El clima se recalienta en redes sociales, las quejas se multiplican y el tono sube. Ualá se convirtió en la cara visible de un problema que ya no pasa desapercibido.
"Que se joda por usurero el dueño de Ualá", escribe un usuario. Otro habla de una "bomba de tiempo" al mencionar que casi 100.000 deudores ya caen en mora dentro de una cartera de más de 300.000.
También aparece la otra mirada: usuarios que defienden el rol del unicornio liderado por Pierpaolo Barbieri y destacan su impacto en inclusión financiera.
El debate escala y la discusión se vuelve más emocional que técnica. Pero detrás del ruido hay un dato concreto que explica el fondo del problema.
La mora cruza un umbral clave y enciende alarmas
La morosidad dejó de ser un indicador marginal para pasar al centro de la escena.
En Argentina, los impagos en créditos a familias se acercan al 10%. Es un nivel sensible para el sistema financiero: cuando se cruza ese umbral, el riesgo deja de ser aislado y toma carácter sistémico.
El economista Francisco Martinelli Massa, del CEPA, lo resume con claridad. "La situación es crítica particularmente en familias, no tan así en empresas. Está escalando hasta casi el 10%", precisa.
El fenómeno no distingue modelos y su impacto llega también a bancos tradicionales. La consultora 1816 advierte que la mora se triplicó en un año. El deterioro atraviesa toda la economía: el problema no es quién presta, sino quién puede pagar.
Por qué Ualá queda en el foco
En ese contexto, Ualá concentró buena parte de la atención en las últimas horas. La explicación tiene lógica: es una de las compañías más masivas del país y llega a millones de usuarios, muchos de ellos fuera del sistema bancario tradicional.
Ese perfil marca la diferencia. Clientes con menor acceso al crédito encuentran en estas plataformas una puerta de entrada, pero también asumen más riesgo.
La ecuación es directa: cuando el crédito se vuelve más accesible, también se amplía la probabilidad de incumplimiento. Cuando se democratiza el crédito, también se democratiza el riesgo.
El problema real: ingresos que no alcanzan
El foco en una empresa puede simplificar el análisis, pero no explica el fenómeno. La raíz del problema está en la macroeconomía: caída del poder adquisitivo, tasas elevadas, inflación persistente y endeudamiento previo.
El crédito se usa para cubrir consumo básico. Martinelli Massa aporta una clave: "La verdadera razón es que los préstamos se toman para consumo. No son hipotecarios o prendarios. Son para tarjetas y préstamos personales", detalla.
Ese dato cambia el eje. No hay inversión productiva ni activos de respaldo. Hay consumo financiado. En ese escenario, la mora no sorprende.
Fintech vs bancos: dos modelos, un mismo riesgo
La diferencia entre fintech y bancos aparece en la forma de gestionar ese riesgo. Los bancos operan con más filtros: tienen acceso a ingresos, cuentas sueldo y herramientas de cobranza más robustas.
Las fintech juegan otro partido. Ofrecen inclusión y llegan donde el sistema tradicional no llega, pero asumen mayor exposición: no pueden debitar directamente de salarios ni asegurar el cobro.
El repago depende del usuario. Cuando ese vínculo se rompe, la mora crece más rápido y las fintech quedan en la primera línea del impacto social.
La respuesta de Ualá y el dato que cambia la lectura
Desde la empresa buscan poner contexto. Explican que gran parte de los indicadores elevados responden a un efecto contable: tras obtener la licencia bancaria, trasladan los créditos de mejor rendimiento al banco, y en la cartera original quedan los casos más problemáticos.
Eso distorsiona la foto. Además, a diferencia de los bancos, Ualá no aplica aún el mecanismo de write-off, que elimina créditos incobrables de los balances. Si se aplicara ese criterio, aseguran, la mora rondaría el 17%, un nivel más cercano al promedio del sistema.
También reconocen el contexto: desde mediados de 2025, el deterioro de la cartera impacta en toda la industria. Las tasas altas reducen la demanda de los perfiles más sólidos y elevan el peso relativo de los deudores en problemas.
El crédito digital crece rápido, más rápido que su capacidad de control.
Martinelli Massa deja una advertencia sobre ciertas prácticas que circulan en redes: algunos usuarios sugieren que es momento de tomar un préstamo para no pagarlo, bajo el argumento de que "total, le pido a alguien que está por fundir y no devuelvo más esa plata".
"Yo no recomendaría hacerlo, porque vos querés hacer registros de deudores", afirma el experto. El dato expone el riesgo de naturalizar el incumplimiento.
El enojo apunta a Ualá, pero el problema es estructural. En una economía frágil, el crédito deja de ser solución y se convierte en síntoma.