Según reveló el último informe de Hashrate Index, Paraguay, Brasil y Bolivia se consolidaron como los tres grandes polos de la minería de Bitcoin (BTC) en América Latina.

La publicación detalló que cada uno lo hace apoyado en modelos energéticos completamente distintos y mostró cómo la disponibilidad y el costo de la electricidad redefinen la geografía regional de una industria cada vez más competitiva.

Actualmente, América Latina aporta entre el 5% y el 6% del hashrate global, la potencia computacional total destinada a minar Bitcoin. Es una cifra todavía baja frente al potencial energético de la región.

Por su parte, países como Estados Unidos concentran más del 37% del hashrate mundial, mientras que gran parte de Sudamérica sigue sin capitalizar plenamente sus recursos hidroeléctricos, gasíferos y renovables.

Los países que lideran la región

El caso paraguayo es el más impactante de la región: según el estudio, el país alcanza cerca de 43 EH/s y ya representa aproximadamente el 4,3% del hashrate global, ubicándose como el cuarto mayor centro de minería de Bitcoin del mundo, solo detrás de Estados Unidos, Rusia y China.

El motor de este crecimiento es la energía hidroeléctrica excedente de Itaipú y Yacyretá, ya que el país produce mucha más electricidad de la que consume, lo que permite ofrecer tarifas industriales extremadamente competitivas, entre u$s0,037 y u$s0,050 por kWh, consideradas entre las más bajas del planeta.

Por su parte, el hashrate de Brasil creció 133% interanual hasta alcanzar 3,5 EH/s, impulsado principalmente por la apertura total del mercado libre de energía eléctrica (ACL) en 2024.

Esa reforma permitió a grandes consumidores firmar contratos bilaterales directos con generadores renovables, reduciendo costos y mejorando previsibilidad.

La región sur brasileña concentra buena parte de la expansión minera gracias a tarifas industriales cercanas a los u$s0,046 por kWh y una infraestructura eléctrica robusta basada en hidroelectricidad y energía eólica.

En el caso de Bolivia, el país protagonizó el crecimiento porcentual más acelerado del continente: el informe señaló que el hashrate boliviano aumentó 2.400% interanual entre 2025 y comienzos de 2026, aunque todavía parte de una base muy reducida, inferior a 1 EH/s.

La explicación está en el gas natural subsidiado: la estatal YPFB suministra gas a termoeléctricas a unos u$s1,30 por MMBTU, muy por debajo de los valores internacionales que oscilan entre u$s8 y u$s12.

El potencial del resto de la región

El informe también destacó las dificultades de otros países latinoamericanos con abundantes recursos energéticos, como Argentina, que registró una caída interanual del 42% en su hashrate tras el cierre de una instalación de 40 MW operada por Bitfarms.

Aunque el país cuenta con enormes reservas de gas en Vaca Muerta y capacidad renovable creciente, la volatilidad macroeconómica y la incertidumbre regulatoria siguen afectando las inversiones de largo plazo.

Por su parte, Venezuela y El Salvador poseen recursos energéticos importantes, pero cuentan con obstáculos regulatorios, financieros o de escala que limitan su desarrollo minero.

Para Hashrate Index, América Latina aún está lejos de aprovechar plenamente su potencial energético, pero Paraguay, Brasil y Bolivia mostraron que la región ya comenzó a disputar un lugar relevante en el tablero global de la minería de Bitcoin.

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