El Gobierno de Javier Milei incorporó a Adriana Baravalle, una especialista en inteligencia artificial, ciencia de datos y ciberseguridad para conducir una de las áreas clave de la política tecnológica del gobierno.
Según publicó el Boletín Oficial, mediante el Decreto 730/2026, Baravalle fue designada secretaria de Innovación, Ciencia y Tecnología de la Nación, en reemplazo de Darío Genua.
La incorporación de Baravalle al Gobierno
La ejecutiva, desde su nueva función, deberá avanzar sobre la agenda de innovación y transformación digital del Estado, al mismo tiempo que tendrá responsabilidad sobre organismos estratégicos para la investigación y el desarrollo tecnológico nacional.
Baravalle cuenta con una extensa trayectoria académica y profesional vinculada a las nuevas tecnologías, ya que es magíster en Ciencia de Datos y Gestión del Conocimiento por la Universidad Austral.
Además, la funcionaria posee formación especializada en planificación estratégica, prospectiva, inteligencia de negocios y cripto.
Baravalle posee experiencia tanto en el mundo académico como en el sector privado, ya que se desempeñó como directora de Data Science en Eclypsium y como Chief Data Officer de Zentricx, además de trabajar como consultora en estrategia de datos para distintas industrias, entre ellas finanzas, seguros, banca, salud, ciberseguridad y gobierno.
En la Universidad Austral, Baravalle desarrolló buena parte de su carrera docente y de investigación y actualmente dirige el Laboratorio de Tecnologías Exponenciales, desde donde participa en iniciativas relacionadas con inteligencia artificial y otras tecnologías emergentes.
En junio de este año, la nueva secretaria, además, representó a la universidad en encuentros regionales sobre ética y gobernanza de la inteligencia artificial organizados junto con UNESCO.
Del ámbito académico a la gestión pública
Por otra parte, según la información difundida después de su designación, la funcionaria integró la Mesa de IA y Ciberseguridad que participó en la elaboración de la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial entre 2016 y 2019 y cuenta con experiencia previa en la Administración Pública Nacional.
Además, es fundadora y directora académica de synapsIA, una iniciativa orientada a conectar especialistas, investigadores, emprendedores e inversores alrededor del desarrollo de la inteligencia artificial en América Latina.
Su recorrido explica, en parte, el interés del Gobierno en incorporar un perfil técnico para conducir el área, ya que Baravalle combina conocimiento sobre datos, IA y ciberseguridad con experiencia en ámbitos académicos, empresariales y de vinculación tecnológica.
El desafío de transformar el Estado
La nueva secretaria tendrá entre sus principales objetivos profundizar la agenda de innovación y transformación tecnológica del Estado.
El Gobierno señaló que buscará impulsar el desarrollo y la adopción de nuevas tecnologías y fortalecer la articulación entre el sector público, las empresas, las universidades y el sistema científico.
De esta forma, el desafío de Baravalle será trasladar el conocimiento tecnológico a la administración pública para mejorar procesos, aprovechar los datos disponibles, incorporar herramientas de inteligencia artificial y desarrollar capacidades estatales para utilizar estas tecnologías de manera estratégica.
El área que ahora conduce Baravalle tiene además bajo su órbita organismos centrales del sistema científico y tecnológico argentino, entre ellos el CONICET, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) y el Banco Nacional de Datos Genéticos.
Una apuesta por la IA como política de Estado
La elección de una especialista en inteligencia artificial para conducir la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología marcó, además, una señal política: el Gobierno busca colocar a las tecnologías emergentes en el centro de su estrategia de modernización.
La experiencia de Baravalle está directamente vinculada con varios de los sectores que hoy concentran la discusión tecnológica: IA, ciencia de datos, ciberseguridad y tecnologías exponenciales, pero su nuevo rol implicará llevar ese conocimiento desde universidades y empresas hacia la administración pública.
El desafío será convertir ese perfil técnico en resultados concretos en un Estado más digital, procesos más eficientes y una política tecnológica capaz de vincular investigación, innovación y desarrollo productivo.