Finalmente, Visa confirmó la compra de dos unidades de Prisma. Desde el Gobierno creen que esto permitirá que la Argentina sume herramientas de última generación. Pero en el mercado sospechan que el gigante de las tarjetas puede favorecer sus propios productos sobre otros competidores.
En medio de las protestas por el cierre de empresas, con el caso Fate como emblema, y tras un paro general de la CGT, el Ejecutivo salió a celebrar la operación. El abanderado del festejo fue Luis Caputo, ministro de Economía, mediante un posteo en X en el que se trata "de una gran noticia para el sistema financiero".
Según el funcionario, "va a implicar un upgrade tecnológico importante", una inversión "enorme de una empresa del prestigio de Visa" que ratifica la confianza que inspira el presidente Javier Milei en el mundo empresarial.
El Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, apoyó el mensaje con un meme de aplauso. Ambos funcionarios mostraron la postura oficial a la venta de parte de Prisma a Visa, que incluye las empresas Prisma Medios de Pago y Newpay, anunciada el jueves.
Las dos compañías todavía se encuentran bajo el control del fondo Advent International, por lo menos hasta que los organismos reguladores locales analicen el deal y le den el visto bueno sin limitaciones o reclamen algún ajuste.
Análisis condicionado
Las autoridades libertarias ya mostraron una posición de respaldo, interpretando la transacción como una señal de estabilización macroeconómica.
Estas opiniones pueden condicionar el trabajo de organismos como la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia (CNDC), que investiga operaciones que puedan generar una posición dominante o monopolio.
También pondrían la lupa sobre el análisis que debe llevar a cabo el Banco Central para interpretar si el acuerdo puede causar algún tipo de daño en la estructura del sistema financiero local.
Más allá de este proceso, que todavía no comenzó y se supone que puede durar unos dos años, desde Economía destacan la "confianza internacional" que se desprende de esta operación.
En este sentido, el Gobierno utiliza este desembolso (en torno a los u$s1.500 millones según fuentes del mercado) como prueba de que las reformas económicas están atrayendo inversiones de "jugadores de primera línea" global.
En cuanto a la calificación de "upgrade tecnológico", la visión del oficialismo es que la integración de Prisma a la red global de Visa permitirá traer a la Argentina soluciones de última generación que hoy están rezagadas.
En tanto, desde la perspectiva del Ministerio de Desregulación (encabezado por Federico Sturzenegger) y el Banco Central, la apuesta del gigante de las tarjetas busca profundizar la digitalización de la economía, pilar clave para reducir la evasión fiscal y modernizar el consumo.
Claves del acuerdo Visa-Prisma
La defensa del funcionario de la operación no es casual: tuvo un rol fuerte y agresivo para obligar a los bancos a salir de Prisma, que derivó en la venta a Advent en 2019.
De hecho, Sturzenegger inició en ese entonces una investigación para identificar si el mercado de pagos local estaba "cartelizado" y logró que se desprendieran su "joya más preciada".
Según su visión, al ser dueños de la red, los bancos no competían entre sí por las comisiones. También existía una especie de barrera tecnológica, ya que se frenaba la entrada de nuevos jugadores para proteger el negocio tradicional de las tarjetas.
En esos años, Sturzenegger no actuó solo, sino en coordinación con la CNDC, con un único plan, atacar a Prisma por dos frentes:
- Judicial: en 2016, la CNDC inició una investigación por abuso de posición dominante, mientras Sturzenegger presionaba públicamente denunciando que Prisma controlaba desde la emisión hasta el procesamiento de los pagos
- Monetario: el BCRA dictó normas para bajar las comisiones que los bancos cobraban a los comercios, que redujo la rentabilidad del negocio para las entidades, "invitándolas" a vender antes de que el valor de la empresa cayera más
Casi seis años después y desde otro cargo, vuelve a ser una figura clave en el regreso de Visa, a pesar de las alarmas que la operación encendió en el mercado.
Lejos de mostrar preocupación, el ministro comparte la visión oficial de que la nueva gestión implemente sistemas de tokenización y biometría para ofrecer mayor seguridad en las transacciones para reducir el fraude.
También que se sumen sistemas inteligentes para autorizaciones de pagos en tiempo real y una infraestructura de pagos alineada con estándares globales que facilite el comercio transfronterizo.
El efecto Payway
Un punto crucial para que el Gobierno y la CNDC vean con buenos ojos la operación es que Payway quedó fuera de la venta. Es la unidad que provee las terminales (POS) y servicios de cobro a comercios que permanecerá bajo el control de Advent.
En teoría, esta separación de activos evitaría que Visa tenga un control monopólico vertical: ser dueño de la red, de la marca de tarjeta y de la terminal de cobro al mismo tiempo.
En el mercado entienden que esta separación fue una jugada estratégica para cumplir con las normativas de competencia que durante la gestión de Cambiemos obligó a los bancos locales a desprenderse de Prisma para fomentar la multiadquirencia.
Fin de una etapa
El Gobierno también interpreta la operación como el cierre de una etapa de transición que se inició en el 2017, cuando los bancos locales fueron obligados a vender parte de Prisma por posición dominante, y que finalizó en el 2019.
En aquel momento, el fondo Advent compró la compañía, procedimiento que se llevó a cabo en dos etapas y que insumió alrededor de u$s1.200 millones.
En ese momento, Visa ya formaba parte del capital de Prisma en sociedad con varios bancos locales e internacionales y ahora retoma el control, pero en un mercado ya desregulado y competitivo donde debe pelear codo a codo con Mercado Pago y Fiserv.
En este sentido, la venta se proyecta para completarse formalmente en el primer trimestre de este año, pero no antes de que se cumplan las condiciones de cierre y las revisiones regulatorias habituales.
Es más, la operación no está exenta de fuertes críticas y advertencias por parte de diversos actores del ecosistema económico.
Críticas y temores
Las principales críticas se centran en el riesgo de concentración de mercado, el impacto en la soberanía tecnológica y la posible desventaja para las fintech locales.
En este sentido, la crítica más recurrente proviene de especialistas en competencia que recuerdan que en 2017, la Justicia y la CNDC obligaron a los bancos locales a vender Prisma precisamente para romper el monopolio que ejercían al ser dueños de la red, de la marca (Visa) y del procesamiento.
Al recordar ese proceso, ahora entienden que se vuelve a un esquema en el que el dueño de la marca de la tarjeta también posee la "carretera" por donde circulan los datos. El temor es que Visa favorezca sus propios productos sobre otros competidores (como Mastercard o tarjetas locales) dentro de la red Banelco o el procesamiento de pagos.
En este sentido, analistas tecnológicos cuestionan que la infraestructura crítica de cajeros automáticos y transferencias bancarias de Argentina pase a estar bajo el control directo de una corporación estadounidense.
Mirada cautelosa
Existe además el temor de que, una vez consolidado el control, Visa aumente las comisiones que cobra a los bancos por el uso de la red Banelco, costos que eventualmente se trasladarían a los usuarios finales.
También en el sector de las billeteras virtuales se mira la operación con cautela. Argumentan que, mientras las fintech argentinas deben cumplir con estrictas normativas locales de interoperabilidad (impulsadas por el BCRA), Visa entra al mercado con una espalda financiera global que le permite operar a pérdida para desplazar competidores.
De manera adicional, se critica que la compañía tendrá acceso a un volumen de datos transaccionales de los argentinos sin precedentes, lo que le otorga una ventaja competitiva "injusta" para diseñar productos financieros que las empresas locales no podrían replicar.
En el caso de dejar afuera del deal a Payway para evitar el rechazo de los organismos reguladores, los detractores de la operación señalan que esa restricción no garantiza competencia real, ya que existe una dependencia técnica histórica entre los sistemas de Payway y la red de procesamiento que ahora es de Visa.
En este sentido, se sospecha que podría haber acuerdos de exclusividad implícitos que dificulten la entrada de otros procesadores de pagos al país.
Jugador dominante
En tanto, desde las cámaras de comercio (como la CAME), la preocupación reside en el poder de negociación, teniendo en cuenta la "histórica" lucha por bajar las comisiones que las tarjetas cobran a los negocios.
Con un jugador global tan dominante, el temor es que la capacidad del Estado para regular y bajar esos costos se vea limitada frente a las políticas globales de una multinacional de la escala de Visa.
Del mismo modo, algunos expertos en pagos digitales critican que la llegada de Visa podría frenar innovaciones locales (como los pagos con QR de esquema abierto) en favor de sus propias tecnologías (como el contactless).
Esto obligaría a todo el ecosistema local a adaptarse a los tiempos y costos de Visa, en lugar de desarrollar soluciones nacionales más económicas o adaptadas a la realidad de la informalidad argentina.
En conclusión, mientras el Gobierno ve la venta como una señal de "normalidad", los críticos la ven como una "extranjerización de un activo estratégico" que puede terminar encareciendo el sistema de pagos y cerrando las puertas a la innovación local independiente.
Futuro sólido
Lejos de esta polémica, Martín Kaplan, CEO de Prisma Medios de Pago, envió una carta al personal de la empresa a modo de explicación sobre el alcance del acuerdo con Visa, en el cual aclaró que se trata de una operación que "aún no está cerrada".
Mediante un mail interno, el ejecutivo aclaró que el deal se encuentra en una etapa de signin, palabra usada para referirse al acuerdo formal que da inicio a la siguiente etapa del proceso, mientras que el closing será la instancia en la que la operación "se concrete definitivamente".
En el mismo sentido, Kaplan intentó calmar el nerviosismo interno, al intentar llevar tranquilidad al personal en relación a la próxima etapa de la compañía. "Seguimos trabajando como siempre, con foco en nuestros clientes, nuestros proyectos y los objetivos que nos propusimos para este año", señala en su correo electrónico.
En el mismo sentido, señala que la operación "abre un nuevo capítulo en la evolución de nuestros negocios", con el propósito de potenciarnos y generar más oportunidades para la organización y para todas las personas que la hacemos posible.
Para Kaplan, "el futuro es sólido, estratégico y lleno de posibilidades, y el talento y compromiso de cada persona serán fundamentales para seguir avanzando".