El primer trimestre de 2026 tuvo un protagonista que nadie esperaba: el oro tokenizado. Tether Gold (XAUT) cerró marzo con reservas de 707.747 onzas troy de oro físico, un salto del 36% respecto a fin de 2025, cuando tenía 520.089 oz. La capitalización de mercado pasó de u$s2.250 millones a más de u$s3.300 millones ( 36%) en noventa días.
Mientras el mercado debatía si Bitcoin rompería o no los máximos históricos, un activo de cinco mil años de historia estaba siendo relanzado silenciosamente en formato on-chain. Cada token XAUT equivale a una onza troy de oro físico guardado en Suiza, auditable, transferible en tiempo real, sin intermediarios, papeleo ni horario bancario.
Por qué crece el oro tokenizado
El contexto importa. Según el último informe de Tether, el primer trimestre de 2026 estuvo marcado por inflación persistente, presión sobre el dólar y tensión geopolítica. Esto llevó a los inversores, tanto institucionales y retail, a buscar refugio. Pero esta vez, el refugio llegó con dirección de wallet.
Lo que está pasando es más estructural que cíclico. El documento explica que el oro tokenizado no compite con Bitcoin, ya que son tesis distintas. Compite con los fondos cotizados (ETF) de oro, fondos de materias primas y cualquier vehículo que prometa exposición al metal, pero te mantenga alejado de la posesión real, como los CEDEAR. XAUT rompe esa lógica. Tether explica: "El oro es tuyo, está en una barra identificada con número de serie, y podés moverlo a cualquier parte del mundo en minutos".
Según Paolo Ardoino, CEO de Tether, "la demanda por reservas reales, verificables y tokenizadas solo se fortalece". Difícil discutirle con estos números.
El mercado cripto tiene la costumbre de mirar siempre hacia adelante, es decir, la próxima narrativa, el próximo ciclo o protocolo. Pero el primer trimestre de 2026 dejó un mensaje: el activo más viejo del mundo es el que mejor entiende hacia dónde va el futuro.
Jerónimo Ferrer, gerente de desarrollo de negocios de Bitfinex para Argentina, Uruguay y Paraguay, asegura a iProUP que, por un lado, el contexto macro vuelve a poner al oro en el centro de la escena como activo de cobertura. Es que en un escenario atravesado por tasas reales inciertas, tensiones geopolíticas persistentes y una creciente fragmentación financiera global, el metal recupera protagonismo como refugio de valor.
"En ese marco, el oro acumuló una suba cercana al 60% en 2025 y alcanzó máximos históricos por encima de los u$s5.000 por onza a comienzos de 2026, su mejor desempeño desde 1979, impulsado por la demanda defensiva frente a riesgos inflacionarios y conflictos internacionales", afirma Ferrer.
Actualmente, cotiza en un rango de entre u$s4.920 y u$s5.050, en un contexto de volatilidad reciente marcada por factores como acuerdos comerciales, negociaciones geopolíticas, la fortaleza del dólar y la búsqueda de puntos de entrada.
En paralelo, advierte Ferrer, aparece un driver estructural: la tokenización. "Este proceso permite acceder a la exposición al oro de forma mucho más eficiente, eliminando fricciones logísticas, habilitando liquidez 24/7 y facilitando su integración directa en el ecosistema cripto. Lo que antes era un activo físico con barreras de acceso, hoy se transforma en un instrumento digital programable", analiza el experto.
Ferrer sostiene que el oro tokenizado en América Latina dejó de ser una innovación marginal para consolidarse como una alternativa financiera concreta en 2026. "Con el metal en niveles récord, la región encuentra en este formato una vía para democratizar el acceso al activo refugio, principalmente a través de stablecoins respaldadas en oro como Tether Gold (XAUâ®)", asegura.
Desde la óptica de mercado, para Ferrer, lo que se observa es una convergencia cada vez más clara. Según el expeto, "inversores tradicionales que buscan cobertura frente al riesgo macro y usuarios cripto que priorizan instrumentos on-chain con respaldo tangible".
"En la práctica, esto se traduce en una mayor demanda por activos que combinan estabilidad relativa con eficiencia operativa, especialmente en un entorno donde la volatilidad de otros criptoactivos sigue siendo elevada", completa.
Oro físico, ETF o token: cuál conviene más
Ferrer explica que la diferencia entre tener oro físico, un ETF como SPDR Gold Shares (GLD) y un token como Tether Gold (XAUâ®) pasa por tres planos: acceso, operativa y liquidez.
"El oro físico ofrece la forma más directa de exposición, con posesión real del activo. Sin embargo, esa ventaja viene acompañada de costos y fricciones: almacenamiento, transporte, seguridad y una liquidez más limitada en el corto plazo", explica el experto.
Según Ferrer, "un ETF como SPDR Gold Shares simplifica el acceso desde el sistema financiero tradicional. Permite invertir en oro sin tener que custodiarlo, pero introduce otras restricciones: depende de intermediarios, está sujeto a horarios de mercado y queda encuadrado en jurisdicciones específicas".
El oro tokenizado, en cambio, combina elementos de ambos mundos. "Representa exposición a un activo físico subyacente, pero con la flexibilidad de operar de manera global, fraccionada y prácticamente en tiempo real. No hay ventanas de mercado: se negocia 24/7 y se puede transferir de forma casi instantánea", asegura Ferrer.
Desde el punto de vista operativo, la diferencia clave está en dos variables: "Programabilidad y liquidez. Los activos tokenizados no solo replican el precio del oro, sino que además pueden integrarse en estrategias más amplias de trading, uso como colateral o arbitraje, algo inviable con oro físico y más limitado dentro de instrumentos tradicionales".
No todo es 1:1: qué mirar detrás del oro tokenizado
Por último, Ferrer advierte de algo sumamente importante a la hora de invertir en oro tokenizado. "El nivel de transparencia depende del emisor y del estándar de reporting que adopte. En términos generales, el mercado ha evolucionado hacia mayores exigencias de auditoría, informes periódicos y mecanismos de verificación que buscan reducir la asimetría de información".
Para el inversor sofisticado, el análisis no se limita al "1:1", sino a la combinación de factores: "Frecuencia y calidad de las auditorías, claridad sobre la custodia del activo subyacente, jurisdicción y reputación del emisor".
"Estos elementos son centrales porque impactan directamente en la confianza, la liquidez y la formación de precios. Más que una 'caja negra', el mercado está en una transición hacia modelos de mayor transparencia, aunque todavía existen diferencias relevantes entre emisores que los inversores deben evaluar caso por caso", concluye.