El recibo de sueldo -un documento que se mantuvo prácticamente sin cambios durante más de medio siglo- está a punto de mostrar algo que hasta ahora permanecía oculto para la mayoría de los trabajadores: parte de los costos que afronta una empresa para sostener un empleo formal.

Eso empieza a modificarse a partir del Decreto 407/2026, que incorpora información que hasta ahora no figuraba en los recibos.

Tal como señala uno de los considerandos de la norma, el objetivo es avanzar en la "transparencia respecto del costo laboral total que abona el empleador, los conceptos involucrados en la relación de trabajo y cuánto percibe finalmente el trabajador".

Hasta ahora, este documento hacía foco en mostrar cómo se llegaba desde el salario bruto hasta el sueldo neto.

"Históricamente fue pensado como algo para el trabajador, no como una radiografía integral del costo laboral. Por eso se mostraban los conceptos vinculados al salario del empleado y los descuentos que afectaban directamente su ingreso", explica Paula Pía Ariet, economista y CEO de Gestión Capital Humano, a iProUP.

Y agrega que "los aportes patronales y otros costos quedaban del lado de la empresa y muchas veces eran invisibles para el trabajador".

El cambio no modifica salarios, aportes ni descuentos, solo amplía la información disponible para ofrecer una visión más completa sobre el costo del empleo formal.

La decisión de transparentar el costo total del empleo formal tiene una lectura económica mucho más amplia.

"Argentina tiene una estructura laboral donde existe una diferencia importante entre lo que la empresa paga y lo que finalmente recibe el trabajador en el bolsillo. Mostrarlo busca generar conciencia sobre esa brecha", explica Ariet.

Pero también pone sobre la mesa una discusión más profunda sobre presión impositiva, costo argentino, informalidad y sostenibilidad del empleo formal.

Qué cambia en el nuevo recibo de sueldo

Por un lado, se mantienen los datos habituales del trabajador, el empleador y la liquidación salarial tradicional. Pero además se incorporarán conceptos vinculados a las contribuciones y obligaciones que asume la empresa.

El nuevo formato organiza la información en cuatro bloques claramente diferenciados:

Datos de identificación

Conceptos abonados por el empleador

Se deberán identificar contribuciones y conceptos abonados por disposición legal o convencional.

Remuneración bruta y descuentos

Continuará reflejando los conceptos salariales tradicionales y las deducciones correspondientes.

Remuneración neta

Mostrará el importe efectivamente percibido por el trabajador.

Además, el nuevo modelo incorpora un resumen específico del costo laboral agrupado, como mínimo, en los siguientes rubros:

En la práctica, esto significa que el trabajador no solo verá cuánto gana y cuánto se le descuenta, sino también parte de los importes que la empresa destina a distintos organismos y conceptos vinculados a la relación laboral.

Este cambio puede tener efectos que van más allá de una cuestión administrativa.

"Muchas personas podrían empezar a descubrir que el costo total de su puesto es bastante más alto de lo que imaginaban. Y eso puede modificar la percepción sobre cuánto invierte realmente la empresa en capital humano", explica la economista.

Aunque advierte que una mayor transparencia no necesariamente eliminará los reclamos salariales.

"Una empresa puede tener costos laborales muy altos y, al mismo tiempo, trabajadores que sienten que su salario no alcanza. Y las dos cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo", destaca.

¿Puede cambiar la relación entre empleados y empresas?

Según la economista, el impacto del nuevo recibo dependerá en gran medida de cómo se comunique la nueva información dentro de cada organización.

"Bien gestionado, puede ayudar a que el trabajador entienda que el salario no es solamente el neto que recibe, sino una estructura mucho más amplia donde intervienen impuestos, seguridad social y contribuciones".

Además, agrega, puede mejorar las conversaciones salariales porque permite discutir compensaciones con una mirada más integral.

No obstante, también existe un riesgo. Si se interpreta como un intento de culpabilizar al trabajador por el costo laboral o de justificar salarios bajos, puede generar tensiones.

"Ahí RRHH tiene un rol central: explicar, contextualizar y evitar que la conversación se transforme en empresa versus empleado", suma.

Pero para Ariet, el verdadero impacto del cambio puede aparecer fuera del recibo.

"Porque en realidad el problema no es el trabajador ni necesariamente la empresa. Muchas veces el debate de fondo es cómo se financia el sistema laboral argentino y cuánto pesa el empleo formal sobre las organizaciones".

En ese sentido, considera que una mayor transparencia puede ayudar a entender mejor cómo funciona el empleo formal y qué componentes integran el costo laboral.

"Le sirve al Estado porque visibiliza cómo se financia parte de la seguridad social. Le sirve a las empresas porque permite mostrar que el costo laboral excede el salario neto. Y también puede servirle al trabajador para entender mejor cómo funciona el empleo formal y cuáles son los componentes reales de su compensación".

Y concluye: "Al final, el recibo de sueldo deja de ser solamente un papel administrativo y empieza a transformarse en una radiografía económica del trabajo formal".

Qué deberán hacer las empresas

La implementación también traerá cambios para las compañías y el impacto dependerá en gran medida del nivel de digitalización de cada empresa.

En términos generales, las empresas deberán revisar sus sistemas de liquidación para incorporar los nuevos campos exigidos por la reglamentación, adecuar el formato de los recibos y garantizar que la información llegue correctamente a los trabajadores.

La adecuación pasa por revisar tres aspectos clave:

"La mayoría de las empresas ya dispone de los datos que exige la reglamentación. En muchos casos, la verdadera adecuación no será contable, sino comunicacional, para garantizar que la información llegue al colaborador de forma clara y comprensible", explica Francisco Costa, CEO de Naaloo y abogado laboralista.

La situación puede ser diferente para aquellas organizaciones que todavía dependen de procesos manuales o de múltiples sistemas para gestionar la documentación laboral. En ese contexto, la digitalización cobra un rol cada vez más importante.

"Muchas empresas todavía tienen dificultades para garantizar que todos los trabajadores accedan fácilmente a sus documentos laborales. Ahí es donde la digitalización empieza a ser una necesidad más que una ventaja", agrega Martín Bayugar, cofundador de Naaloo.

Además de los cambios tecnológicos, los empleadores también deberán prepararse para responder dudas que probablemente surjan cuando los trabajadores empiecen a encontrarse con conceptos que hasta ahora no aparecían en sus recibos.

"Por primera vez muchos colaboradores van a visualizar conceptos que históricamente permanecían fuera del recibo. Eso obliga a las organizaciones a prepararse para explicar mejor cómo se compone una relación laboral", explica Bayugar.

Una implementación gradual

El Decreto 407/2026 entró en vigencia el 1 de junio de 2026, el mismo día en que fue publicado en el Boletín Oficial, pero la implementación práctica necesariamente será gradual.

"Hay una diferencia entre la vigencia jurídica de una obligación y la capacidad operativa de miles de empresas para adecuar sus sistemas en simultáneo", sostiene Bayugar.

Por eso, durante los próximos meses se espera que proveedores de software, estudios contables y áreas de Recursos Humanos continúen ajustando sus procesos para cumplir con el nuevo esquema.

En relación con los costos, para las compañías que ya trabajan con herramientas digitales el impacto económico debería ser relativamente bajo y estar vinculado principalmente a actualizaciones de sistemas.

"Más que un costo, muchas organizaciones lo están viendo como una oportunidad para ordenar procesos que ya necesitaban modernizarse. La tendencia regulatoria va claramente hacia una mayor digitalización de la gestión laboral", destaca Costa.

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