El debate sobre si Bitcoin se mantiene en el podio del activo más atractivo del mercado volvió al centro de la escena, pero con un giro un tanto incómodo. Todo depende desde dónde se lo mire.
En los últimos cinco años, su rendimiento quedó muy por detrás de otros activos tradicionales, un dato que reavivó las críticas sobre su narrativa de "reserva de valor". Pero no todo es lo que parece.
Bitcoin vs. Wall Street: el debate
El economista Peter Schiff, a través de su cuenta de X, puso números concretos sobre la mesa: "Mientras Bitcoin avanzó apenas un 12% en ese período, el Nasdaq Composite subió 57,4%, el S&P 500 59,4%, el oro 163% y la plata 181%".
Según el reconocido experto, la conclusión es directa: "Si el atractivo de Bitcoin es su rendimiento superior a largo plazo, ese argumento hoy queda en duda". La respuesta no tardó en llegar.
Para Michael Saylor, CEO de Strategy, el problema no está en los datos, sino en el recorte. Desde agosto de 2020, punto que coincide con el inicio de su adopción corporativa y un nuevo ciclo de liquidez global, Bitcoin se convirtió en el activo de mejor desempeño dentro del universo mainstream, con una ventaja que, según sostiene, se amplía cuanto más se extiende el horizonte.
El experto en inversiones Luis Ayala sostiene que, entre los referentes históricos del ecosistema, persiste una definición clara: "Bitcoin es el oro digital, y no podríamos estar más de acuerdo". Añade que "si bien ambos tienen claramente un valor intrínseco, el Bitcoin está diseñado para la era de Internet". También sostiene, en línea con Saylor que, el ganó más del 600% en los últimos cinco años.
"Además, tiene uno de los mejores índices de Sharpe y oportunidades de riesgo/recompensa en comparación con otras inversiones. Tal desempeño lo coloca entre los activos de mayor rendimiento durante ese período, aunque con una serie de episodios de volatilidad", indica Ayala.
De acuerdo con su visión, "el análisis no se trata solo del precio, sino también de la evolución de la infraestructura". Opina que el mercado se volvió más estable, con mayores expectativas en cuanto a la custodia, la regulación y el desarrollo de la participación institucional a lo largo del tiempo.
"En el ecosistema financiero actual, bancos, fintech y los inversionistas profesionales están utilizando Bitcoin dentro de marcos de gestión de riesgo más sofisticados. Al mismo tiempo, su uso en la economía cotidiana se consolidó, particularmente en los mercados emergentes; ahora estamos viendo un uso cotidiano de las criptomonedas que habría sido impensable en Latinoamérica hace 5 años", agrega.
Y agrega que hoy en día, muchos usuarios utilizan las criptomonedas para realizar pagos, enviar remesas o como reserva de valor en entornos inflacionarios, recurriendo a carteras digitales y soluciones similares que hacen que esta tecnología sea más accesible.
"Esta doble evolución (institucional y cotidiana) es fundamental para comprender la resiliencia del ecosistema. Este proceso transforma la naturaleza del activo: pasa de ser un fenómeno puramente especulativo a integrarse gradualmente en el marco financiero mundial", advierte.
Bitcoin no es lineal: la clave que divide aguas
Jerónimo Ferrer, gerente de desarrollo de negocios de Bitfinex para Argentina, Uruguay y Paraguay, remarca que el debate entre figuras como Saylor y Schiff refleja, en el fondo, dos formas distintas de entender a Bitcoin y las criptomonedas: "Como reserva de valor de largo plazo o como activo especulativo de alta volatilidad. Más que determinar quién tiene razón, lo relevante es observar el comportamiento empírico del activo".
"Bitcoin pasó de niveles cercanos a los u$s8.000-10.000 en 2020 a rangos en torno a los u$s65.000-70.000 en 2026, lo que implica una apreciación acumulada superior al 600% en el periodo, incluso considerando ciclos bajistas intermedios", desliza, en línea con Ayala.
Asegura que "esto lo posiciona como uno de los activos con mejor rendimiento de la última década, aunque con una volatilidad mayor que la de los activos tradicionales".
"Desde Bitfinex analizamos este desempeño en tres dimensiones. Primero, su naturaleza cíclica: Bitcoin sigue mostrando patrones asociados a eventos como el halving, con fases de expansión y corrección bien marcadas", asegura.
Segundo, destaca la creciente participación de inversores tradicionales, que elevó los pisos de precio en cada ciclo, aun en contextos macro adversos. "La participación institucional a través de fondos cotizados en bolsa (ETF) al contado, que en conjunto poseen cientos de miles de BTC, generó una demanda estructural persistente que antes no existía".
También destaca la colación el precio de venta de Bitcoin, es decir, el costo promedio en la cadena de bloques de todas las monedas. "Ahora se sitúa significativamente por encima de los mínimos de ciclos anteriores y, históricamente, actuó como un límite de valor profundo durante las correcciones importantes."
En tercer lugar, Ferrer resalta que la divisa digital "posee una correlación con activos de riesgo: en el corto plazo se comporta más como un activo tecnológico que como 'oro digital', lo que explica movimientos bruscos ante shocks globales".
El analista plantea que Bitcoin no debe evaluarse en términos absolutos sino relativos al horizonte temporal: "A corto plazo, puede validar la postura más escéptica por su volatilidad, pero en ventanas de cinco años o más, su rendimiento histórico refuerza la narrativa de apreciación estructural. Esa dualidad es precisamente lo que mantiene vigente el debate".