Puntos importantes
El Banco Central presentó su Informe de Política Monetaria correspondiente al tercer trimestre de 2026. El diagnóstico oficial transmite optimismo: continuidad de la desinflación, recuperación de la actividad económica durante el último trimestre y perspectivas de mayor estabilidad monetaria.
Hasta ahí, las buenas noticias.
Pero hay una diferencia sustancial entre estabilizar variables nominales y construir una economía que genere crecimiento sostenido, inversión productiva y empleo de calidad.
El BCRA reconoce que la actividad económica retrocedió durante el tercer trimestre, aunque espera una recuperación significativa hacia fin de año. También advierte sobre presiones inflacionarias vinculadas con los precios de la carne, las tarifas y los combustibles.
Es decir, el propio organismo admite que la recuperación todavía no está consolidada.
La estabilidad es necesaria, pero no suficiente
Nadie puede discutir seriamente la importancia del orden fiscal y monetario. Argentina sufrió durante décadas las consecuencias de financiar desequilibrios mediante emisión y endeudamiento.
Pero tampoco podemos aceptar que el equilibrio fiscal constituya, por sí solo, un programa integral de desarrollo económico.
Una economía puede mostrar superávit fiscal mientras buena parte de su estructura productiva permanece estancada.
Puede reducir la inflación mientras los ingresos familiares siguen deteriorados.
Y puede exhibir estabilidad cambiaria mientras numerosas empresas pierden competitividad frente al exterior.
El verdadero desafío no es solamente estabilizar los precios. Es conseguir que esa estabilidad permita producir, invertir y trabajar.
El problema del crédito y las tasas de interés
El Banco Central sostiene que su política monetaria buscará acompañar la recuperación de la demanda de dinero y facilitar la acumulación de reservas internacionales.
Es un objetivo razonable.
Sin embargo, el interrogante fundamental continúa siendo cómo transformar la estabilidad financiera en financiamiento genuino para la economía productiva.
Sin tasas reales compatibles con la rentabilidad de las empresas, difícilmente exista una expansión sostenida del crédito.
Y sin crédito, las pequeñas y medianas empresas encuentran enormes dificultades para financiar capital de trabajo, ampliar instalaciones o incorporar trabajadores.
El tipo de cambio y la competitividad
Otra discusión pendiente es la competitividad cambiaria.
La reducción de la inflación no elimina automáticamente los problemas derivados de una estructura de costos elevada en dólares.
Argentina necesita exportar más, diversificar su producción y competir internacionalmente.
Eso requiere productividad, infraestructura, menor presión tributaria y un tipo de cambio que no se transforme en un obstáculo adicional para numerosos sectores.
No se trata de defender devaluaciones permanentes. Se trata de comprender que la competitividad no puede sostenerse indefinidamente sobre el ajuste de los márgenes empresariales o del poder adquisitivo de los trabajadores.
Las reservas: una condición indispensable
El BCRA considera que existen condiciones para abastecer la demanda de dinero mediante compras de divisas, favoreciendo la acumulación de reservas.
Este punto merece especial atención.
Una economía como la argentina, con antecedentes recurrentes de crisis externas, necesita fortalecer su posición de reservas para disminuir su vulnerabilidad financiera.
Pero acumular reservas debe ser parte de un programa consistente, no simplemente un objetivo declarado.
La credibilidad se construye con resultados verificables.
La clase media no puede quedar afuera
El problema central del programa económico no se resuelve exclusivamente observando la inflación mensual, el riesgo país o las cotizaciones bursátiles.
También debemos mirar el poder adquisitivo, el consumo, el empleo privado y la supervivencia de las pequeñas empresas.
Porque una recuperación concentrada en pocos sectores, especialmente aquellos de elevada intensidad de capital y limitada generación directa de empleo, puede mejorar las estadísticas agregadas sin producir una mejora equivalente en la vida cotidiana.
Y ese es uno de los riesgos que considero más importantes.
Reflexión final
El Banco Central tiene motivos para defender los avances en materia de estabilización monetaria. Negarlos sería tan equivocado como exagerarlos.
Pero la Argentina necesita superar la discusión permanente sobre la inflación y comenzar a debatir seriamente su capacidad de crecimiento.
No alcanza con ordenar las cuentas públicas si el sector privado no encuentra condiciones para expandirse.
No alcanza con estabilizar el dólar si la estructura productiva pierde competitividad.
No alcanza con proyectar una recuperación si esa recuperación no se traduce en mejores ingresos y oportunidades.
La estabilidad monetaria debe ser el punto de partida del crecimiento, nunca su sustituto.
Porque, finalmente, el éxito de un programa económico no debería medirse únicamente por los números que presenta el Banco Central, sino por la cantidad de argentinos que pueden vivir mejor gracias a esos resultados.