Adam Back, CEO de Blockstream y uno de los referentes históricos del movimiento cypherpunk, criticó duramente la propuesta de fork de Bitcoin conocida como BIP-110.
Según el ejecutivo, el intento de activar este cambio mediante un soft fork impulsado por los usuarios (UASF) es técnicamente defectuoso y carece de consenso, lo que podría derivar en una fractura de la red y en la creación de una blockchain minoritaria.
Un cambio en Bitcoin divide opiniones: Adam Back cree que podría salir "muy mal"
La propuesta BIP-110, presentada a fines de 2025, busca restringir los datos no monetarios en las transacciones de Bitcoin, en particular aquellos vinculados a protocolos como Ordinals y Runes, que permiten inscribir información adicional en la blockchain.
Sus defensores argumentan que la medida reduciría el "spam" y limpiaría la red, pero Back considera que la iniciativa es una "regresión deliberada" que rompe el espacio del usuario y amenaza la compatibilidad con herramientas como Miniscript, además de congelar ciertas UTXO y desactivar funciones críticas del lenguaje de script de Bitcoin.
El debate recuerda a la activación de SegWit en 2017, cuando, tras años de coordinación entre mineros, desarrolladores y operadores de nodos, se alcanzó un consenso amplio que permitió implementar la mejora sin fracturas graves.
Back subrayó que la comparación con SegWit es errónea, ya que BIP-110 no cuenta con respaldo técnico ni comunitario.
"La BIP es estúpida, no funciona y no tiene consenso ni técnico ni del ecosistema; forzarlo es cómo terminas en un fork minoritario y conflictivo", escribió en la red social X, acompañando su crítica con una imagen irónica que resumía el conflicto.
Otros referentes del ecosistema también se pronunciaron. Michael Saylor, fundador de MicroStrategy, calificó a BIP-110 como "el mayor riesgo auto-infligido para Bitcoin" y advirtió que cualquier intento de imponerlo sin consenso real podría socavar la confianza en el protocolo. De hecho, el apoyo de nodos a la propuesta se mantiene por debajo del 10%.
En el trasfondo, se juega una cuestión central: hasta dónde puede cambiar Bitcoin sin traicionar sus principios fundacionales de descentralización y resistencia a la censura.