El aumento de la morosidad ya encendió señales de alerta en el sistema financiero argentino, en un contexto donde cada vez más familias dependen de préstamos, tarjetas y financiamiento para sostener consumos.

Conceptos como interés compuesto, tasa efectiva o costo financiero total dejaron de ser términos de la letra chica y pasaron a ser claves para entender cuánto termina costando una deuda.

"Uno de los errores más habituales es evaluar únicamente el valor de la cuota mensual, sin analizar el costo total del financiamiento", explica Camila Staffora.

Muchas veces la decisión se toma por la accesibilidad inmediata de la cuota y no por la carga financiera que implicará a largo plazo, agrega.

Y ahí empiezan a aparecer otros errores que terminan golpeando el bolsillo:

Entender cómo funcionan los intereses y las tasas puede marcar la diferencia entre una deuda manejable y un problema financiero.

Interés simple y compuesto: la diferencia que cambia el tamaño de una deuda

La diferencia entre interés simple y compuesto explica por qué algunas deudas crecen mucho más rápido de lo esperado.

El interés simple se calcula únicamente sobre el monto original prestado.

Por ejemplo, si una persona pide $100.000 a una tasa del 10% mensual durante tres meses, pagará siempre $10.000 de interés por mes. Al final devolverá $130.000.

Se usa generalmente en préstamos de corto plazo, donde el capital no cambia con el tiempo.

En el interés compuesto, en cambio, los intereses se suman a la deuda y empiezan también a generar nuevos intereses. Es el mecanismo más habitual en tarjetas de crédito cuando no se paga el total del resumen, refinanciaciones, hipotecas y créditos de largo plazo.

En ese caso, una deuda de $100.000 al 10% mensual pasa a:

La deuda crece cada vez más rápido porque los intereses se calculan sobre un monto que ya incluye intereses acumulados.

Tasa nominal y tasa efectiva: por qué el costo final suele ser más alto

Al momento de sacar un préstamo o financiar un consumo, también aparecen distintas tasas que pueden modificar de forma significativa el valor final.

Las dos siglas que suelen verse en la letra chica son la Tasa Nominal Anual (TNA) y la Tasa Efectiva Anual (TEA).

La TNA funciona como un valor de referencia para calcular el interés anual de un préstamo o inversión.

Generalmente se divide por 12 para obtener una tasa mensual aproximada. Sin embargo, no refleja el costo total porque no contempla la capitalización de intereses ni otros cargos asociados al producto financiero.

La TEA, en cambio, sí incorpora el efecto del interés compuesto y permite calcular con mayor precisión cuánto se termina pagando.

También sirve para comparar distintas alternativas financieras de manera más clara.

Costo Financiero Total (CFT): el dato más importante de un préstamo

Más allá de las tasas, hay un dato que resume el verdadero costo de endeudarse: el Costo Financiero Total (CFT).

Según Staffora, este indicador permite ver con mayor claridad cuánto terminará pagando una persona por un préstamo, crédito o financiación con tarjeta.

Dentro del CFT se incluyen:

Staffora también advierte sobre otro error frecuente: subestimar cómo una deuda puede afectar las finanzas personales con el paso del tiempo.

"Tomar un crédito implica comprometer ingresos de los próximos meses o años, y muchas veces no se contemplan posibles cambios en el contexto económico o en la situación personal", explica.

Por eso, recomienda prestar atención a algunos puntos clave antes de endeudarse:

"Una decisión financiera saludable no debería basarse únicamente en la cuota más baja, sino en la sostenibilidad del compromiso en el mediano y largo plazo. El sobreendeudamiento no responde a un único evento, sino a una acumulación de decisiones financieras poco sostenibles", concluye Staffora.

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