El 2026 no será recordado como el año en que "todos usamos ChatGPT", sino como el año en que la inteligencia artificial (IA) dejó de ser un asistente periférico y se convirtió en un actor operativo dentro de la empresa.
El verdadero protagonista de este salto no es el modelo de lenguaje ni el asistente que completa frases. Es el agente digital: un sistema de IA capaz de percibir, razonar y actuar dentro de los procesos de negocio con un nivel de autonomía que transforma la esencia misma del trabajo.
Un agente que opera en tiempo real, con supervisión humana y bajo estrictos marcos de gobierno. No responde: ejecuta. No sugiere: decide. Y no vive al margen del proceso sino dentro del workflow.
Los datos del Kyndryl Readiness Report 2025, basado en 3.700 ejecutivos de 21 países, muestran una paradoja clara que revela la tensión actual del mercado:
- mientras el 87% espera cambios profundos en roles y responsabilidades en los próximos 12 meses
- solo el 29% se siente preparado para gobernar esta transición.
La tecnología ya maduró. El desafío estará en la capacidad organizacional para absorber estos cambios.
En este nuevo escenario, los agentes digitales están transformando la lógica operativa tradicional. Los procedimientos rígidos dan paso a flujos inteligentes orientados al resultado, donde la IA monitorea, detecta desvíos, prioriza acciones y ejecuta correcciones sin fricción.
El rendimiento se consolida por el cumplimiento de un paso a paso para centrarse en garantizar el outcome esperado.
Al mismo tiempo, la presencia del agente digital derriba silos históricos al funcionar como una capa transversal de inteligencia que conecta áreas, datos y aplicaciones, permitiendo que procesos antes fragmentados fluyan de extremo a extremo con mayor trazabilidad y control.
Esta evolución abre el camino hacia un modelo de trabajo híbrido en el que la IA no reemplaza el talento, sino que lo amplifica al asumir tareas estructuradas y repetitivas, liberando tiempo humano para actividades de mayor valor.
Sin embargo, la brecha cultural es profunda: el 71% de los líderes reconoce que su fuerza laboral aún no está lista para colaborar con agentes autónomos.
En este contexto, la clave ya no es experimentar, es industrializar. Las organizaciones que comprendan que el agente digital es un nuevo integrante del equipo, con responsabilidades, métricas y límites definidos, podrán:
- multiplicar su velocidad operativa
- reducir fricciones
- anticipar riesgos antes de que escalen
Las que lo sigan tratando como "un proyecto más de tecnología" quedarán irremediablemente rezagadas.
Industrializar significa fortalecer la gobernanza, integrar datos y arquitecturas de manera profunda, impulsar un cambio cultural real y asegurar que cada agente contribuya a mejorar un objetivo de negocio concreto y medible. El desafío no es técnico; es organizacional.
El futuro del trabajo será un modelo híbrido donde los agentes digitales potencien nuestra capacidad de operar, decidir y competir.
La pregunta crucial para cualquier líder hoy no es si incorporar agentes digitales, sino cuán rápido podrá transformar esta tecnología en impacto real de negocio antes de que lo haga su competencia.
Porque en la economía digital de los datos y la inteligencia, la velocidad de adopción será la nueva ventaja competitiva.
*Por Sebastián Barbich, Director de Consultoría en Kyndryl Argentina, Chile y Uruguay