Los bancos centrales buscan depender menos del dólar pero la divisa sigue dominando las reservas mundiales

El 58% de las reservas globales todavía está en moneda estadounidense, aunque las autoridades monetarias mundiales exploran otros activos
Por W.D.
Economía Digital
15.07.2026 • 11:34hs • Economía Digital

Los bancos centrales no abandonan al dólar como principal moneda de reserva, aunque empiezan a buscar alternativas para reducir su dependencia.

Así lo confirma el estudio de Global Public Investor 2026 de OMFIF que sostiene que los bancos centrales buscan achicar la exposición a dólar, aunque esta divisa todavía concentra cerca del 58% de las reservas mundiales.

El relevamiento incluyó a 74 bancos centrales que avanzan en el proceso de desdolarización pero a paso lento. En un horizonte de diez años, la intención neta de reducir posiciones en dólares llega al 8%, una aspiración limitada frente al enorme peso mantiene la moneda estadounidense dentro del sistema financiero global.

Una de las razones detrás de esta lenta avanzada es, por ahora, ninguna otra moneda logra reemplazar todas las funciones que cumple el dólar, que mantiene su liderazgo por tres factores clave:

Por eso, desde OMFIF consideran que hablar de una desdolarización acelerada puede ser exagerado. El dólar mantiene un peso dentro de las reservas internacionales muy superior al tamaño de la economía estadounidense: concentra cerca del 58% de las reservas globales, mientras que Estados Unidos representa alrededor del 26% del PBI mundial.

Esa diferencia explica por qué el rol del dólar sigue generando debate entre los gestores de reservas. Sus defensores destacan la liquidez y la fortaleza del sistema financiero estadounidense, mientras que sus críticos señalan los déficits fiscales, el riesgo de depreciación y el uso de la infraestructura financiera como herramienta geopolítica.

El oro se posiciona como la gran alternativa frente al dólar

El principal beneficiario de esta búsqueda de diversificación es el oro. Según OMFIF, el 68% de los bancos centrales consultados lo considera una herramienta para diversificar reservas, frente al 61% del año anterior.

Además, ganó peso como cobertura frente a la incertidumbre global: el 51% de los encuestados lo vinculó con riesgos geopolíticos, por encima del 45% registrado en 2025.

El interés también se refleja en la tenencia física del metal. Actualmente, el 82% de los bancos centrales cuenta con oro físico, frente al 71% del año pasado.

El yuan aparece como otra alternativa, aunque todavía con un alcance limitado frente al dólar. Los gestores de reservas estiman que la moneda china podría representar cerca del 5% de sus carteras promedio dentro de diez años.

Su avance se concentra en regiones con mayor vínculo comercial con China: el 57% de los bancos centrales de Asia-Pacífico prevé aumentar sus posiciones en yuanes en el largo plazo, una proporción que llega al 75% entre las entidades africanas.

El euro también gana espacio en las expectativas de los gestores de reservas. La intención neta de aumentar posiciones en la moneda europea a diez años subió del 12% al 21%, impulsada por la posibilidad de que Europa amplíe la oferta de activos seguros.

Pero la disputa por el liderazgo del dólar no se juega únicamente en las reservas internacionales. La competencia también llegó al terreno digital, donde las principales economías buscan definir qué sistemas dominarán la circulación del dinero en los próximos años.

Quién dominará la próxima infraestructura financiera

Mientras los bancos centrales analizan sus carteras, Estados Unidos y Europa avanzan con modelos diferentes para la próxima generación de pagos.

Europa apuesta por el euro digital, una moneda digital emitida directamente por el Banco Central Europeo (BCE) que busca reducir la dependencia de plataformas privadas y reforzar la autonomía financiera del bloque.

El BCE ya seleccionó a 36 proveedores de servicios de pago para construir y probar la infraestructura del proyecto. Entre los elegidos aparecen bancos tradicionales como Deutsche Bank y UniCredit, junto con fintech como Revolut, Adyen y Stripe.

El piloto comenzará en la segunda mitad de 2027 y tendrá una duración de 12 meses. El objetivo es que el euro digital llegue al público en 2029, aunque su implementación depende del avance del marco regulatorio europeo.

La preocupación detrás del proyecto es que Europa quede dependiendo de infraestructuras digitales dominadas por empresas estadounidenses. Florencia Pizarro, economista especializada en política monetaria y sistemas de pagos internacionales, explicó a iProUP: "Europa no quiere repetir lo que pasó con las redes de tarjetas: dejó que Visa y Mastercard construyeran la infraestructura durante décadas y ahora depende de ellas para el 61% de sus pagos con tarjeta".

Estados Unidos tomó otro camino: bajo la administración Trump descartó avanzar con una moneda digital de banco central y favoreció un ecosistema basado en stablecoins privadas vinculadas al dólar.

Ese modelo permitió que activos como USDC y USDT ganaran espacio en pagos internacionales, remesas y operaciones digitales. Mariquena Otermin, CMO de Bitwage, agregó que las stablecoins en dólares "no solo ganan la batalla de adopción, sino que establecieron el estándar de liquidez global".

La expansión de estos instrumentos refuerza una ventaja histórica del dólar: no solo funciona como moneda de reserva, sino también como unidad de cuenta y medio de intercambio dentro de nuevos ecosistemas digitales.

El dólar sigue arriba pero el tablero empieza a cambiar

Los activos digitales todavía no aparecen como una alternativa relevante para los bancos centrales. Según OMFIF, solo el 13% de los gestores considera aumentar sus posiciones en este tipo de instrumentos a largo plazo, mientras que el 92% todavía no invierte en ellos.

El escenario que surge del informe es más complejo que una simple salida del dólar. Los bancos centrales no están reemplazando una moneda por otra, sino distribuyendo funciones entre distintos activos.

El oro gana terreno como cobertura, el yuan avanza donde China tiene influencia comercial, Europa intenta construir una alternativa digital y Estados Unidos mantiene la ventaja de una moneda que ya domina tanto las reservas tradicionales como parte de la nueva infraestructura financiera.

El dólar sigue siendo la moneda dominante, pero la competencia futura no se definirá solo por quién acumula más reservas. También estará en juego quién controla los sistemas por donde circulará el dinero global en la próxima década.

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