Armar un currículum vitae solía ser una tarea artesanal, casi de orfebrería, para poder destacarse entre tantas hojas de información que llegaban a las empresas. Desde cómo presentar los datos para ‘venderse’ mejor hasta, en algunas ocasiones, esperar horas en la puerta de una oficina a que llegara la persona indicada para dárselo. En muchos otros casos, quedaba archivado en una mesa de entrada.

LinkedIn apareció hace más de 16 años para patear la mesa del networking, que hasta el momento se limitaba a los eventos sociales o referencias personales, y de las búsquedas laborales.

Nació de la mente de Reid Hoffman, un intelectual que no había tenido suerte en el negocio de las redes sociales por haber llegado "demasiado temprano" y, según sus propias palabras, vio la luz "en medio del invierno de las puntocom".

Sin embargo, nutrido de conocimientos en filosofía y el arte de la estrategia, aprendidos gracias a pasar horas y horas analizando juegos de mesa, consiguió crear una comunidad online que interpeló directamente a las empresas.

A pesar de que siempre es difícil introducir cambios, esta plataforma caló hondo en la manera en que las compañías buscan talento y, del mismo modo, les sirvió como herramienta a los empleados para tener acceso directo a directivos y firmas, al alcance de un clic.

Hoffman pasó de la ‘Mafia PayPal’ (grupo de antiguos empleados y fundadores de PayPal, entre los que se encuentra Elon Musk) a construir su propio emprendimiento en apenas seis meses, de la mano de antiguos compañeros de trabajo y de la universidad.

Con él al mando, como CEO, la firma creció. Aunque en el camino, como en todo proyecto, hubo piedras y algunas bastante difíciles de erosionar. "Estás parado detrás de mí, diciéndome: ‘Haz esto, haz lo otro’", llegó a decirle un alto ejecutivo al gran fundador de LinkedIn poco antes de abandonar su puesto.

No obstante, la empresa tomó una de sus decisiones más importantes a mediados de 2016, cuando se dio cuenta de que, si quería seguir escalando, precisaba una estructura más amplia, más allá que, de por sí, ya se había convertido en un referente del universo techie.

Microsoft y sus u$s 26.200 millones aparecieron en escena. Ahora, con más de 645 millones de usuarios y 15.000 empleados en 30 ciudades, el desafío LinkedIn es acostumbrarse a ser la subsidiaria de un gigante y recuperar la senda de la ganancia, la cual abandonó hace ya algunos ejercicios.

Los inicios

Hoffman nació en Palo Alto, California, y creció bajo el ala de padres abogados de izquierda (ideales que luego le traerían más de una discusión política con su amigo republicano, Peter Thiel). A los 10 años desarrolló un especial cariño por los juegos de mesa, con especial atención a un clásico del mundo nerd, Dungeons & Dragons (Calabozos y dragones).

Sus ganas de ser independiente y aprender cosas nuevas lo llevaron a pedirle a su familia que lo inscribiera en un colegio pupilo en Vermont donde, además de las típicas clases, también incursionó en la carpintería, cerrajería y manualidades.

Este bagaje lo influenció para elegir qué carrera seguir. Le gustaba saber cosas, usar herramientas y conocimientos de diversas áreas para aplicarlas a lo cotidiano. Por eso decidió anotarse en la Universidad de Stanford para estudiar Symbolic Systems, un curso exclusivo de esa entidad que abarcaba desde filosofía hasta matemática y computación.

Tras completarla, no eligió el ‘camino del héroe’ típico de recibirse e iniciar su propia empresa, sino que hizo algo fuera de lo común para la mayoría de los emprendedores tech de Silicon Valley: cursó una maestría en filosofía en Oxford.

Su deseo era, en un comienzo, "convertirse en un intelectual", pero se dio cuenta que el mundo académico, de ensayos y papers, no era suficiente para lograr un impacto real. Sin embargo, Hoffman asegura que el estudio de tratados filosóficos mejoró sus habilidades analíticas.

En tanto, su mirada estratégica la obtuvo de los juegos de mesa, especialmente del Settlers of Catan, creado por el mecánico dental alemán, Klaus Teuber.

"Me conecté con inversores de venture capital. Me preguntaron si había desarrollado algo antes ya que les estaba pidiendo que invirtieran millones en mi idea. Cuando les dije que no, me respondieron: ‘Primero conseguí trabajo’". Fue así como inició su carrera en Apple y luego se desempeñó en el área de product management de Fujitsu hasta 1997.

Creyó haber recolectado experiencia suficiente para dar el salto y creó su primer emprendimiento, SocialNet, una red social para conseguir compañero, ya sea amoroso, roommate o porque faltaba uno para el Truco.

"Aprendí algo de esa iniciativa: todo lo bueno que sos construyendo un buen producto también tenes que serlo para entender su estrategia de distribución", aseguró. El modelo de negocios no funcionó y dejó el proyecto en 1999.

Uno de sus amigos más cercanos de la época universitaria, Peter Thiel, lo tentó para unirse a su plataforma de pagos Confinity. Al poco tiempo, esta se fusionó con X.com, fundada por Elon Musk, y dio lugar a PayPal, donde Hoffman ocupó el puesto de VP Ejecutivo y encargado del desarrollo del negocio.

Ahí se gestó la llamada ‘Mafia PayPal’, integrada por varios directivos y empleados de la firma que, tras su salida, dieron inicio a emprendimientos de renombre, como el caso de Musk, con SpaceX; el trío de fundadores de YouTube y los creadores de Yelp.

En 2002, eBay compró la empresa por u$s1.500 millones y con ese dinero Hoffman decidió, otra vez, que era su momento. Aunque, en esta ocasión, no fallaría.

El proyecto

"¿Cómo hago para que la humanidad evolucione?", se preguntó Hoffman, una duda más filosófica y profunda, difícil de vender en un pitch a los inversores.

Trató de achicar un poco más su panorama. Y, finalmente, la conclusión arribó: "La noción de lograr que todos estén mejor preparados a través de su network para maximizar su oportunidad económica es una manera de avanzar como sociedad". Así nació LinkedIn, como una plataforma para conectar personas, más enfocada en la veta laboral.

El proyecto se inició formalmente a fines de 2002, pero recién entró en línea en mayo de 2003. Si bien la cantidad de miembros no crecía como esperaba, esa no era su prioridad para el primer año, sino que aspiraban a lograr una buena base, lo suficientemente grande como para que realizar búsquedas y publicar ofertas valiera la pena.

El capital semilla fue aportado por Hoffman, quien se encargó de diagramar al equipo fundador. No obstante, al poco tiempo, la compañía consiguió su primer gran apoyo con una serie A de u$s4,7 millones liderada por Sequoia.

De los cinco miembros fundadores, el único que aún se desempeña en la empresa es Allen Blue, ex director de diseño de producto de SocialNet y VP de Producto en LinkedIn.

En 2006, dos de los fundadores abandonaron el barco: el alemán Konstantin Guerike se convirtió en CEO de la startup Jaxr, aunque la experiencia le duró solo dos años; y el vietnamita Eric Ly, CTO durante el primer trienio, optó por fundar sus propios emprendimientos.

La burbuja puntocom y su faceta como inversor

Su modelo de negocios se enfocaba en tres unidades. Las dos principales tenían que ver con el ‘reclutamiento’, es decir, con brindarles herramientas a los cazatalentos para que pudieran encontrar al mejor candidato, y las suscripciones, que otorgaban a los miembros premium mejores armas para crear los perfiles y realizar búsquedas.

La tercera, y en la que el equipo tenía menos confianza, eran los anuncios online. A esto se le sumaba que 2002 no era un gran momento para iniciar un negocio en internet.

Hoffman tenía la fuerte convicción de que "comenzar un negocio durante una crisis económica juega a favor. Es más difícil levantar capital, pero si lo lográs te da una ventaja".

Para 2004 ya había conseguido su segunda ronda de financiamiento con u$s10 millones. En tanto, los miembros crecían a pasos agigantados. Dos años después de su serie B no solo había conseguido su primer ejercicio con profit sino que también había alcanzado los 9 millones de usuarios.

En ese momento, Hoffman se dio cuenta de que necesitaba a alguien que se hiciera cargo de la dirección ejecutiva, ya que él sentía que podía aportar más desde el lado del producto. Por eso contrataron a Dan Nye como CEO, bajo cuya conducción la compañía llegó a los 35 millones de miembros.

Dos años después, Nye dejó sorpresivamente la empresa. "La estructura era compleja. Había dos CEOs y uno era el principal accionista", relató el ejecutivo saliente. Asumió el mando Jeff Weiner, ex directivo de Yahoo! y Warner Bros, quien terminó siendo el candidato ideal para el puesto. "Actuaba como si fuera uno de los fundadores", explicó Hoffman.

Hoffman siempre se mantuvo cerca de la empresa como chairman, sin embargo, la dirección no era lo suyo. Entonces dio inicio a su faceta como inversor, al mismo tiempo que controlaba que su auto no chocara.

Se transformó en socio del fondo Greylock Partners y encaró apuestas exitosas como Airbnb y Flickr. Su mayor acierto sucedió en 2004 cuando un joven Mark Zuckerberg le pidió que invirtiera en su compañía. Si bien el desembolso grande lo hizo Thiel, el fundador de LinkedIn inyectó su parte.

Números en rojo, éxito en la web

En su octavo aniversario, LinkedIn debutó en el mundo bursátil. Vendió 7,48 millones de acciones a u$s45, de modo que quedó valorada en u$s4.250 millones (se había convertido en unicornio en 2008). La cotización se disparó más de un 80% durante su segunda jornada en el parqué neoyorquino. Para ese año sumaba dos miembros nuevos por segundo.

Este éxito se cimentaba en la confianza de los inversores y no tanto en los balances de la compañía que, en 2009, habían vuelto a estar en rojo (pérdidas por u$s4 millones).

El 2015 fue su último ejercicio completo en la Bolsa, ya que Microsoft procedió a su delisting en 2016. Para ese entonces, LinkedIn facturaba u$s2.991 millones y su quebranto fue de u$s166 millones.

El principal eje de facturación (60%) era la unidad de Talent Solutions, integrada por la herramienta para reclutadores y una plataforma de contenidos vip, seguido por los anuncios (conocido como Marketing Solutions) con el 20% y las suscripciones con el 17%.Desde su incorporación a la cartera de productos de Microsoft, la empresa se mantiene independiente pero oficialmente es una subsidiaria del gigante de Redmond. En 2019 (el ejercicio va de junio a junio) sus ingresos subieron un 28% y sobrepasaron los u$s 6750 millones.

Sin embargo, en su reporte anual, Microsoft detalla que LinkedIn fue uno de los principales responsables del incremento en sus costos: desde gastos de marketing hasta los administrativos. A su vez, adquirió la plataforma Glint, que provee insights sobre la cultura corporativa de una empresa, para expandir su oferta para recruiters.

De todas maneras, y a pesar del balance en rojo, la empresa logró su cometido: pasó de 112 miembros a más de 600 millones en una década y media, y entre sus usuarios aparecen ejecutivos de las principales industrias del mundo, aquellas personas cuyas decisiones mueven miles de millones de dólares todos los días. La carta de presentación se convirtió, hoy en día, en una solicitud de "Conectar" en LinkedIn.

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