Con solo en la actividad de Airbnb en países como España, uno de los más afectados por el coronavirus, los datos son muy similares. Durante las primeras semanas del año apenas hubo subida, mientras que, a medida que pasaba el tiempo, las reservas fueron cayendo hasta un tope del -96%.

¿Y qué va a pasar en lo que queda de año? El estudio de Transparent no es precisamente optimista, sino todo lo contrario. Sus previsiones apuntan a que, en su peor momento, Airbnb tendrá reservado apenas el 0,98% de sus viviendas en alquiler. En el mejor, apenas un 25,1%.

Ante esta deriva, la compañía acaba de levantar una ronda de 1.000 millones de dólares, que es justo el dinero que espera perder en la primera mitad de 2020. En cualquier caso, no se trata ni mucho menos de un gran desahogo: 2020 iba a ser el año en que Airbnb saliera a bolsa, y esta crisis no solo ha aplazado dicha salida sino que también ha ahogado sus perspectivas. 

Y es que su salida estimaba un valor inicial de unos 50.000 millones de dólares, pero los cálculos actuales de The Wall Street Journal rebajan la valoración a 30.000 millones. Airbnb asegura tener 4.000 millones en caja, pero aun así ha tenido que tomar medidas drásticas: ha reducido sus gastos de marketing en 800 millones de dólares y los altos ejecutivos de la compañía se han bajado su propio salario a la mitad.

¿Se ha agarrado la empresa a algún tipo de alternativa para poder alquilar parte de los inmuebles que se publicitan en su web? Lo cierto es que sí. Como en todo el mundo hay profesionales sanitarios que se están desplazando de ciudad para incorporarse a diversos hospitales, Airbnb está animando a los propietarios de pisos a que los alquilen a dichos profesionales. La plataforma les invita a ceder sus inmuebles de manera gratuita y, en caso de que cobren por los alquileres, no les cobrará ninguna comisión, informó El Confidencial.

Es fácil adivinar que, salvo a los directamente afectados, la pérdida de negocio de los alquileres en Airbnb no preocupa a demasiada gente, que considera que este modelo ha repercutido de manera muy negativa en los precios de los alquileres y en la posterior gentrificación de muchas ciudades. El estudio "Do short-term rent platforms affect housing markets? Evidence from Airbnb in Barcelona", realizado en junio de 2019, acusa a los alquileres de Airbnb de haber provocado una subida del 7% en los alquileres y del 19% en la compraventa en Barcelona.

"Hace año y pico, me echaron de mi piso y lo convirtieron en una vivienda de alquiler. A mí me costaba 700 euros al mes y en Airbnb lo pusieron por cerca de 100 euros al día. ¿Pena? No me dan ninguna pena, quienes usan así una vivienda son unos especuladores", nos contó Mamen, una madrileña de 31 años.

Tampoco está muy apenado Pablo de 42 años que hace un par de años decidió dejar de recurrir a pisos turísticos cuando tenía que viajar a otra ciudad: "¿De verdad me tiene que dar pena alguien que gestiona varios pisos y que reconoce que los pone en Airbnb para sacarse más dinero? Cada cual que haga lo que quiera, pero si en su momento decidiste 'jugar' a ser un gran propietario, ahora apechuga. Es el mercado, amigo", ironizó.

La situación, por tanto, es bipolar e incluso enfrentada. Los dueños de viviendas se quejan de que el coronavirus les ha dejado sin ingresos e incluso con deudas, mientras que en el otro lado de la balanza están los que aseguran no sentir ninguna pena por quienes, según ellos, han contribuido a elevar significativamente los precios de los alquileres en las grandes ciudades.

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