"Mi empresa funciona sola": el testimonio del primer argentino con una sociedad operada por IA

La Ley de Sociedades que crea las empresas autónomas ya tiene un antecedente en Argentina con una compañía que opera totalmente por IA
Startups
15.08.2026 • 06:15hs • Startups

Puntos importantes

Ultra Deep Tech, empresa con sede en Argentina y EE.UU., opera su sistema System Zero de forma autónoma durante 112 días, marcando el camino de la IA.

El proyecto de ley en el Senado busca legalizar sociedades constituidas por IA, permitiendo que estas entidades operen sin presencia humana constante.

La clave del modelo es la gobernanza humana sobre la IA mediante un rastro forense auditable, transformando al dueño de operador a estratega del negocio.

Mientras el Senado desempolvó esta semana la reforma de la Ley de Sociedades, que prevé empresas sin humanos y completamente constituidas por Inteligencia Artificial, una empresa argentina ya vive en primera persona la operación total por IA, anticipando ese marco jurídico que propone el proyecto del Gobierno.

Cómo es la primera empresa argentina operada por IA

Ultra Deep Tech (UDT) es una empresa totalmente operada por IA. Su creador, Avi Pilcer explica que se especializa en la creación de sistemas autónomos para empresas de software. Cuentan con un producto principal denominado System Zero, el cual ha operado de manera completamente autónoma en producción durante 112 días. Actualmente, tiene su sede matriz en Delaware, Estados Unidos, y posee una sucursal en Argentina.

"La diferencia fundamental entre una empresa que usa herramientas como ChatGPT y una sociedad operada por IA radica en la autonomía operativa: no es solo una herramienta. El sistema no asiste al negocio, sino que es la operación del negocio", indica Pilcer en diálogo con iProUP, y precisa que "el sistema toma decisiones, ejecuta tareas, se corrige a sí mismo y deja registro de todo sin intervención humana constante".

En este sentido, compara:  que "Mientras que automatizar tareas es como poner el piloto automático a un avión que aún requiere un piloto, una sociedad operada por IA es como una aerolínea entera funcionando sola (rutas, mantenimiento, contabilidad), donde los humanos solo definen el destino y supervisan".

"Sin embargo, la responsabilidad legal recae en las personas porque aún no existe un estatuto legal para estas entidades. La empresa está constituida y operada por personas en este momento", explica Picer.

Por este motivo, añade, "existe una gran expectativa sobre el proyecto de ley que permitiría la existencia de sociedades integradas totalmente por IA, sin humanos en la operación diaria".

Las claves de la primera sociedad gobernada por IA

"Argentina podría fijar el estándar mundial en esta materia al ser de los primeros en definir las reglas de este nuevo juego tecnológico", sostiene Pilcer.

Cómo es el funcionamiento diario de la sociedad de IA

Pilcer comenta que le preguntó a su IA cuál era el mejor medio para hacer esta nota y le respondió que iProUP, por lo cual el empresario responde las siguientes preguntas:

¿Cómo se determina la responsabilidad legal si una empresa opera de forma autónoma 24/7?

La responsabilidad legal siempre recae en un humano, específicamente en el dueño o la sociedad, ya que la IA no es un sujeto legal sino un "apoderado con límites" o un instrumento sofisticado.

El marco legal introduce la trazabilidad obligatoria, permitiendo que cualquier disputa se resuelva mediante un "rastro forense" que registra qué información tenía el sistema, qué regla aplicó y quién definió esa regla.

¿Qué implica en la práctica que una empresa lleve más de 100 días operando de forma autónoma?

Significa que el sistema ejecuta procesos operativos, monitorea el funcionamiento, detecta errores y los repara por sí mismo sin intervención humana constante.

El rol del dueño cambia de operador a gobernador, encargándose de definir la estrategia, los límites y las reglas, mientras que el sistema escala los problemas solo cuando se encuentran fuera de su marco establecido.

¿Cómo se gestionan las sorpresas o decisiones inesperadas del sistema?

Las sorpresas no se ven como fallos, sino como prueba de una autonomía genuina: si un sistema no sorprende, es solo un script. Cuando ocurre una decisión inesperada, se utiliza el registro para reconstruir el proceso, ajustar la regla y asegurar que ese tipo de situación no se repita sin control, lo cual constituye la gobernanza real.

¿De qué manera se resuelve el temor a no saber qué está haciendo la IA?

El miedo se combate con evidencia a través de un rastro forense de decisiones, similar a la caja negra de un avión. En este modelo, la confianza no es un acto de fe, sino de verificación constante, bajo la premisa de que "la autonomía se compra con auditabilidad".

¿Cómo se abordan los sesgos en un sistema autónomo?

Aunque la IA puede heredar sesgos de los datos, la ventaja sobre el sesgo humano es que el de la máquina es medible, testeable y corregible. Se pueden realizar miles de pruebas para detectar patrones de sesgo, corregir la regla o los datos, y dejar constancia de dicha corrección en el registro.

¿Qué se le puede mostrar a un juez o regulador ante una auditoría?

Se puede ofrecer una reconstrucción completa en minutos con prueba criptográfica de que los datos no han sido alterados. A diferencia de una empresa tradicional que depende de correos sueltos o memorias selectivas de empleados, un sistema autónomo bien construido proporciona la verdad completa, permitiendo rendir cuentas al 100%.

¿Qué tipo de empresa argentina puede operar bajo este modelo hoy? ¿Es solo para grandes o una Pyme también puede?

Contrario a la creencia popular, la Pyme es la que más ventaja tiene porque puede rediseñar su operación en meses, mientras que una corporación tarda años debido a sus comités y sistemas.

Los candidatos ideales son empresas con procesos repetitivos de alto volumen, como servicios profesionales, e-commerce o backoffice. Lo fundamental es que el dueño esté dispuesto a ver su negocio como un sistema y no como un grupo de personas "apagando incendios".

¿Esto destruye el empleo o lo transforma? ¿Qué pasa con las personas cuyas tareas ahora hace el sistema?

El proceso transforma el empleo. Si bien algunas tareas desaparecen, la necesidad de personas persiste, pero su rol cambia: pasan de ejecutar tareas a gobernar sistemas. El trabajador deja la repetición para usar su criterio, supervisando a la máquina y manejando las excepciones.

El riesgo real no es la tecnología en sí, sino quedar rezagado frente a otra persona que ya sepa gobernar estos sistemas.

¿Cuánto cuesta y cuánto tarda una empresa en ver resultados reales? ¿Qué se le dice a quien promete resultados en una semana?

Prometer resultados en una semana es vender una "demo", no un sistema real: un sistema confiable es una maratón de aprendizaje, no un interruptor. Los resultados verdaderos se ven en meses, ya que el valor reside en el aprendizaje acumulado y las reglas ganadas a través de errores.

En cuanto al costo, el diseño es deliberadamente barato porque la eficiencia es parte del sistema y no todo requiere el modelo tecnológico más costoso.

¿Cómo será la empresa argentina promedio en 2031?

En 2031, preguntar cuánta gente trabaja en una empresa será una pregunta obsoleta. El organigrama se achatará, eliminando capas de coordinación intermedia, ya que los sistemas autónomos coordinan mejor.

La imagen del futuro es una empresa de 15 personas facturando lo mismo que hoy factura una de 60, donde el equipo humano se enfoca exclusivamente en estrategia, relaciones y criterio.

¿Puede Argentina exportar infraestructura y no solo talento? ¿Qué le falta al ecosistema local?

Argentina tiene la oportunidad de dejar de exportar solo "cerebros" para empezar a exportar sistemas e infraestructura que corran para todo el mundo. No falta talento (de hecho, sobra), sino que falta un marco legal adecuado, capital que apueste al largo plazo y la confianza de que el país puede liderar y no solo proveer servicios.

¿Qué le dice al empresario que cree que esto todavía no es para él?

El error es pensar que es una decisión de "cuándo" y no de "quién". El que empieza hoy acumula un historial operativo y datos que no se podrán comprar en el futuro. La recomendación no es transformar toda la empresa de golpe, sino empezar hoy con un solo proceso repetitivo y medible; en seis meses, ese aprendizaje valdrá más que cualquier teoría.

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