A un año y medio del anuncio de inversiones de envergadura en el mercado de las telecomunicaciones, la estampida cambiaria y la fuerte escalada de tasas produjeron una fuerte desaceleración de los planes de las principales empresas: si antes avanzaban a velocidad de autopista, ahora apenas lo hacen a la máxima permitida para circular en las calles.

En otras palabras, las "telcos" mantienen los planes previstos, pero el ritmo se ve alterado por el comportamiento del billete verde.

- Para el trienio 2017-2019, Telefónica había confirmado $47.000 millones 

- Para el bienio 2018-2020, Telecom daba cuenta de desembolsos por u$s5.000 millones

- En tanto, Claro ratificaba los tradicionales u$s400 millones anuales

 

En todos los casos, se trata de montos en dólares ya que el equipamiento cotiza en esa moneda. Pero, como contrapartida, los ingresos están sujetos a lo que ocurre en el mercado interno, donde los servicios se cobran en pesos. Eso hace que un salto cambiario modifique la velocidad de desembolsos. Ocurrió el año pasado y ahora vuelve a repetirse.

En estos días se cumple casi un año de aquella devaluación que llevó la cotización de $30 a $40: tras el feriado del 17 de agosto (2018), la moneda estadounidense pasó de $30 a casi $38 para luego, en septiembre, coquetear con los $40 y posteriormente cruzar ese umbral. Esta escalada provocó el primer cimbronazo en el sector telco.

Por aquellos días, Carlos Moltini, CEO de Telecom, si bien confirmó las inversiones por u$s5.000 millones, advirtió que se iban a producir a ritmo más lento ya que la facturación de la empresa es en moneda local.

Esos desembolsos, que estaban yendo por la autopista, debieron tomar la siguiente bajada y adaptarse a la velocidad máxima que imponía la calle. El resto de las compañías debió maniobrar del mismo modo.

Historia que se repite

En 2019 no fue necesario esperar al feriado del Padre de la Patria: las PASO adelantaron todo. A tal punto que las fuentes del sector telco anticipan un nuevo cambio de ritmo para luego de que el dólar se disparara de $47 a un nivel cercano a los $60. Esto, sin olvidar los "cachetazos" que recibieronlos activos argentinos en el mundo bursátil.

"Las inversiones son en dólares y los presupuestos, en pesos. La inflación es tan alta que por más que haya recomposición de tarifas no alcanza para balancear esa brecha", afirma a iProUP Alejandro Adamowicz, director de Tecnología de GSMA para América Latina.

Por lo pronto, a las empresas no les queda otra alternativa que aguardar la llegada de un panorama político, económico y financiero más calmo para replantear su planes de acción. Más aun, en estos momentos en que las operadoras están comenzando a analizar las cuestiones presupuestarias de cara al 2020.

"Las inversiones anunciadas continúan en marcha. Pero, lógicamente, ante el cambio de la coyuntura tomarán otro ritmo y se extenderán en el tiempo", señalan a iProUP fuentes de Telecom, declaraciones que coinciden con lo que el propio Moltini expresara hace un año.

En cuanto a los movimientos estratégicos previstos, Telecom continúa desplegando su red 4G con la que alcanza a más de 1.600 localidades del país, de acuerdo con lo informado por la firma. Hablando en plata, en los primeros seis meses de 2019 efectuó desembolsos por $24.000 millones ( 2,3% respecto del primer semestre del año pasado.

Los fondos se focalizaron en proyectos destinados a potenciar las redes y al desarrollo de productos y servicios que respondan a las necesidades de sus clientes. Principalmente, en materia de conectividad y disponibilidad de datos y contenido.

Sonia Agnese, analista senior de Ovum para América Latina, afirma a iProUP que "a nivel mundial las empresas suelen destinar un porcentaje de sus ingresos, que va del 15% al 20% aproximadamente, a infraestructura".

"Como los ingresos son en pesos y la mayoría de las inversiones en dólares, el monto destinado a ese fin pasa a ser más pequeño en términos de moneda dura. Es decir, si el presupuesto es en moneda local, el rendimiento se reduce", subraya.

Los expertos insisten en el fuerte impacto que genera este descalce. Y si bien las tarifas aumentan, lo cierto es que las empresas no pueden ir más allá de lo que soporta el bolsillo de los argentinos.

Por el lado de Telefónica, desembolsó 175 millones de euros (u$s194 millones) en el primer semestre, equivalente al 14% de las ventas. Ese porcentaje resultó menor al del primer semestre de 2018, cuando había alcanzado el 17% de la facturación. 

De todos modos, esos aportes se elevaron 23% interanual, pero cayeron 31% en euros.

"En el corto plazo, no van a sentirse los efectos de la devaluación, pero sí a mediano plazo. Porque el equipamiento que ya se había comprado hubo que instalarlo y ponerlo en marcha. Pero, de ahora en más, adquirir nuevos equipos y elaborar los próximos presupuestos se hará más complicado", indica el consultor Sebastián Cabello.

Con el lápiz y la expectativa

Las empresas confirman en sus balances el estado de situación actual y dan algunas pistas de lo que vendrá: subieron el pie del acelerador y ahora mantienen velocidad crucero a la hora de hundir capital.

Los ingresos totales para Argentina disminuyeron 7% y los correspondientes a servicios móviles bajaron 7,2%, ya que los clientes vienen reduciendo sus niveles de consumo en línea con la contracción del poder adquisitivo, y este efecto se ha sentido más en el segmento de prepago, grafican desde América Móvil, controlante de Claro.

Carlos Elizondo, director general de finanzas de la compañía, expresa: "Se ha considerado que la Argentina es una economía hiperinflacionaria y es por eso que los resultados financieros se presentarán en términos constantes en pesos argentinos".

A punto de iniciarse el último cuatrimestre, reina la cautela en el sector telco. Especialmente, a raíz de una coyuntura electoral que no puede ser obviada y que, más allá de los resultados, anticipa un escenario totalmente distinto al actual.

"Hay que recordar que los planes de inversión se hacen para el mediano y largo plazo, no es un mero cambio de stock como puede ocurrir en otro sector. Continuará avanzándose con lo que ya está en marcha, por inercia. Luego, en base a las definiciones del nuevo gobierno, se verá qué decisiones tomar", sostiene Agnese, de Ovum.

La preocupación hoy, agrega la especialista, pasa por rentabilizar los proyectos en curso. "En los últimos años las inversiones fueron más estratégicas y puntuales, como las de plataforma y core, pero las de despliegue de red, de cobertura son las que se ven más afectadas y serán las que se demoren un poco más", asevera.

En la visión de Adamowicz, de GSMA, que las desembolsos tomen un ritmo más lento "afectará la calidad del servicio a mediano plazo porque, sin pretender ser alarmista, los despliegues actuales se soterran, eso es más caro". De esta forma, los usuarios no reciben rápidamente los beneficios de contar con prestaciones basadas en nuevas tecnologías.

Las redes de fibra óptica constituyen un ejemplo muy ilustrativo de esta situación. Son, sin dudas, las que demandan los usuarios a raíz de los nuevos consumos que se realizan a través de ellas, especialmente los de video y audio. Las compañías avanzan pero teniendo en cuenta el poder adquisitivo de los hogares argentinos.

A la fecha, Telefónica de Argentina cuenta con 481.000 hogares conectados con su servicios "Movistar Fibra", lanzado hace menos de un año, sobre un total de 1,9 millones de hogares pasados. Y 200.000 clientes de Movistar Play, que les permite acceder por la vía de la red móvil a los servicios de streaming de video.

Del lado de Telecom, indican que la mejora de capacidad y cobertura de redes son un factor clave no sólo para evolucionar hacia servicios convergentes, "sino también para apalancar el negocio de los contenidos, con Flow como centro de entretenimiento y plataforma integral de contenido".

En términos relativos, las inversiones representaron 25% de las ventas consolidadas, en comparación con el 22% del primer semestre de 2019. Estas cifras muestran, en definitiva, cómo se están tomando las decisiones en medio de una Argentina que no deja de sucumbir a su propia coyuntura y a los coletazos de lo que ocurre en el exterior.

Ante la sucesión de eventos inesperados, la salida más razonable por ahora es la de seguir transitando, pero por las calles y a no más de 40 km por hora. La expectativa es que, en algún momento, se pueda volver a la avenida  y, cuando la economía se estabilice, pisar el acelerador y subirse a la autopista.

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