Las estafas telefónicas en Argentina suben un escalón. El clásico secuestro virtual no desaparece, pero suma una capa más sofisticada que preocupa a especialistas en ciberdelito y a las fuerzas de seguridad.

Un periodista fue el blanco de un intento de estafa telefónica que se inició con un llamado basado en un guion recurrente. En la comunicación, una voz entrecortada fingió ser el hijo de la víctima para luego cederle la palabra a un presunto abogado.

El relato buscó generar un estado de shock emocional mediante la simulación de un accidente, una detención y una supuesta complicación penal de carácter urgente. Sin embargo, el elemento distintivo del caso surgió al momento de concretar el pedido de dinero.

Los estafadores exigían el título de propiedad de un inmueble.

El episodio confirma una tendencia que gana terreno: el objetivo ya no es solo una transferencia inmediata, sino que el botín ahora incluye documentación sensible que permite montar futuras maniobras.

Documentos reales para estafas futuras

Segundo Carranza, especialista en fraudes, explica a iProUP que el secuestro virtual sigue como puerta de entrada. "El engaño se basó en una modalidad ya conocida, donde no existió un secuestro ni un accidente real".

"La maniobra consistió en utilizar a una persona que balbuceaba para que el cerebro de la víctima, ante la confusión, completara la información faltante y validara el relato", agrega el experto.

Carranza confirma que "prolifera cada vez más el pedido de algún documento sensible".

En varios casos, los delincuentes convencen a la víctima de enviar por WhatsApp una escritura, un título automotor o un formulario 08 bajo distintos pretextos. Esos papeles luego sirven como insumo para una segunda estafa.

Con documentación auténtica, los estafadores publican falsas ventas de propiedades o vehículos en plataformas digitales. Exhiben la escritura como respaldo y ganan credibilidad frente a otra víctima. También acceden a datos personales que habilitan suplantación de identidad o nuevas operaciones fraudulentas.

Aunque no exista un perjuicio económico inmediato, los especialistas insisten en realizar la denuncia. Dejar constancia en comisaría, banco o billetera virtual resulta clave para evitar responsabilidades posteriores.

Menos efectivo, más cuentas y más ingeniería social

Esta modalidad encuadra dentro del clásico cuento del tío, pero adaptado al ecosistema digital.

Con menor circulación de efectivo y más fondos en cuentas bancarias y billeteras virtuales, los delincuentes reformulan su estrategia. Ahora buscan transferencias, dólares, criptomonedas y también papeles.

Las escrituras y títulos funcionan como activos reutilizables. No se trata aún de una maniobra masiva, pero sí de un patrón que se repite con mayor frecuencia en denuncias recientes.

"El delito combina manipulación psicológica, documentación real y fragmentación financiera. Esa mezcla complica la investigación y amplía el daño potencial", precisa Carranza.

La sofisticación no termina en la obtención de papeles. Otra pieza central del esquema son las llamadas mulas financieras.

El mecanismo resulta simple y eficaz. El estafador engaña a una persona y transfiere el dinero a la cuenta de otra. Luego contacta a ese segundo individuo y le dice que recibió una transferencia por error. Apela a la urgencia y solicita que devuelva el dinero.

En realidad, ese monto proviene de una estafa previa.

De esta forma, el delincuente evita exponer su propia cuenta y diluye el rastro del dinero. Cuando la víctima original denuncia, quien aparece en la trazabilidad es la persona que recibió y devolvió los fondos.

Una mutación del delito que preocupa

En enero, la ministra de Seguridad Nacional, Alejandra Monteoliva, presentó estadísticas criminales de 2025. Señaló que bajaron los robos y homicidios, pero subieron las estafas. Habló de una mutación del delito y advierte que la tendencia continúa.

Los robos simples y agravados cayeron 20,8%. Las estafas avanzan en sentido contrario.

El fenómeno expone un cambio cualitativo: ya no se trata solo de un llamado engañoso, sino que aparece una estructura que combina ingeniería social, uso estratégico de documentación y fragmentación del circuito financiero para cubrir a los verdaderos responsables.

El cuento del tío no desaparece. Evoluciona. Y ahora no solo busca dinero rápido. Busca papeles que permitan estafar otra vez.

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