Puntos importantes
En el sector financiero argentino, la regulación suele ser la primera explicación para justificar la lentitud en la adopción cloud.
La normativa del Banco Central (Comunicación A 7724), los requerimientos de los organismos de control y las exigencias vinculadas a la seguridad y continuidad operativa son señalados con frecuencia como barreras difíciles de superar.
Sin embargo, esa interpretación deja afuera una parte importante de la discusión. La regulación existe, impone condiciones y exige controles, pero no prohíbe la adopción de infraestructura en la nube.
De hecho, gran parte de las exigencias regulatorias actuales están vinculadas a cuestiones que pueden gestionarse técnicamente: auditoría, trazabilidad, protección de datos, continuidad del negocio y gestión de riesgos.
Si la regulación fuera el principal obstáculo, todos los países con marcos normativos exigentes enfrentarían las mismas dificultades. La experiencia internacional demuestra lo contrario.
Diversos mercados con niveles de supervisión financiera iguales o incluso superiores a los de Argentina —como es el caso de Brasil, Colombia o Reino Unido— avanzaron durante los últimos años en la incorporación de arquitecturas cloud para operaciones críticas.
Esto sugiere que el problema no está únicamente en la norma, sino en cómo las organizaciones enfrentan el proceso de transformación.
Arquitectura cloud: razones de una adopción lenta
Existen al menos tres factores que ayudan a explicar por qué la adopción cloud avanza más lentamente de lo esperado en buena parte del sistema financiero local.
El primero es la herencia tecnológica acumulada. Muchas entidades mantienen contratos de largo plazo con proveedores de infraestructura tradicional, centros de datos o servicios vinculados a arquitecturas on-premise. Esos acuerdos suelen incluir compromisos económicos, plazos de permanencia y costos de salida que generan una fuerte inercia organizacional. Antes de pensar en una migración, las empresas deben comprender cuáles son esas dependencias y cuánto cuesta realmente modificarlas.
El segundo factor es la disponibilidad de recursos internos. Los equipos de tecnología de muchas organizaciones operan bajo una lógica de urgencia permanente. La mayor parte de su tiempo se destina a garantizar la estabilidad de sistemas existentes, resolver incidentes y sostener la operación cotidiana. En ese contexto, resulta complejo encontrar espacio para planificar proyectos de transformación que requieren meses de análisis, diseño e implementación. La situación se asemeja a pedirle a un equipo de bomberos que, mientras combate un incendio, se ocupe además de rediseñar el edificio.
El tercer obstáculo suele ser menos visible, pero probablemente sea el más determinante: la construcción del caso de negocio. Las decisiones de modernización tecnológica no dependen únicamente de los equipos de IT. También requieren la aprobación de directorios y niveles ejecutivos que evalúan riesgos, costos y prioridades de inversión.
Costo de la inercia
En muchas ocasiones, la conversación sobre cloud se concentra en aspectos técnicos cuando, en realidad, la discusión central es económica y estratégica. Los responsables de tomar decisiones quieren entender cuánto costará la transición, qué riesgos implica y cuál será el costo de no hacer nada. Esta última pregunta suele recibir menos atención de la necesaria.
Mantener infraestructuras heredadas también tiene consecuencias: Limita la capacidad de escalar operaciones, dificulta la incorporación de nuevos servicios, incrementa los costos de mantenimiento y reduce la velocidad de respuesta frente a cambios del mercado.
En un entorno financiero cada vez más dinámico, la falta de flexibilidad tecnológica puede transformarse en una desventaja competitiva.
Por eso, el verdadero desafío no pasa por interpretar si la regulación permite o no avanzar. Esa discusión, en gran medida, ya está saldada. El desafío consiste en identificar las barreras internas que dificultan el cambio y construir una hoja de ruta realista para superarlas.
*Por Rodrigo Azziani, cofundador de Renaiss.