Puntos importantes
Goldman Sachs, el conglomerado financiero, mantiene una perspectiva alcista para el oro y proyecta que su precio podría alcanzar los u$s4.900 por onza hacia diciembre de 2026.
El metal precioso está respaldado principalmente por la demanda de los bancos centrales y un eventual regreso de los inversores occidentales a los fondos cotizados vinculados al activo.
La previsión supone un nuevo avance para un activo que viene atravesando un ciclo extraordinario. Según el análisis del banco de inversión, las compras oficiales continúan funcionando como uno de los principales pilares del mercado, especialmente entre las economías emergentes que buscan diversificar sus reservas internacionales.
Goldman Sachs estima que los bancos centrales mantendrán durante 2026 compras cercanas a 70 toneladas mensuales, muy por encima del promedio previo a 2022, cuando rondaban las 17 toneladas.
El cambio de comportamiento se aceleró después del congelamiento de las reservas de Rusia, que modificó la percepción de los riesgos asociados a mantener activos denominados en monedas extranjeras.
La entidad también observa un potencial adicional en el sector privado. Según sus modelos, los fondos cotizados en bolsa (ETF) de oro representan actualmente una proporción relativamente pequeña de las carteras financieras de los inversores estadounidenses, por lo que una mayor asignación hacia el metal podría generar una presión adicional sobre los precios.
Cuál es la proyección actual para el avance del oro
La proyección actual de u$s4.900 indica, además, una revisión respecto de estimaciones anteriores. Goldman Sachs había manejado un objetivo de u$s4.300 y posteriormente llegó a elevarlo a u$s5.400 antes de volver a reducir su previsión.
El escenario planteado por Goldman no implica que el recorrido vaya a ser lineal.
La evolución de las tasas de interés estadounidenses, el comportamiento del dólar, los flujos hacia los ETF y las decisiones de los bancos centrales serán determinantes para establecer cuánto margen conserva el oro para subir también durante la segunda mitad del año.
La perspectiva también tiene una importancia particular para la Argentina.
El oro se convirtió en uno de los principales motores de las exportaciones mineras nacionales y una cotización internacional más elevada puede mejorar los ingresos de las compañías productoras y el valor de las ventas externas.
Cómo invertir en oro desde la Argentina: todas las alternativas disponibles
Invertir en oro desde la Argentina es posible en formato físico —lingotes y monedas— como a través de instrumentos financieros como CEDEARs de ETF, acciones de mineras y contratos derivados.
La elección depende del perfil del inversor, el horizonte temporal y el nivel de riesgo que esté dispuesto a asumir.
La forma más tradicional de inversión es adquirir lingotes o monedas de oro, disponibles en distintos tamaños y purezas.
Las monedas de una onza, reconocidas internacionalmente, son consideradas una de las mejores alternativas para pequeños y medianos inversores.
Sin embargo, esta modalidad implica costos de custodia, transporte y riesgos de robo, además de menor flexibilidad para vender parcialmente. La joyería, aunque también puede funcionar como reserva de valor, suele tener sobreprecios elevados y pureza inferior.
Para quienes buscan practicidad, el oro puede adquirirse de forma indirecta:
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CEDEARs de ETFs como GLD o GDX, que replican la cotización del oro y se negocian en pesos a través de brokers locales como IOL o Balanz
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Acciones de empresas mineras, que ofrecen exposición indirecta al metal, pero dependen también de factores propios de cada compañía
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Contratos de futuros y opciones, disponibles en mercados internacionales, que permiten especular sobre el precio futuro del oro
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CFDs (Contratos por Diferencia), que permiten operar con apalancamiento desde montos bajos, aunque con riesgos elevados
El oro es considerado un activo refugio: tiende a mantener o aumentar su valor en épocas de crisis, inflación o incertidumbre geopolítica. Además, ofrece diversificación de cartera, ya que su precio suele moverse de manera distinta al de las acciones.
Sin embargo, no genera dividendos ni intereses, y su rentabilidad depende exclusivamente de la variación de su cotización. El apalancamiento en derivados puede multiplicar ganancias, pero también pérdidas.