Puntos importantes
Mientras Bitcoin perdió 1% en los últimos siete días y puso a prueba los u$s80.000, Ethereum retrocedió el doble. En gran parte, porque la red tomó una decisión incómoda y probablemente correcta: tres días antes de la fecha prevista, los desarrolladores suspendieron la activación de Glamsterdam en la red de prueba Hoodi, agendada para el 26 de octubre.
El motivo no fue un problema de rendimiento ni un error de código nuevo, sino algo más delicado. El cambio en la forma de cobrar el gas que iba a permitirle a la red procesar bloques mucho más grandes puede, al mismo tiempo, alterar el comportamiento de contratos inteligentes que ya están funcionando y que fueron escritos bajo las reglas viejas.
Glamsterdam, vale recordar, es la próxima actualización mayor de Ethereum y su promesa central es de capacidad. El plan incluía elevar el límite de gas a 200 millones de unidades, lo que en términos prácticos significa duplicar el espacio disponible en cada bloque. Más espacio por bloque implica más transacciones antes de que las comisiones empiecen a subir, que es el cuello de botella histórico de la red.
A eso se sumaban dos cambios adicionales, un nuevo sistema para seleccionar a los constructores de bloques y una serie de mejoras orientadas a que la red pueda manejar bloques más grandes sin degradar su funcionamiento.
El camino venía cumpliéndose. La actualización se activó sin inconvenientes en la red de prueba Sepolia el 6 de octubre, y un ensayo privado previo había alcanzado su objetivo de capacidad sin perder la finalidad de las transacciones, según consignó el informe mensual de septiembre de la plataforma Nexo. Hoodi era el último paso antes de la red principal, cuyo objetivo estaba fijado para principios de diciembre.
Lo irónico es que la modificación en el modelo de gas que permite duplicar la capacidad es exactamente la misma que genera el riesgo. No son dos cosas distintas que compiten entre sí, es un único cambio con dos consecuencias opuestas.
El cambio técnico de Ethereum
Las dos propuestas señaladas son EIP-8037 y EIP-8038, y conviene explicar la primera porque es la que concentra el riesgo.
EIP-8037 modifica cómo Ethereum cobra el gas al crear nuevos registros en su base de datos de estado. El objetivo declarado es contener el crecimiento de esa base de datos a medida que la red procesa más transacciones, que es un problema real de largo plazo. Bajo las nuevas reglas, el gas utilizado para crear ciertos registros puede devolverse cuando esos cambios se revierten.
Ese detalle, que suena menor, cambia el comportamiento de un contrato en un momento crítico. Hoy, cuando una operación falla, el contrato se queda sin gas y se detiene. Con la regla nueva, puede quedarle gas suficiente para ejecutar el paso siguiente, el que maneja el error. Y ese paso puede hacer cosas que antes nunca llegaban a ocurrir.
"Crear un nuevo espacio de almacenamiento podría costar 110.020 unidades de gas cuando se agota una asignación separada, frente a las 22.100 que cuesta bajo las reglas actuales", revela a iProUP el blockchain developer Emiliano Bazán.
"Son casi cinco veces más. Un contrato que tenga un presupuesto de gas fijo, calculado con los costos viejos, podría fallar en el medio de una operación perfectamente válida", concluye el experto.
El ataque que puede bloquear operaciones de Ethereum
Se llama insufficient-gas griefing y funciona así. Un atacante envía deliberadamente muy poco gas para que una operación legítima falle. Hoy eso es una molestia, porque la operación se revierte y el usuario puede reintentarla. Con las reglas nuevas, el contrato podría tener gas remanente para ejecutar su rutina de manejo de errores y registrar ese fallo de manera permanente.
El ejemplo que describe la firma de seguridad es el que mejor expone la gravedad. Un contrato afectado podría borrar el reclamo de un usuario o desactivar la opción de reintento, dejándolo sin poder completar una operación que era válida desde el principio. El error deja de ser un intento fallido y se convierte en una puerta cerrada.
El problema de fondo es que muchos contratos usan la cantidad de gas restante como chequeo de seguridad. Están escritos asumiendo que si queda poco gas, algo salió mal, y actúan en consecuencia. Cambiar cuándo y cuánto gas sobra altera el significado de esa señal en código que ya está desplegado y que, en muchos casos, no se puede modificar.
ChainSecurity puso un límite razonable a su propia advertencia y conviene registrarlo. No todas las defensas basadas en gas se volverían poco confiables. Algunas seguirían funcionando. Pero los desarrolladores tendrían que revisar cada una contra las reglas nuevas, y eso lleva tiempo.
Ethereum posterga su gran actualización en un momento delicado
Glamsterdam era el catalizador narrativo de Ethereum para el cierre de 2026. Hace un mes, el informe mensual de septiembre de 2026 de Nexo la presentaba como uno de los dos pilares del caso institucional del activo, junto con el dato de que cerca del 30% de la oferta de Ether, unos 36,6 millones de ETH, estaba bloqueada en contratos de staking. La actualización iba a aportar la capacidad y el staking la escasez.
La demora llega sobre un precio que ya venía castigado. Los ETF spot de Ether en Estados Unidos registraron salidas netas por u$s110,6 millones en la jornada del jueves, según los datos compilados por The Block, después de una entrada de u$s14,9 millones el miércoles.
En la semana cerrada el 16 de octubre habían perdido u$s320,1 millones, equivalentes al 2,14% de su patrimonio, en la tercera semana negativa consecutiva. ETH cotizaba alrededor de u$s2.398 al cierre de esta nota.
Y hay un contraste de ejecución que el ecosistema va a discutir. La semana pasada Zcash fijó la altura de activación de su actualización NU7 y el token subió 12% en la jornada.
Starknet, uno de los L2 construidos sobre Ethereum, votó para dejar de depender de la red principal por preocupaciones de seguridad de largo plazo. En ese contexto, Ethereum postergando su actualización mayor sin dar una fecha nueva es un titular que pesa más que la suma de sus consecuencias técnicas.
Dicho eso, corresponde el argumento del otro lado y es sólido. Una red que liquida cientos de miles de millones de dólares en valor no puede activar un cambio que puede romper contratos ya desplegados para cumplir un cronograma.
Qué puede pasar con Ethereum tras la demora de Glamsterdam
Los inversores deben tener en cuenta tres cuestiones concretas.
No hay fecha nueva, y eso es el dato. Ni para Hoodi ni para la red principal. El objetivo de principios de diciembre quedó sin confirmación, y la agenda se va a definir después de que las pruebas en Hoodi se completen con éxito. Cualquier proyección de activación que circule en estos días es especulación.
El pedido de ChainSecurity es para quienes desarrollan contratos. La firma instó a revisar los contratos cuanto antes contra las reglas nuevas de gas, con especial atención a cualquier chequeo de seguridad que dependa del gas remanente. El mismo pedido alcanza a quien mantenga billeteras, indexadores o estimadores de gas con supuestos fijos.
El precio y el calendario son dos cosas distintas. Una demora de semanas en una actualización de infraestructura no cambia la tesis de inversión de largo plazo, pero sí elimina el catalizador de corto plazo que el mercado tenía anotado para diciembre. Para quien compró esperando ese evento, la cuenta cambió.
Ethereum hizo lo que hay que hacer, en el momento justo, y le va a costar caro en percepción. Es el precio de tener una red donde el código desplegado no se puede desdesplegar.