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Gurú que predijo la crisis de 2008 ve señal inquietante para las acciones en Wall Street

Su planteo no implica que el desplome sea inminente ni establece una fecha puntual, pero advierte que el ajuste podría tener consecuencias duraderas
Por iProUP
Finanzas 4.0
28.10.2026 • 11:58hs • Finanzas 4.0

Puntos importantes

Michael Burry alerta sobre un prolongado mercado bajista en Wall Street, con rendimientos bajos o negativos por 15 a 20 años.

El inversor critica que el récord del S&P 500 oculta una menor amplitud de mercado y alta especulación.

Burry compara la situación actual con caídas reales del S&P 500 de hasta 58% en crisis históricas (1929-1949).

Michael Burry, el inversor que se hizo famoso por anticipar la crisis inmobiliaria de 2008, volvió a encender las alarmas sobre Wall Street.

El empresario advirtió que el próximo mercado bajista podría prolongarse durante muchos años y dejar a los inversores con rendimientos reales bajos o negativos durante un período de entre 15 y 20 años.

Burry cuestionó la fortaleza del mercado estadounidense pese al máximo que el S&P 500 alcanzó el 6 de octubre.

Para el inversor, la suba del índice no marca necesariamente una mejora generalizada: cada vez menos acciones concentran el impulso alcista, mientras persisten las señales de especulación y las valuaciones elevadas.

Burry comparó la situación con un supervolcán cuya superficie parece tranquila mientras acumula presión en su interior. Según su interpretación, esa aparente calma puede ocultar desequilibrios que terminan manifestándose en una corrección de gran magnitud.

Su planteo no implica que el desplome sea inminente ni establece una fecha precisa para su comienzo, pero advierte que el ajuste podría tener consecuencias duraderas.

Michael Burry compara al mercado actual con 2000 y enciende las alarmas entre inversores

Michael Burry ve una señal inquietante para las acciones en Wall Street

Uno de los principales argumentos de Burry es el deterioro de la amplitud del mercado, un indicador que permite medir cuántas acciones participan de una suba.

Aunque el S&P 500 llegó a un récord a principios de octubre, el inversor observó que el porcentaje de compañías del índice que cotizaban al menos un 20% por debajo de sus máximos de los últimos diez años había aumentado al 55%, frente al 47% registrado cuando el índice marcó otro récord el 13 de agosto.

En otras palabras, el índice puede seguir avanzando incluso cuando una parte importante de las empresas que lo integran atraviesa una tendencia bajista.

Para Burry, esa divergencia es una señal de alerta porque revela que el impulso del mercado depende de un grupo cada vez más reducido de compañías. También sostuvo que el máximo de octubre se produjo con un volumen de negociación relativamente bajo, lo que, a su juicio, pone en duda la solidez de la suba.

A ese escenario se suman las valuaciones elevadas, el comportamiento especulativo y el regreso de las presiones inflacionarias.

Burry consideró que el entusiasmo de los inversores puede llevarlos a ignorar los riesgos que se acumulan debajo de los máximos bursátiles.

Su crítica apunta, en particular, a una cultura de inversión dominada por consignas como buy the dip, comprar cuando los precios caen, que presupone que las correcciones serán oportunidades de compra y no el inicio de un período prolongado de debilidad.

Para fundamentar su visión, Burry recurrió a la evolución histórica del S&P 500 ajustada por inflación. Su análisis señala que el precio real del índice cayó aproximadamente un 53% entre 1966 y 1982, sin contar los dividendos.

Durante la Gran Depresión y sus consecuencias, entre 1929 y 1949, la caída real rondó el 58%, mientras que desde el máximo de 2000 hasta el mínimo de 2011 el retroceso fue cercano al 40%.

El panorama cambia cuando se reinvierten los dividendos. Según las cifras citadas en el análisis de Burry, la pérdida real del S&P 500 entre 1966 y 1982 se reduce a alrededor del 10% al incluirlos, mientras que el retroceso entre 2000 y 2011 pasa a aproximadamente el 25%.

En el período iniciado en 1929, un inversor que reinvirtió dividendos habría terminado con un resultado positivo hacia 1949. 

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