Puntos importantes
Anatoly Yakovenko, fundador de Solana, puso en duda el respaldo de Elon Musk y Sam Altman al freno a la inteligencia artificial impulsado por Anthropic y lo vinculó a la necesidad de esas compañías de mostrar rentabilidad justo cuando sus valoraciones rozan el billón de dólares.
El planteo de Yakovenko llegó a través de un mensaje en X en el que cuestionó la sinceridad del giro discursivo de las principales tecnológicas de IA.
Según su lectura, una empresa que alcanza una capitalización cercana a esa cifra y necesita justificarla con ganancias reales encuentra en la desaceleración del gasto en cómputo y entrenamiento una salida financiera conveniente, disfrazada de gesto de responsabilidad.
El origen del debate sobre pisar el freno a la IA
La discusión se disparó cuando Dario Amodei, CEO de Anthropic, uno de los líderes en IA segura y ética, publicó el ensayo "We Must Pace the Frontier", en el que pidió a la industria reducir el ritmo al que mejoran las capacidades de los modelos más avanzados.
"Debemos reducir el ritmo al que mejoramos las capacidades de los modelos de IA. El progreso seguirá pareciendo rápido y debemos hacer un uso inteligente del tiempo que ganemos", escribió el ejecutivo, que aclaró que la propuesta no implica detener el entrenamiento ni el desarrollo técnico.
El texto llegó pocos días después de la renuncia pública de Jacob Coxon, investigador que pasó por OpenAI y Anthropic, quien acusó a los laboratorios de frontera de "jugar con nuestras vidas" en la carrera por sistemas capaces de automejorarse.
Horas después del ensayo, Altman escribió en X "estoy de acuerdo con Dario", y adelantó que OpenAI sumará evaluadores externos con acceso similar al de sus empleados. Musk fue aún más breve: "Dario tiene razón", pese a haber invertido recientemente en Anthropic.
La lectura financiera que cuestiona Yakovenko
Para Yakovenko, esa alineación inusual entre rivales encubre un cálculo de negocios. Entrenar modelos de frontera exige sumas crecientes en energía, chips y capital, mientras los ingresos de las principales firmas de IA todavía no acompañan ese ritmo de inversión.
Según cálculos del Financial Times, diez startups de IA con pérdidas, entre ellas OpenAI y xAI, sumaron en conjunto cerca de u$s1 billón de valoración en apenas doce meses.
OpenAI, en particular, llegó a apuntar a una valoración de hasta u$s1 billón en una eventual salida a bolsa. Sin embargo, días después del respaldo de Altman al freno propuesto por Amodei, la compañía descartó una oferta pública inicial para este año y el propio CEO señaló que sería "un momento poco aconsejable" para salir a bolsa dados los desafíos de seguridad que enfrenta la industria, un argumento que en los hechos contradice la lectura puramente comercial que plantea el fundador de Solana.
David Sacks, otra voz influyente del ecosistema tecnológico y de capital de riesgo, amplificó la publicación de Yakovenko en X, lo que sumó peso a la discusión sobre los incentivos reales detrás del giro discursivo de los líderes de la IA.
Por qué un referente cripto se mete en el debate de la IA
Que una figura del ecosistema blockchain como Yakovenko cuestione públicamente a Musk y Altman no es casual. Solana viene posicionándose como una de las redes que buscan conectar infraestructura descentralizada con aplicaciones de inteligencia artificial, desde mercados de cómputo hasta agentes autónomos que operan on-chain y ya ejecutan pagos y transacciones de manera automática.
Buena parte de la comunidad cripto desconfía históricamente de la concentración de poder en pocas corporaciones, y observar cómo las mismas empresas que dominan la IA ajustan su discurso según convenga a sus balances refuerza ese argumento.
Yakovenko no aportó pruebas concretas de que Musk o Altman hayan actuado con un cálculo financiero específico: su intervención funciona más como una provocación que invita a preguntar a quién beneficia el freno en un momento bursátil clave para ambas industrias, que compiten y a la vez colaboran por capital, talento y atención.