El dólar volvió al centro de la escena en el inicio de la primera semana completa bajo el nuevo régimen de bandas cambiarias.
Tras el fuerte movimiento del viernes, cuando el tipo de cambio oficial anotó su mayor suba diaria en seis semanas, el mercado siguió de cerca cada señal del Banco Central y del Ministerio de Economía, en un contexto atravesado por vencimientos de deuda, presión sobre las reservas y un frente internacional cargado de ruido.
El debut del esquema dejó una lectura ambigua. Por un lado, el Gobierno habilitó mayor flexibilidad en la cotización, un gesto que el mercado leyó como necesario para recomponer reservas.
Por otro, todavía no aparecieron señales claras de compras netas de dólares por parte del BCRA, un punto que alimenta la cautela entre inversores y operadores.
Desde el mercado explican que "dejaron correr un poco más el precio, pero no se observan cambios concretos en la estrategia de intervención".
Según operadores, el Central continuó vendiendo divisas por cuenta y orden del Tesoro, una dinámica que se repite desde hace semanas y que contrasta con la expectativa oficial de acumulación de reservas.
Dólares financieros en tensión y brecha elevada
En el segmento financiero, el dólar MEP y el Contado con Liquidación se mantienen en niveles elevados tras el salto del viernes.
El MEP inicia la semana en torno a los $1.481, mientras que el CCL opera cerca de los $1.544. El dólar blue se muestra estable en $1.530 y el dólar cripto ronda los $1.537, según operadores del mercado.
"La persistencia de estos valores refuerza la percepción de que la demanda de cobertura sigue firme", señala a iProUP el economista Raúl Alvarado.
A su entender, "el nuevo esquema todavía no genera incentivos claros para desarmar posiciones dolarizadas, especialmente en un contexto de tasas volátiles y señales monetarias restrictivas".
Reservas bajo la lupa y un pago clave por delante
La atención de los inversores se concentra ahora en las reservas internacionales, una variable crítica de cara al vencimiento de deuda del viernes 9 de enero. Ese día, el Gobierno enfrenta pagos por unos u$s4.200 millones correspondientes a bonos Bonares y Globales.
Si bien el Ejecutivo aseguró que cuenta con los recursos para cumplir, aún no detalló el mecanismo que utilizará. Según estimaciones de BAVSA, al Ministerio de Economía todavía le faltarían cerca de u$s1.300 millones para completar el pago.
A este escenario se suma la liberación de más de u$s20.000 millones del blanqueo de capitales de 2024 desde el 1° de enero y la futura habilitación para que las empresas giren utilidades correspondientes a balances de 2025, dos factores que agregan presión potencial sobre el mercado cambiario.
Venezuela, geopolítica y reacción de los mercados
El frente internacional también aportó volatilidad. La detención de Nicolás Maduro captó la atención de los mercados y se reflejó de inmediato en los precios de los bonos venezolanos en default, que escalaron hacia la zona de los 30 centavos por dólar, uno de los niveles más altos desde 2019.
El movimiento fue leído como una apuesta a un eventual cambio de régimen que reabra la puerta a una reestructuración de deuda y a una reinserción gradual de Venezuela en los mercados financieros, aunque ese escenario todavía luce lejano.
En paralelo, el petróleo se consolida como uno de los indicadores a seguir. Si bien el crudo venezolano tiene un peso limitado en el mercado global, un endurecimiento de las sanciones podría generar subas moderadas y transitorias en el Brent y el WTI. En escenarios de tensión geopolítica, las acciones vinculadas a Defensa y a los metales suelen captar mayor demanda.
Una semana bajo presión para el dólar y las reservas
Con el nuevo régimen cambiario en pleno testeo, un vencimiento de deuda relevante en el horizonte y un escenario internacional inestable, el mercado enfrenta una semana decisiva. La incógnita pasa por la capacidad del Gobierno para sostener la estabilidad cambiaria, cumplir con los compromisos externos y, al mismo tiempo, enviar señales creíbles de acumulación de reservas.
La respuesta del Banco Central, tanto en el frente cambiario como en el de tasas, será determinante para marcar el pulso financiero de los primeros días de 2026.