Tenemos el privilegio de vivir inmersos en el proceso de innovación más fructífero de la historia del hombre. Jamás se crearon tantos productos y servicios nuevos que elevaran drásticamente la calidad de vida de los seres humanos, en tan corto tiempo y con enorme impacto.

Se han desarrollado tecnologías y servicios asociados a ella, que han revolucionado la civilización en unos pocos años: la computación y las telecomunicaciones son un claro ejemplo del cambio profundo generado en las personas y empresas en el transcurso de un par de décadas, eficientizando enormemente el sistema capitalista.

Por eso las industrias innovadoras ocuparon en poco tiempo el tope del ranking de valuación de empresas, después de décadas de dominio de la "vieja economía": industria automotriz, hotelería, Banca, etc.

Pero este cambio es mucho más profundo de lo que se cree, porque la tecnología y los servicios están acelerando su desarrollo: más mejoras y eficiencias en menor tiempo en prácticamente todos los campos de la actividad humana. ¿Pero cómo impacta la innovación en las empresas?

Es obvio que la tecnología es la gran impulsora de constantes innovaciones que impactan de modo profundo en las organizaciones empresariales. El desarrollo tecnológico crea nuevas oportunidades para que las empresas mejoren su eficiencia y/o generen nuevos productos y servicios.

Si se piensa en los negocios, hay una forma de innovación consistente en la mejora de la gestión empresarial con nuevos procedimientos, utilización de tecnología y automatización que mejoran la calidad y definen nuevas formas de satisfacer al cliente. Son sólo algunas ideas de lo que puede ser y conseguir la innovación y ayuda a las empresas a crecer y ser más competitivas.

Es tan intensa y relevante la generación de innovaciones para las empresas, que las mismas se ven desafiadas a adoptarlas o perder competitividad. Un ejemplo paradigmático negativo de la adopción de innovaciones es el de Kodak ante la irrupción de la fotografía digital.

Cabe entonces preguntarse por qué para las empresas la buena noticia de la innovación es en realidad un desafío. Una primera aproximación para responder es que un buen gerente debe acotar riesgos.

Nada peor para una empresa, y en especial aquellas de cobertura global y/o que cotizan en Bolsa de Valores, que incurrir en riesgos no previstos y/o dar resultados no esperados. Muchas innovaciones tardan en ser adoptadas por las empresas o peor, son rechazadas. ¿Por qué? ¿Sólo porque los managers que evalúan innovaciones priorizan acotar los riesgos que implican?

El problema en esos casos los excede. Aquí se trata de un problema estructural: se trata de la cultura de esas empresas. ¿Y por qué es cultural? No ha existido era en la humanidad que haya sido beneficiada por tanta innovación como la que se vive. Pero es obvio que al ser humano le es difícil asimilar tantos y tan profundos cambios, y mucho más si no es un ser nativo digital, que se define como la primera generación (nacidos a partir de 1990), que ha crecido con las tecnologías digitales y que son "nativos" del lenguaje de los ordenadores, videojuegos e Internet.

El problema cultural radica en que justamente muchos de los tomadores de decisiones del más alto nivel de las empresas aún no son nativos digitales. Y si son nativos digitales, muchos fueron y aún hoy son educados bajo modelos de aprendizaje "analógicos".

Muchas empresas declaran ante sus empleados que su compañía es innovadora. Pero pocas veces las empresas premian a quienes toman riesgos, y mucho menos prevén en sus planes anuales de negocios acciones concretas en favor de buscar activamente la innovación.

Se puede esperar que ese cambio cultural vaya sucediendo a medida que se renuevan las generaciones que toman decisiones en las compañías, de manera que incentiven la adopción de la innovación.

El riesgo de innovar es cada vez menor y es muy simple de demostrar. La tecnología digital ha logrado que podamos equivocarnos cada vez más en menor tiempo y con menor costo para lograr un resultado óptimo. O sea, un círculo virtuoso de mejora donde el tiempo de aprendizaje se redujo dramáticamente, y por ende el costo del mismo. Esta es una revolución que avanza aún más con la realidad virtual, por dar un ejemplo. Desde el concepto a la instrumentación de prácticamente cualquier producto o diseño, cada vez "arriesgamos" menos dinero y tiempo.

Se entiende que, además de un cambio cultural, debiera ponerse foco en dedicar un espacio en los planes estratégicos y en el seguimiento de las iniciativas de innovación. Y es clave dar un margen de maniobra a los Managers en cuanto a "arriesgar" una porción acotada de su presupuesto a la innovación: potenciales pérdidas acotadas debido a innovaciones donde el objetivo es el aprendizaje.

Por lo tanto, cuando las barreras culturales terminen de desaparecer, la tecnología digital se insertará a pleno en las empresas y acelerará aún más el progreso de esta era de cambios y mejoras radicales en nuestras vidas.

*David Castiglioni, Docente de UADE Business School.

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