Cada vez que pagás menos por algo (un miércoles de cine, un pasaje sacado con meses de anticipación, una compra con la tarjeta correcta el día correcto) alguien más está pagando esa diferencia en algún punto de la cadena.
El mecanismo tiene nombre propio en economía y se lo denomina subsidio cruzado.
En principio, la lógica es que las empresas saben que no todos sus clientes son iguales.
Algunos organizan sus compras según las promociones: A esos clientes, las firmas les bajan el precio a cambio de asegurarse la venta.
No obstante, para no perder plata, compensan sosteniendo el precio pleno a quienes no entran en esa lógica.
"El que paga de más no lo nota, porque nunca ve el descuento del otro. Pero está ahí, financiándolo", explicó Damián Di Pace, director de la consultora Focus Market.
Los cuatro casos que muestran la diferencia en pesos
Los números concretos ayudan a dimensionar cuánto está en juego.
- Supermercado: una compra de $30.000 hecha un miércoles con MODO y tarjeta del Banco Nación devuelve el 30%, hasta un tope de $12.000 semanales. Esa misma compra, un jueves cualquiera con otra tarjeta o en efectivo, sale $9.000 más cara. El changuito es idéntico; lo único que cambió fue el día y el medio de pago
- Cine: una entrada 2D cuesta $18.800 cualquier día. El mismo asiento, la misma película, el mismo horario, sale $9.400 un miércoles. Exactamente la mitad
- Aerolíneas: un pasaje Buenos Aires–Bariloche en tarifa económica cuesta $139.360 comprado con seis meses de anticipación. Comprado una semana antes del vuelo, el mismo asiento en el mismo avión sale $413.018, un 66% más
- Streaming: la suscripción individual de Spotify son $3.299 por mes. El plan Familiar para hasta seis personas cuesta $5.499, algo que deja el costo por integrante en $916,50, un 72% menos que quien paga solo
Sumando todos los rubros, un consumidor que planifica sus compras puede ahorrar más de $334.000 en un solo mes.
Por qué la palabra "Elasticidad" explica todo el sistema
Detrás de estos precios diferenciados hay un concepto de microeconomía llamado elasticidad de la demanda, que mide qué tan sensible es la gente al precio de algo.
Cuando un producto tiene muchos sustitutos (otra marca, otro cine, otra aerolínea) basta con subirle un poco el precio para que el consumidor se vaya a otro lado.
Eso es demanda elástica. Cuando no hay alternativas cercanas, la gente sigue comprando aunque el precio suba. Eso es demanda inelástica.
"En vez de fijar un único precio para el consumidor promedio, que en los hechos no existe, la empresa separa a sus clientes según su elasticidad y le cobra a cada uno lo que ese segmento está dispuesto a pagar", detalló Di Pace.
"Al cazador de ofertas le baja el precio para no perderlo. Al cliente fiel o apurado le sostiene el precio pleno, porque sabe que de todos modos va a comprar", agregó.
Qué pasa cuando el cliente cautivo deja de serlo
Durante los años de alta inflación funcionó la estrategia de subir precios porque el consumo lo permitía.
Ese margen desaparece cuando la inflación baja y el consumidor recupera capacidad de comparar y elegir.
Ahí aparece el riesgo central de todo el mecanismo: el subsidio cruzado no depende de que existan dos tipos de clientes, sino de que uno de ellos —el inelástico— siga comportándose como tal.
Si la empresa da por sentado que un segmento va a pagar precio pleno sin chistar, y ese segmento en realidad tenía más alternativas de las que suponía, el cálculo se rompe por los dos lados. Caen las ventas del segmento que se creía seguro y cae el margen que financiaba las promociones del otro.
La conclusión práctica para el consumidor argentino es directa: en un contexto de inflación en desaceleración y consumo débil, el margen para conseguir descuentos organizando las compras es más grande que nunca.
La próxima vez que un precio te parezca sorprendentemente bajo, la pregunta que vale es quién lo está pagando por vos.