Los titulares recientes sobre despidos en el sector tecnológico han reavivado un fantasma que recorre la industria: la idea de que la inteligencia artificial es un juego de suma cero. Si la máquina gana, el humano pierde. Se ha vuelto común leer sobre empresas que, tras alcanzar niveles de eficiencia récord o entrenar exitosamente sus modelos, deciden prescindir del talento humano que hizo posible esa evolución.
Este temor no es infundado. Informes recientes señalan que empresas con beneficios récord anuncian recortes laborales masivos bajo la bandera de la "reestructuración tecnológica". Sin embargo, caer en el fatalismo de la "gran destrucción de empleo" es mirar solo una parte de la ecuación.
La verdadera discusión no es si debemos automatizar o no; esa batalla ya está decidida por el avance tecnológico. La pregunta que define a los líderes de esta era es: ¿cómo integramos la IA para multiplicar el valor humano en lugar de sustituirlo?
Automatizar tareas, no roles
Un error común en la gestión actual es confundir tareas con roles. Según datos recientes de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y McKinsey, aunque más de 50% de las tareas actuales tienen potencial técnico para ser automatizadas, esto no implica la desaparición del empleo. La IA es excepcional en:
- la redacción mecánica
- el análisis preliminar
- la clasificación de datos —justamente el tipo de tareas repetitivas que suelen agotar al talento humano—.
Sin embargo, reemplazar un rol entero basándose en su capacidad de automatización parcial suele generar vacíos estratégicos imposibles de llenar por un algoritmo.
La empatía, el criterio ético, la negociación compleja y la creatividad estratégica siguen siendo dominios netamente humanos. Al eliminar el rol, eliminamos también el "pegamento" cultural y contextual que hace que las empresas funcionen.
La economía híbrida: el dato que muchos ignoran
La visión de reducir personal para ganar margen es una estrategia financiera de corto plazo que ignora la tendencia global hacia la "economía híbrida".
Estudios de EY sugieren que las fuerzas laborales "aumentadas" (aquellas donde el humano trabaja en simbiosis con la IA) pueden rendir hasta 2.4 veces más que los equipos tradicionales o puramente automatizados.
Aquí radica la diferencia entre "ahorrar" y "crecer". Si utilizamos la eficiencia que nos regala la IA para despedir, simplemente achicamos la estructura. Si, en cambio, utilizamos ese tiempo liberado para que nuestros equipos exploren nuevos mercados, mejoren la experiencia del cliente o innoven en productos, estamos usando la tecnología para escalar.
El imperativo del Reskilling
El caso de los entrenadores de bots es paradigmático. Esas personas poseen un conocimiento valioso: entienden cómo "piensa" el modelo, conocen sus fallas y sus límites. Desvincularlos es desperdiciar capital intelectual.
Invertir en reskilling (reconversión profesional) es, a menudo, más rentable que el ciclo de despido y nueva contratación.
Un especialista en UX o un entrenador de datos puede evolucionar hacia un rol de "auditor de IA", "estratega conversacional" o "curador de tono".
La tecnología redefine las funciones, pero la necesidad de supervisión y criterio humano se vuelve más crítica, no menos, a medida que los modelos se vuelven más autónomos.
El costo invisible
Finalmente, hay un factor que ningún algoritmo financiero calcula bien: la confianza. Las decisiones basadas puramente en costos erosionan el compromiso. Cuando un equipo ve que su aporte para entrenar una herramienta deriva en su propia obsolescencia, la innovación se frena por miedo.
En Santex, aplicamos inteligencia artificial en múltiples proyectos como integradores tecnológicos, pero lo hacemos desde una convicción pragmática: la IA potencia a las personas. Los equipos híbridos cometen menos errores estratégicos y se adaptan mejor al cambio.
La inteligencia artificial llegó para quedarse. El empleo también. El desafío del liderazgo moderno no es elegir entre uno u otro, sino tener la visión para alinearlos. Las empresas que entiendan esto no solo evitarán conflictos, construirán las únicas ventajas competitivas sostenibles del futuro.
*Por Walter Abrigo, Socio y Director General de Santex