El uso de activos digitales en empresas empieza a cambiar de lógica en la región. Lo que durante años funcionó principalmente como herramienta de resguardo de valor —especialmente en países como Argentina— comienza a consolidarse como una posible vía para agilizar pagos internacionales.

El cambio no es menor. En un contexto donde las transferencias transfronterizas siguen dependiendo de múltiples intermediarios, costos elevados y demoras de varios días, las stablecoins —criptomonedas atadas a monedas como el dólar— empiezan a ser evaluadas por fintechs y compañías como una alternativa operativa más eficiente.

El fenómeno se apoya en dos tendencias que avanzan en paralelo: por un lado, el crecimiento sostenido del mercado cripto; por otro, una mayor claridad regulatoria en varios países de la región. Según Chainalysis, América Latina movilizó cerca de u$s1,5 billones en criptoactivos entre 2022 y 2025, una cifra que refleja tanto la expansión del ecosistema como el creciente interés institucional.

Del trading al corazón de la infraestructura financiera

Durante años, el uso de criptomonedas en la región estuvo dominado por el trading y, en economías inestables, por la búsqueda de cobertura frente a la inflación. Sin embargo, empieza a emerger un nuevo caso de uso: su integración en procesos financieros más amplios.

En ese marco, las stablecoins aparecen como una posible capa de liquidación para pagos internacionales, al permitir transferencias entre distintos mercados con mayor velocidad y previsibilidad en los costos. Este cambio de enfoque está impulsando a empresas tecnológicas y financieras a desarrollar soluciones que permitan integrar estos activos en operaciones cotidianas.

En paralelo, algunas compañías de infraestructura digital comenzaron a avanzar en la región para acompañar esta tendencia.

Es el caso de Cregis, una firma enfocada en tecnología para la custodia y gestión de activos digitales, que inició su expansión en América Latina con el foco puesto en soluciones para el segmento institucional, como billeteras con tecnología MPC, plataformas de Wallet-as-a-Service y sistemas de liquidación sobre blockchain.

Según explican desde la compañía, la demanda está cada vez más vinculada a la necesidad de contar con herramientas que combinen seguridad, gobernanza y eficiencia operativa, en línea con los estándares del sistema financiero tradicional.

"La sólida actividad transfronteriza de la región y un entorno regulatorio estructurado favorecen la adopción de tecnologías financieras. Nuestra infraestructura está diseñada para ayudar a las empresas a integrar activos digitales en sus operaciones con altos estándares de seguridad y gobernanza", señaló Richard Meng, cofundador de Cregis.

Argentina, Brasil y México: tres dinámicas distintas

La adopción de estos activos no es homogénea y responde a realidades económicas distintas.

En Argentina, la inflación y las restricciones cambiarias consolidaron a las stablecoins como una herramienta de resguardo de valor. De acuerdo con Chainalysis, el 61,8% del volumen total de transacciones cripto del país involucra este tipo de activos, muy por encima del promedio global.

En Brasil, en cambio, el foco está más puesto en la institucionalización del mercado. La Ley 14.478/2022 sentó las bases regulatorias del sector y el Banco Central continúa avanzando en nuevas normas. En paralelo, el volumen de operaciones sigue creciendo: el país registró R$227.000 millones en transacciones con criptoactivos en el primer semestre de 2025, con fuerte predominio de stablecoins vinculadas al dólar.

México presenta otra lógica: el impulso proviene del mercado de remesas. Con más de US$63.000 millones recibidos en 2023, según el Banco Mundial, el país se posiciona como un terreno fértil para soluciones que busquen reducir costos y acelerar transferencias entre Estados Unidos y América Latina.

Un terreno en evolución que redefine el sistema de pagos

Con estos tres mercados entre los más relevantes de la región, el avance regulatorio y el creciente interés corporativo empiezan a delinear una nueva etapa para los activos digitales en América Latina.

En ese escenario, distintos actores del ecosistema —desde fintechs hasta proveedores de infraestructura como Cregis— comienzan a posicionarse para un eventual cambio de paradigma: que las stablecoins dejen de ser solo un instrumento financiero alternativo y pasen a cumplir un rol más estructural en el sistema de pagos internacional.

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