propone establecer límites estrictos a las tasas de interés en tarjetas de crédito y préstamos personales, además de restringir los cargos punitorios.

"El núcleo de la propuesta es taxativo: los intereses no podrán superar en más de un 25% la tasa compensatoria", precisa el experto en consumo Gabriel Meloni a iProUP.

Asimismo, la iniciativa aborda el problema del "pago mínimo". Cuando los intereses superan el monto abonado, el pago pierde su función amortizadora: el usuario paga, pero su deuda no se reduce, solo se indexa.

"Con esto, la propuesta busca devolverle facultades de intervención al Banco Central en un mercado que, tras la desregulación, opera con escasos mecanismos de control", aclara Meloni.

Detrás del debate parlamentario asoma un indicador que enciende alarmas en las mesas de riesgo. La morosidad en créditos a familias roza el 10%, un umbral que el sistema financiero califica como crítico. Al traspasar este límite, el incumplimiento deja de ser un fenómeno puntual para transformarse en un problema estructural.

El economista Francisco Martinelli Massa describe el escenario con crudeza: "La situación es crítica particularmente en familias; está escalando hasta casi el 10%, no tanto así en empresas".

El deterioro es sistémico: la deuda con tarjetas crece por encima del 50% interanual y una proporción creciente de hogares destina hasta un tercio de sus ingresos netos exclusivamente al pago de pasivos financieros.

El riesgo del crédito de subsistencia

El problema no radica solo en el apalancamiento, sino en su destino. Los créditos actuales no financian la adquisición de activos ni proyectos de inversión, sino que funcionan como combustible para el consumo básico.

"Los préstamos que se están tomando son para consumo; no son prendarios para un auto o hipotecarios para una vivienda", advierte Martinelli Massa.

Esta dinámica altera la matriz de riesgo: al no haber activos subyacentes que respalden el crédito, el margen de recupero para las entidades es significativamente menor.

En un contexto de inflación persistente y caída del salario real, la capacidad de pago se ve doblemente estresada.

El aumento de la mora no distingue modelos de negocio, pero impacta de forma dispar. Mientras los bancos tradicionales operan con filtros de riesgo más conservadores y acceso directo a cuentas sueldo, las fintech han avanzado sobre segmentos sub-bancarizados.

Esta mayor inclusión financiera conlleva, intrínsecamente, una exposición superior al riesgo de incumplimiento. Además, las herramientas de cobro marcan una brecha operativa: los bancos cuentan con el recurso del débito automático directo, mientras que muchas fintech dependen de la voluntad proactiva del usuario, una barrera que se vuelve crítica cuando se corta la cadena de pagos.

El horizonte legislativo

El proyecto de Lewandowski es parte de un ecosistema de iniciativas que buscan mitigar el sobreendeudamiento.

Algunas propuestas exploran mecanismos de "quiebra del consumidor" para que deudores de buena fe reestructuren sus obligaciones, mientras que otras sugieren líneas estatales de refinanciación.

El senador plantea el conflicto en términos de sostenibilidad social, advirtiendo que, ante la inestabilidad del empleo, las familias quedan atrapadas en una inercia de deuda difícil de quebrar sin auxilio normativo.

El sistema financiero se encuentra en un punto de inflexión. Durante años, el crédito fue el motor del consumo; hoy, empieza a actuar como su límite. Martinelli Massa aporta una advertencia final sobre el costo reputacional y legal de la mora: "Yo no recomendaría hacerlo", señala respecto a la cesación de pagos.

El debate en el Congreso intenta colocar un dique de contención, pero el fondo de la cuestión es macroeconómico. En una economía debilitada, el crédito deja de ser un puente hacia el crecimiento y se convierte en una métrica de la crisis.

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