Los hogares argentinos conviven con una deuda equivalente a 140% de sus ingresos mensuales y con un protagonismo creciente de las billeteras virtuales y fintech, que ya explican una parte relevante del endeudamiento cotidiano.

El cierre de 2025 deja una foto incómoda para las finanzas familiares. Los datos surgen de un informe de la consultora EcoGo, elaborado a partir de cifras oficiales del Banco Central hasta fines de noviembre.

El relevamiento combina información del sistema bancario tradicional y del circuito no bancario, donde aparecen plataformas digitales, billeteras virtuales y entidades de crédito alternativas.

Uno de los datos que más preocupa al sistema financiero aparece fuera de los bancos. La mora en entidades no bancarias alcanza el 21,4%, un nivel que triplicó el registro de noviembre de 2024. En términos simples, de cada $100 que las personas pidieron a billeteras virtuales o fintech, $21 ya presentan algún grado de dificultad de pago.

Ese porcentaje no es homogéneo. Dentro de la mora total, un 6,3% corresponde a deudas con atraso medio, entre tres y seis meses. Otro 8,5% entra en la categoría de riesgo alto, con demoras de hasta un año. El tramo más crítico es el de los créditos considerados irrecuperables, que ya representan el 6,4% y más que duplican el nivel de un año atrás.

Con un stock total de crédito no bancario que ronda los $12,6 billones, el informe estima que $2,7 billones muestran problemas de repago y que unos $810.000 millones ya no tienen expectativa de recuperación para el sistema.

Se trata de un número que supera al doble de la mora en los bancos, que llega al 8,8% según los números del Banco Central.

Tasas altas, dólar y más crédito en circulación

Patricio Canalis, economista de IDESA, atribuye el panorama a dos factores: "hay un fenómeno de proliferación de préstamos personales, de créditos, que después se le está haciendo cuesta arriba pagar a mucha gente".

"Veníamos de un 2023 con un 6% del PBI destinado a créditos. En 2024, en muy poquitos meses, pasamos al 11%", ejemplifica. 

El profesional precisa que también incide una cuestión coyuntural: "Veníamos con el chip de que se nos licuaban las cuotas, que podíamos endeudarnos y que no pasaba nada. Comprábamos un lavarropas a 12 cuotas y con el correr de los meses se licuaba el valor. Eso cambió y ahora cuesto lo mismo".

El deterioro del perfil crediticio no responde a una sola causa. Durante buena parte de 2025, la economía convive con tasas de interés elevadas, tensión cambiaria y una fuerte dolarización de ahorros. Ese combo encarece el financiamiento y presiona sobre los ingresos reales.

A la vez, tanto hogares como empresas demandan más crédito para sostener el consumo y la actividad. El resultado es una mayor exposición al endeudamiento justo en un contexto donde las cuotas ya no se licúan con inflación, como ocurrió en otros ciclos.

Desde EcoGo resaltan que el proceso no implica un riesgo sistémico inmediato, pero sí marca un cambio en la dinámica financiera de las familias.

Cómo avanza la deuda fintech

Uno de los puntos más reveladores del informe es el peso que gana la deuda fintech en relación con el ingreso mensual. Hasta noviembre, los compromisos asumidos con billeteras virtuales y plataformas digitales equivalen al 33% del salario de los hogares, un máximo desde que existe la serie estadística.

Si se observa solo la deuda con bancos tradicionales, la relación entre saldos pendientes y salario llega al 106%. Al sumar ambos mundos, bancario y no bancario, el ratio total escala a casi 140%.

Marina Dal Poggetto, directora de EcoGo, pone el foco en el comportamiento cotidiano de los hogares.

Muchas personas con acceso a crédito formal no logran cubrir gastos básicos y recurren a mecanismos alternativos, más rápidos y menos exigentes en términos de requisitos.

El problema aparece cuando ese alivio de corto plazo se transforma en una carga difícil de sostener.

Bancos más sólidos, pero con mora en alza

En el sistema bancario tradicional, la situación muestra matices. Los bancos cuentan con herramientas de cobranza más aceitadas, como el débito automático, y con tasas más bajas que incentivan a los clientes a mantenerse al día para no perder ese canal de financiamiento.

Aun así, la mora también crece. Según el Banco Central, la irregularidad del crédito a hogares llega al 8,8% en noviembre.

En los préstamos personales, el atraso alcanza el 11%, el nivel más alto desde que el BCRA sigue la serie en 2010.

En tarjetas de crédito, la mora sube al 8,4%, seis veces más que un año atrás.

El dato confirma que la presión financiera atraviesa a todo el sistema y no distingue entre bancos y fintech. La diferencia está en la velocidad del deterioro y en la capacidad de absorción de cada segmento.

El avance de las billeteras virtuales como fuente de crédito deja una señal clara. El financiamiento de corto plazo ya no pasa solo por el banco o la tarjeta tradicional. Las plataformas digitales ocupan ese espacio con productos ágiles, pero más caros y con mayor riesgo de mora.

El desafío para 2026 pasa por ver si la baja de tasas y una mayor estabilidad cambiaria logran aliviar esa carga o si el endeudamiento se consolida como una constante en la economía doméstica. Por ahora, los números muestran que el salario corre detrás y que la deuda ocupa cada vez más lugar en la vida cotidiana de las familias.

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