El crecimiento de la vida online abrió un nuevo interrogante cada vez más frecuente: qué sucede con las cuentas bancarias, contraseñas y activos digitales cuando una persona fallece.
En la mayoría de los casos, el acceso a esa información no está automatizado y depende casi por completo de las decisiones que haya tomado el usuario en vida. Sin una planificación previa, recuperar o administrar esos datos puede convertirse en un proceso complejo.
La falta de previsión puede dejar cuentas bloqueadas durante años y activos digitales fuera del alcance de familiares o personas de confianza. A nivel global, el problema ya tiene impacto económico concreto.
Distintos análisis del ecosistema cripto indican que una porción significativa de los activos digitales, especialmente en Bitcoin, quedó inaccesible para siempre por pérdida de claves o fallecimiento de sus dueños.
En la Argentina, la situación presenta un vacío legal: no existe una normativa específica que regule la herencia digital, por lo que el acceso a cuentas y activos queda sujeto a los términos y condiciones de cada plataforma y a interpretaciones dentro de los procesos sucesorios tradicionales.
Ante este escenario, algunas plataformas comenzaron a incorporar herramientas vinculadas al legado digital, como la posibilidad de designar contactos de confianza o establecer cuentas conmemorativas tras el fallecimiento.
Qué opciones ofrecen las plataformas para gestionar el legado digital
Las grandes compañías tecnológicas empezaron a ofrecer herramientas para abordar este escenario, aunque con limitaciones en cuanto al acceso a la información.
Google permite configurar –por ejemplo– un administrador de cuentas inactivas que habilita el acceso a contactos de confianza tras un período determinado, mientras que Meta ofrece la posibilidad de designar un contacto de legado para gestionar perfiles conmemorativos.
En este contexto, comienza a tomar relevancia la figura del heredero digital, una persona designada para gestionar cuentas, archivos y activos tras la muerte.
Si bien en algunos países ya cuenta con reconocimiento legal, en gran parte del mundo todavía depende de decisiones individuales y acuerdos informales.
A su vez, el avance de la inteligencia artificial suma una nueva capa de complejidad al debate. Hoy ya es posible recrear voces, mensajes e incluso interacciones a partir de datos digitales, lo que abre interrogantes sobre la llamada "vida digital" después de la muerte y los límites éticos de estas tecnologías.
Frente a este escenario, especialistas recomiendan adoptar medidas básicas para ordenar el legado digital. Entre ellas:
- utilizar gestores de contraseñas
- definir contactos de confianza
- dejar instrucciones claras sobre el acceso a cuentas
- revisar periódicamente la información almacenada