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Todo lo que sube, baja: 5 empresas que se derrumbaron con la evolución tecnológica

Todo lo que sube, baja: 5 empresas que se derrumbaron con la evolución tecnológica
La falta de visión empresarial, apostarlo todo a un solo negocio o negarse a ver los cambios que se producen en la industria, las causas de la caída
21.10.2019 09.29hs Innovación

La historia está repleta de compañías tecnológicas que pasaron del liderazgo a su bancarrota. Algunos casos son bien conocidos, como los fracasos sonados de Blockbuster o Nokia. Otros son menos populares, como los de Napster, AltaVista o Kodak.

Como explica Business Insider, la falta de visión empresarial, apostarlo todo a un solo negocio o negarse a ver los cambios que se producen en la industria a todas horas son las principales causas de estos descalabros.

Pensando en este contexto, se pueden pensar en diversas multinacionales que no entendieron el cambio que se vivía en sus sectores y no vieron que sus fieles clientes estaban evolucionando hacia otras latitudes. Estos son cinco casos conocidos:

Blockbuster

Quizás las nuevas generaciones ni hayan oído hablar de Blockbuster, pero hubo un día en que esta empresa fue la reina de la distribución de entretenimiento para el hogar. En octubre de 1985 abrió la primera tienda de Blockbuster en Dallas (Texas, EEUU) con un propósito muy claro: servir vídeos en VHS de manera local y bajo la fórmula del alquiler, siendo toda una revolución frente a las únicas alternativas del momento: los cines o la compra de las cintas de manera unitaria.

Una propuesta que caló rápido en un mundo cada vez más interesado en consumir películas y series de forma masiva y que no estaba dispuesto a pagar las enormes cantidades que la compra de un VHS suponía. En tan sólo dos años, Blockbuster ya tenía 15 tiendas en EEUU. Ocho años más tarde, eran 3.000 los establecimientos de esta marca en todo el mundo. Tanto fue el éxito de esta empresa que fue comprada por el gigante Viacom en 1994 por nada menos que 8.400 millones de dólares.

La expansión continuó su inalterable curso en los cursos siguientes, con la compra de Gamestation (uno de los principales distribuidores de videojuegos a escala internacional) o un nuevo servicio de distribución de vídeos directamente al hogar, por correo postal. Justo el mismo modelo de negocio que implantaría, allá por 1997, una pequeña startup que hoy conocemos por el nombre de Netflix.

Ese fue el punto de inflexión en esta historia. Desde el 97 hasta mediados de los 2000, Netflix no consiguió ni acercarse a la suela del zapato del gigante Blockbuster. De hecho, en 2000, el fundador de Netflix, Reed Hastings ofreció a los gestores de la multinacional la compra de su pequeña compañía -todavía deficitaria- por apenas 50 millones de dólares. Ya con el modelo del streaming en auge, ambas firmas compitieron frontalmente desde 2004, con un éxito galopante de Netflix y la condena al ostracismo para Blockbuster.

¿El resultado? En 2010, Netflix valía más de 2.200 millones de dólares y Blockbuster se declaró en bancarrota. Un clásico ejemplo de cómo seguir instaurado en un modelo de negocio clásico y no ver los cambios en los hábitos de los consumidores puede llevar a todo un coloso a desaparecer del mapa. Y también un recordatorio de la ironía de la vida que son los cambios de tornas y las puertas giratorias en la arena empresarial.

Kodak

Seguimos con ejemplos muy conocidos de empresas que han quedado grabadas en las cenizas de la eternidad pero borradas completamente del mapa actual. En este caso, la protagonista es Kodak, todo un gigante de la fotografía que lideró con puño de hierro este mercado durante casi medio siglo.

La compañía, con 120 años de vida, comenzó a fabricar cámaras fotográficas en 1975, con una propuesta muy sencilla y al mismo tiempo exitosa: democratizar el acceso a la fotografía, hasta entonces restringida a profesionales, con dispositivos muy fáciles de utilizar aunque no de la mejor calidad de imagen. Su idea caló rápido en el mercado y Kodak comenzó a copar todos los rankings industriales.

Además, Kodak supo ver otro detalle radical en este sector: el negocio no estaba tanto en la venta de la cámara -al fin y al cabo, una cámara tiene una vida útil de muchos años- sino en las películas fotográficas y el revelado de las imágenes. Ahí estaba el oro y ahí se enfocó la empresa, que llegó a copar el 90% del mercado norteamericano de películas para cámaras, dejando un margen ridículo para rivales como Fujifilm.

Sin embargo, llegó la era de la fotografía digital y ese lucrativo mercado de las películas dejó de tener sentido alguno. Y a diferencia de Fujifilm, Kodak no planteó ninguna alternativa de negocio ni tenía otras propuestas de valor que aportar a sus clientes. Además, la dependencia de Kodak de su negocio de películas era mayúscula: más del 70% de su facturación procedía de este segmento de actividad.

Un camino tortuoso hacia la nada que comenzó a mediados de la década de los 2000 y que culminaría en 2012, cuando Kodak se declararía finalmente en bancarrota.

Nokia

¿Quién no ha tenido un móvil Nokia en algún momento de su vida? Con toda probabilidad, la mayoría de nuestros estimados lectores contestará afirmativamente a esta pregunta. Y, sin embargo, hace años que esta popular marca de smartphones ha dejado de formar parte de la empresa original -que sigue manteniendo su nombre- y hasta llegó a desaparecer formalmente del mapa.

Nokia es quizás la empresa más potente de Finlandia. Fundada en 1865, esta compañía fabrica prácticamente de todo (desde televisores hasta bicicletas), pero ya en 1962 decidió centrar sus tiros en la pujante industria de las telecomunicaciones. Y lo hizo con una apuesta dual, que comprendía tanto el segmento profesional (equipos y antenas para operadores de telefonía, software y servicios industriales) como el de consumo, por el que se haría famosa.

El éxito de sus terminales para usuario final fue tal que Nokia llegó a representar, en sus buenos tiempos, alrededor del 15% de las exportaciones finlandesas y el 1,5% de su Producto Interior Bruto. Durante quince años, que se dice pronto, fue la marca de móviles más vendida en todo el planeta. Pero llegó el año 2007 y, con él, el principio del fin.

Ese curso, Apple lanzó el primer iPhone de la historia, que supuso toda una revolución en la forma de concebir el mercado de los smartphones, con un ecosistema abierto de aplicaciones y nuevas capacidades basadas en la creciente omnipresencia de las redes móviles de alta velocidad. De aquella, Nokia ya había consolidado su propio sistema operativo para el segmento de los smartphones, Symbian OS, pero su apuesta era más cerrada y menos ambiciosa que la planteada por Steve Jobs.

Ante este nuevo y potente competidor, Nokia permaneció impasible, siguiendo con su estrategia marcada. Y, cuando se quiso dar cuenta del fracaso que se avecinaba, en 2011, optó por abandonar Symbian OS en favor de Windows Mobile. Una elección totalmente incomprensible a largo plazo (Android ya se alzaba como el sistema operativo líder) que solo se entendió por la preferencia del CEO de Nokia en ese momento -Stephen Elop, ex de Microsoft- por Windows y por la enorme cantidad de dinero que los de Redmond aportaban para hacerse un hueco en una industria móvil a la que también llegaban muy tarde.

Finalmente, sería la propia Microsoft la que compraría en 2013 el negocio ya hundido de telefonía de Nokia por 5.440 millones de euros para, apenas unos años después -y con la llegada de Satya Nadella como nuevo CEO de la multinacional- discontinuar por completo la fabricación de smartphones y abandonar el proyecto de Windows Mobile. Tras unos años en que la marca desapareció literalmente del mercado, un grupo de inversores asiáticos y algunos extrabajadores de la firma se hicieron con los derechos de la enseña para volver a lanzar smartphones bajo el nombre de Nokia.

Mientras, la verdadera Nokia ha continuado existiendo y se ha revitalizado, eso sí, enfocada únicamente en el segmento profesional. En 2015, compró a su rival en las comunicaciones empresariales Alcatel-Lucent por 15.600 millones de euros, sumando más de 26.000 millones de facturación en conjunto.

Napster

Este caso está especialmente pensado para los más nostálgicos del lugar. Para el resto, he aquí algo de contexto: Napster fue una de las primeras startups digitales en cosechar un gran interés por parte de la incipiente comunidad de internautas, hace ya más de 20 años. Dos universitarios estadounidenses, Shawn Fanning y Sean Parker, crearon un programa P2P (parecido al tan popular eMule) que permitía descargar música en formato MP3 de manera completamente gratuita, aunque no del todo legal.

Obviamente, la combinación de música y gratis fue un éxito inmediato: más de 85 millones de usuarios en todo el mundo y más de 1.000 millones de búsquedas diarias confirmaron su despegue a los altares de la Red de Redes. Pero las arenas movedizas en que se movía Napster desde un punto de vista jurídico engulleron esta particular aventura.

Fue el grupo de rock Metallica el que se lanzó a la yugular de Napster con una demanda, apoyada por la industria discográfica norteamericana (RIAA), con el fin de cerrar Napster para siempre en base a una -obvia- vulneración de los derechos de autor de sus canciones. Un propósito que consiguieron en 2001, apenas dos años tras la fundación del servicio. Toda una lección de que conviene revisar los principios legales (y morales) de una aventura empresarial antes de lanzarse a emprender a lo loco.

En la actualidad, Napster ha vuelto a resurgir del olvido, pero ya no es lo que llegó a ser, ni en su modelo de negocio ni en su calado social. Ahora es un servicio de música legal en streaming, al más puro estilo Apple Music o Spotify, pero con menos de cinco millones de usuarios.

AltaVista

Y culminamos este repaso histórico por los cementerios de empresas digitales con otro clásico del sector: AltaVista. Aún en competencia directa con Yahoo! y antes del nacimiento de Google, AltaVista fue el buscador más importante del mundo y, además, uno de los pioneros, ya que fue fundado allá por 1995. Google, en comparativa, fue creado en 1998.

Su éxito fue enorme y la influencia en el sector, también. AltaVista llegó a manejar alrededor de 13 millones de búsquedas diarias en los anales de Internet, éxito que llevó al gigante de la informática Compaq a hacerse con la empresa en 1998.

Pero su tecnología no estaba a la altura del motor desarrollado por Google, con lo que su relevancia fue cayendo en picado para ser superado no solo por esta empresa, sino también por Bing de Microsoft o la propia Yahoo!. Sería en 2001 cuando Google protagonizó el particular 'sorpasso' a AltaVista, consiguiendo un trono que no ha soltado hasta la fecha.

En su declive, AltaVista pasó por varias manos hasta su extinción. En febrero de 2003, AltaVista fue comprada por Overture Services. Y ese mismo año, en octubre, Overture fue adquirida por Yahoo! que hizo convivir este buscador con su propio motor. Y, en 2009, en virtud de la alianza entre Yahoo! y Microsoft, AltaVista pasó a utilizar el motor de Bing, perdiendo cualquier valor propio. Ya en 2013, y en medio de la crisis financiera que vivió Yahoo!, la multinacional decidió cerrar para siempre este portal.

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