La decisión de Irán de exigir pagos en Bitcoin, stablecoins o yuanes para el tránsito por el Estrecho de Ormuz no surge como un gesto aislado, sino una señal clara de hacia dónde puede moverse el sistema financiero global en los próximos años.
Teherán cobrará peajes a los buques en monedas alternativas en un intento explícito por eludir el sistema dominado por el dólar y las sanciones internacionales. En ese marco, busca convertir una restricción estructural en una herramienta de poder, apoyándose en una de las rutas más sensibles del comercio global.
El movimiento parece tener lógica. Por el Estrecho de Ormuz circula cerca del 20% del petróleo global, lo que convierte a cualquier cambio en un evento con impacto sistémico. Al aceptar pagos con Bitcoin y el yuan, Irán no solo esquiva restricciones financieras, sino que transforma un chokepoint energético en una herramienta de presión monetaria.
Para el mercado cripto, el caso funciona como un experimento a escala real. El uso de Bitcoin en comercio internacional había sido hasta ahora marginal, pero nunca vinculado a una infraestructura crítica de este calibre.
Si logra cierto grado de adopción, puede acelerar la narrativa de Bitcoin como una capa de liquidación alternativa en transacciones internacionales, especialmente en contextos de acceso restringido al sistema financiero tradicional. El principal desafío sigue siendo la volatilidad y la complejidad operativa en un entorno logístico exigente.
En paralelo, el yuan emerge como la pata más pragmática. A diferencia de Bitcoin, ofrece mayor estabilidad y ya cuenta con una infraestructura de pagos en expansión que permite operar por fuera del sistema SWIFT. En ese sentido, la jugada iraní se alinea con un proceso más amplio de desdolarización.
Mariquena Otermin, CMO de Bitwage, dice a iProUP que "Irán no está cambiando el sistema financiero global por sí solo, pero está mostrando algo clave: en un mundo fragmentado, el dólar ya no es la única vía posible para mover valor en comercio internacional".
La experta advierte que ante sanciones, bloqueos o tensión geopolítica, las cripto y el yuan "empiezan a funcionar como carriles alternativos de liquidez y pago". Según Otermin, eso no convierte automáticamente a Bitcoin en moneda de comercio global, "pero sí lo reposiciona".
"Más que una amenaza inmediata al dólar, estos episodios muestran que el sistema financiero internacional está dejando de ser completamente unipolar. Y cada vez que eso ocurre, Bitcoin gana relevancia como activo neutral, portable y difícil de censurar", añade.
Se trata de un golpe directo a Donald Trump: el activo digital que tanto pregona se convirtió en arma contra Washington.
Irán desafía al dólar: ¿empieza a cambiar el orden financiero global?
El economista Federico Glustein asegura que "no se puede hablar de un nuevo orden financiero, pero sí de un cambio incipiente".
Según su visión, empieza a modificarse la preponderancia absoluta del billete verde como moneda global de intercambio, dando lugar a un esquema más diversificado en el que conviven "dólares, euros y yuanes, con este último cada vez más competitivo frente a la moneda estadounidense".
"Desafía al dólar en los márgenes, sobre todo en comercio sancionado y de alto riesgo, pero no reemplaza su centralidad global aún", explica. En ese marco, cobra relevancia el sistema chino CIPS, con volumen de 200 billones de yuanes (u$s30 billones) y la consolidación del eje oriental China-Rusia-Irán-Qatar que empieza a configurarse como un polo alternativo al esquema occidental.
Glustein advierte que, aunque el dólar puede empezar a perder terreno relativo, no implica un desplazamiento estructural en el corto plazo. Incluso, en un contexto reciente de tensiones geopolíticas donde la moneda estadounidense se fortaleció, el avance del yuan o las criptomonedas en corredores sensibles puede erosionar su exclusividad.
Para que eso derive en una caída sostenida del dólar a nivel global, sería necesario algo más profundo: mercados de capital de gran escala fuera de EE.UU., activos alternativos de alta liquidez y un nivel de confianza jurídica equivalente. "Hoy eso no existe en la misma dimensión", remarca.
En cuanto al impacto en el ecosistema cripto, considera que la noticia es estructuralmente alcista en términos de adopción geopolítica, no necesariamente en precio. Puede impulsar las cotizaciones a partir de la narrativa de desdolarización y uso real, aunque también puede generar el efecto contrario si el conflicto incrementa la aversión al riesgo.
"Puede terminar imponiéndose la narrativa antisistema o de sistema paralelo si Irán logra canalizar una parte relevante de estos cobros a través de criptomonedas", concluye.
Geopolítica y dólar: el verdadero partido
Nicolás Kohn, ejecutivo de Balanz, plantea que es prematuro anticipar un cambio estructural en el orden financiero global. Ante negociaciones entre EE.UU. e Irán, ve poco probable que Washington convalide un esquema en el que Teherán logre condicionar los flujos comerciales de una de las rutas energéticas más sensibles del mundo, dado el impacto negativo sobre su intereses estratégicos.
Advierte que la propia dinámica del conflicto limita el margen de maniobra de Irán. "Los ataques a países vecinos erosionan su poder de negociación y su respaldo regional, lo que puede derivar en una respuesta de los principales exportadores de la OPEP como Arabia Saudita, buscando alternativas logísticas al Estrecho de Ormuz para sus exportaciones de petróleo", sentencia.
Donde sí identifica una señal más clara es en la dinámica del dólar. Kohn sostiene que, una vez que se reduzca la tensión geopolítica, pueden reaparecer presiones bajistas sobre la moneda estadounidense, como ya se observó en los últimos días. En ese frente, el foco pasa menos por Medio Oriente y más por la política global de Estados Unidos.
Señala que la postura de Donald Trump frente a la OTAN, su vínculo con Europa y el manejo del conflicto en Ucrania serán determinantes. Un giro hacia una mayor ruptura del orden internacional tradicional podría actuar como catalizador negativo para el dólar.
A esto se suma un frente macro más estructural: Estados Unidos arrastra un déficit de cuenta corriente elevado, una política fiscal expansiva y una relación deuda/PBI creciente. Un combo que, en el mediano plazo, juega en contra de la fortaleza de su moneda, independientemente del ruido geopolítico de corto plazo.
Pablo Lazzati, CEO de Insider Finance, plantea que ". Como ejemplo, plantea el regreso de las exportaciones de petróleo de Venezuela a operaciones en dólares, "una dinámica que puede replicarse si el billete verde no está perdiendo terreno en el sistema global, "sino reafirmando su rol en los mercados clave, especialmente en energíaEEUU avanza sobre la producción iraní".
En paralelo, sostiene que este mismo contexto abre espacio para alternativas. "Cuando el acceso al dólar se vuelve restringido o condicionado, las criptomonedas empiezan a ganar protagonismo como vía de transacción para ciertos activos y operaciones específicas", analiza.
El resultado, según Lazzati, no es un reemplazo sino una convivencia: el dólar se mantiene como eje del comercio global, mientras que las criptomonedas comienzan a ocupar nichos donde el sistema tradicional no llega o impone fricciones.