La red de Bitcoin registró un aumento del 15% en su dificultad de minería hasta 144,4 billones, el mayor salto porcentual desde 2021, en un contexto de recuperación del hashrate global.

El ajuste se produce mientras el poder de cómputo vuelve a aproximarse a 1 zettahash por segundo, reflejando una reactivación de la actividad tras semanas marcadas por volatilidad operativa.

Este movimiento ocurre después de una caída previa del 12% en la dificultad, vinculada a una contracción del hashrate provocada por una severa tormenta invernal en Estados Unidos.

Aquella interrupción obligó a operadores de gran escala a reducir temporalmente sus operaciones, generando el retroceso más pronunciado en la actividad minera desde finales de 2021 dentro del ecosistema.

Del récord al ajuste: precio, hashrate y nuevo equilibrio

En octubre pasado, Bitcoin alcanzó un máximo histórico cercano a 126.500 dólares, mientras el hashrate marcaba un pico aproximado de 1,4 zettahash por segundo, consolidando una fase expansiva.

Tras la corrección del precio hasta alrededor de 60.000 dólares en febrero, el poder de cómputo descendió de forma significativa hasta 0,7 zettahash por segundo, acompañando el deterioro de rentabilidad.

Luego del ajuste a inicios de febrero, el hashrate alcanzó un nuevo máximo sobre 1,24 zettahash por segundo el 15 de febrero, mostrando una recuperación técnica relevante.

Sin embargo, desde ese punto el indicador volvió a exhibir una tendencia descendente, evidenciando que la estabilidad del poder de cómputo depende todavía de condiciones económicas externas.

La dificultad mide qué tan complejo resulta encontrar un bloque y se recalibra cada 2.016 bloques, aproximadamente cada dos semanas, para sostener intervalos promedio cercanos a 10 minutos.

Costos más elevados y un giro estratégico hacia la IA

El reciente incremento de la dificultad eleva los costos de minería y obliga a los operadores a optimizar eficiencia energética, hardware y estructuras financieras para preservar márgenes.

Quienes cuentan con acceso a energía barata mantienen su ventaja competitiva y continúan operando pese a la compresión de rentabilidad derivada de las mayores exigencias técnicas en la red.

Un ejemplo es Emiratos Árabes Unidos, que mantiene aproximadamente 344 millones de dólares en ganancias no realizadas provenientes de sus operaciones de minería de Bitcoin.

En paralelo, durante este año varias compañías mineras que cotizan en bolsa comenzaron a reasignar parte de su capacidad energética y computacional hacia centros de datos de inteligencia artificial.

Estos movimientos incluyen infraestructura orientada a computación de alto rendimiento, buscando diversificar sus ingresos frente a márgenes cada vez más estrechos en la actividad tradicional de minería.

La empresa Bitfarms anunció recientemente un cambio de marca que elimina la referencia directa a Bitcoin, alineándose con una estrategia más centrada en infraestructura de IA.

Por su parte, el inversor activista Starboard Value solicitó a Riot Platforms profundizar su incursión en operaciones de centros de datos orientados a inteligencia artificial.

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