Durante años aprendimos que para encontrar algo había que salir a buscarlo. Si necesitábamos un producto, entrábamos a un marketplace; si queríamos una propiedad, recorríamos portales y comparábamos opciones. El modelo era simple: el usuario tenía una necesidad y la tecnología le daba herramientas para encontrarla.
Pero ese modelo está cambiando. Ya no se trata solamente de mejorar los algoritmos de búsqueda, sino de pasar de plataformas que esperan que las personas encuentren lo que necesitan a sistemas que las ayudan a descubrirlo. Los marketplaces empiezan a convertirse en asistentes: experiencias capaces de interpretar una necesidad, entender el contexto y acercar opciones relevantes sin que el usuario tenga que recorrer página por página.
No es una hipótesis lejana. En EEUU, Zillow —uno de los principales jugadores del mercado inmobiliario— ya avanza en esa dirección.
En marzo de 2026 presentó Zillow AI Mode, una experiencia conversacional que permite a compradores e inquilinos explorar propiedades, comparar alternativas, consultar sobre asequibilidad y avanzar hacia acciones concretas, como coordinar una visita o contactar a un agente. Es una señal de hacia dónde evoluciona la experiencia de búsqueda inmobiliaria: de navegar listados a recibir asistencia contextualizada.
Si los buscadores tal como los conocemos van a dejar de ser el punto de partida de una búsqueda inmobiliaria, la pregunta que nos hacemos no es cómo compite una plataforma con eso, sino qué estructura va a necesitar el asesor en ese escenario nuevo.
Porque hay algo que la IA puede resolver cada vez mejor —cruzar una necesidad con una propiedad— pero hay algo que no resuelve: quién acompaña a esa persona en la decisión. Por eso, por primera vez, no estamos apuntando a la propiedad. Apuntamos al asesor.
El mundo cambió los marketplaces, y el asesor los usaba para hacer negocios. Hoy eso ya no alcanza: el negocio se construye entre colegas, con comunidad y con tecnología que lo acompañe en el día a día. El asesor de hoy debería poder enfocarse en dar una mejor experiencia, no en la parte operativa que la tecnología ya resuelve por él.
Y esa es, en definitiva, la consecuencia que buscamos: si el asesor está mejor preparado y mejor conectado, la experiencia inmobiliaria mejora para todos, del lado del cliente también.
A medida que la IA se integra en nuestra vida cotidiana, también cambia la expectativa de las personas. El usuario puede empezar su búsqueda desde un asistente en su celular y recibir opciones en función de lo que necesita.
En lugar de invertir tiempo en recorrer portales, podrá concentrarse cada vez más en evaluar las alternativas que recibe (MCPs). Esto modifica una lógica que durante años estructuró el negocio: la competencia por aparecer en la primera página, destacar una publicación o pagar para ganar visibilidad.
En real estate, esta transformación puede tener un impacto enorme. Porque el valor del mercado no está únicamente en la cantidad de propiedades publicadas, sino en la capacidad de conectar información, necesidades y personas que hoy muchas veces permanecen desconectadas.
Un asesor puede tener un cliente que busca un departamento en Palermo; otro, la propiedad que encajaría perfectamente con esa búsqueda. Ambos pueden estar trabajando en la misma ciudad sin saberlo. La información y la necesidad existen: falta la conexión.
Durante años, gran parte de ese trabajo se construyó sobre redes personales, grupos de WhatsApp y bases de datos individuales. Son herramientas útiles, pero dependen de cuánto conoce cada profesional, de sus contactos y del tiempo que puede dedicar a buscar.
En una encuesta que realizamos a más de 250 asesores inmobiliarios en Argentina se arrojó un dato que refleja esta tendencia: más de la mitad de las operaciones inmobiliarias que se concretan son entre colegas, dos asesores que conectan una propiedad con una búsqueda y trabajan juntos para cerrar la operación.
La pregunta es inevitable: ¿cuántas oportunidades quedan sin concretarse porque las personas correctas nunca llegaron a encontrarse?
Creo que el próximo salto de los marketplaces no consiste en acumular más publicaciones o filtros, sino en desarrollar sistemas capaces de interpretar mejor lo que sucede dentro de ellos. En real estate, eso significa construir una infraestructura que conecte activamente necesidades, inventario y oportunidades.
Una tecnología que no obligue al asesor a buscar manualmente entre cientos de propiedades, sino que lo ayude a identificar cuáles pueden responder a la necesidad de su cliente.
Ese es uno de nuestros principios: acercar oportunidades entre colegas y resolver el desorden operativo del asesor para que pueda concentrarse en lo que realmente agrega valor. La IA puede ayudar a procesar grandes volúmenes de información, encontrar relaciones y agilizar tareas que hoy consumen tiempo.
El objetivo no es sumar tecnología por sí misma, sino darle al profesional más claridad sobre su negocio, sus clientes y sus próximos pasos.
Ahora bien, hay algo que esta transformación no debería hacernos perder de vista: cuanto más automatizadas sean las interacciones, más importante puede volverse la confianza humana.
Comprar, vender o alquilar una propiedad no es una decisión de consumo más. Implica dinero, proyectos personales, expectativas y, muchas veces, incertidumbre. La IA puede ayudar a descubrir opciones, comparar información y ordenar una búsqueda.
Pero hay momentos en los que las personas necesitan hablar con alguien que conozca el mercado, entienda su situación y pueda asesorarlas. Alguien que las acompañe en una visita, tase su propiedad o las ayude a evaluar cuál es la mejor decisión para ellas, esto no lo puede hacer un bot.
Por eso, el futuro no debería plantearse como una disputa entre tecnología y asesor inmobiliario, la oportunidad está en que ambas se potencien, y para que eso ocurra, el profesional también necesita construir confianza y reputación en un entorno cada vez más digital.
Así como las reseñas y las valoraciones ayudan a las personas a elegir un servicio, una red profesional puede aportar señales sobre la trayectoria, la participación y el compromiso de un asesor. Sus interacciones con colegas, su actividad y su reputación pueden convertirse en información relevante para quienes buscan a alguien que los acompañe en una decisión tan importante.
No se trata de reemplazar el vínculo personal por una puntuación, sino de sumar referencias que ayuden a construir confianza.
Creo que la tecnología debe contribuir a ese escenario: un asesor con mejores herramientas, más conectado, con una reputación visible y más tiempo para acompañar a sus clientes. Queremos que pueda resolver su día a día dentro de una misma plataforma, reducir la carga operativa y dedicar su energía a mejorar la experiencia de las personas.
El cambio de fondo ya está ocurriendo. Los marketplaces evolucionan hacia asistentes, la IA empieza a transformar la forma en que descubrimos opciones y las expectativas de los consumidores cambian con ella.
En ese contexto, el diferencial no será necesariamente quién tenga más publicaciones o quién aparezca primero, sino quién logre conectar mejor las oportunidades y aportar valor real a las personas.
La tecnología puede ayudar a encontrar una propiedad. Pero su mayor potencial está en acercar a las personas a la decisión correcta y al profesional adecuado para acompañarlas. Cuando se entiende cómo trabaja un inmobiliario, deja de ser una herramienta más y se convierte en un motor de oportunidades.
Ese es, para mí, el verdadero futuro del real estate de nuestra región.
*Por Juan Amaya, co-founder y CEO de Somos Inmobiliarios y fundador de Amaya Real Estate.