Los laburantes sin relación de dependencia formal, sin recibo de sueldo, sin historial crediticio en el sistema tradicional integran un universo que los bancos decidieron ignorar durante décadas. Los repartidores de Pedidos Ya, Rappi y otras apps de delivery son el ejemplo más visible de ese segmento.
Hasta hace pocos años, si un repartidor necesitaba plata para arreglar la moto con la que hacía sus entregas, tenía básicamente dos opciones: un familiar que le prestara, o un prestamista informal con tasas que no hacían falta calcular porque eran claramente ilegales.
Hoy tiene una tercera opción que es pedirle prestado a la misma app para la que trabaja. Y según los datos que acaba de publicar el Banco Central, decenas de miles ya lo hicieron.
El informe del BCRA sobre entidades no bancarias que dan crédito detectó que en 2025 creció 122% la cantidad de trabajadores de plataformas que tomaron préstamos con esas mismas apps. Entre 2023 y 2024 ya había registrado una expansión del 177%.
Cuando un repartidor toma un préstamo con la plataforma, no recibe una cuota mensual que tiene que acordarse de pagar. La deuda se descuenta automáticamente de la comisión por cada pedido que entrega.
Cada vez que completa un delivery, una parte de lo que generó va directo a cancelar el préstamo. No hay cuota vencida, no hay llamado de cobranza, no hay posibilidad de "olvidarse". La plataforma cobra primero y al repartidor le llega lo que sobra.
Esa mecánica explica que la mora entre los repartidores de Pedidos Ya alcanza el 11,7%, según datos de la Central de Deudores relevados por la consultora EcoGo. Es un número alto en términos absolutos, pero llamativamente menor al 12,7% que registra el sistema bancario tradicional para familias, a pesar de que se trata de trabajadores informales sin garantías.
La razón es que cuando la deuda se descuenta de lo que generás antes de que lo recibás, el riesgo de mora cae. No porque el deudor quiera pagar más. Sino porque no puede elegir no pagar.
Los números detrás del negocio: 57.000 créditos, u$s84 millones y tasas que llegan al 700%
Desde que Pedidos Ya abrió la línea de crédito para comercios en 2022 y para repartidores en 2024, otorgó 57.000 préstamos por un total de u$s84 millones. El 54% de ese monto fue a comercios adheridos. El resto, a repartidores.
La plataforma asegura que las líneas para repartidores tienen un plazo de seis meses y no pueden superar el 30% de los ingresos del trabajador. La calificación no se basa en un historial crediticio bancario sino en métricas de desempeño. Allí están:
- La antigüedad en la plataforma
- Tasa de aceptación de pedidos
- Calificación de usuarios
- Disponibilidad en horarios de alta demanda
El BCRA calculó que la deuda promedio de los monotributistas que trabajan para plataformas era de $900.000 por persona a fines de 2025. Para los comercios adheridos, el promedio es siete veces superior.
La tasa de interés es donde la narrativa de "inclusión financiera" choca con la realidad que describen los trabajadores. Belén D'Ambrosio, secretaria general de Sitrarepa, el sindicato de base de repartidores, pone el número sobre la mesa sin vueltas: las tasas pueden llegar al 700% anual. Las plataformas responden que son "competitivas dentro del segmento de entidades no bancarias". El BCRA no publicó qué tasas cobran ni qué porcentaje de mora registra cada plataforma individualmente.
Laura Ventura, economista especializada en mercados laborales y financiamiento informal, consultada por iProfesional, señala el riesgo estructural del modelo: "El problema no es que la plataforma preste. El problema es que presta a quien trabaja exclusivamente para ella, a tasas que solo pueden pagar trabajando más horas para esa misma plataforma. Es un círculo que se cierra sobre el propio trabajador."
El informe del BCRA confirma esa dinámica con un dato que indica que la mayoría de los deudores con las plataformas son quienes trabajan de manera exclusiva para ellas. Los que usan las apps para complementar ingresos no toman estos préstamos porque tienen alternativas más baratas. Es el repartidor que depende completamente del delivery como fuente de ingreso el que termina necesitando y aceptando este financiamiento.
"Trabajo entre 10 y 12 horas para poder pagar la deuda", admite a iProfesional un repartidor. Las plataformas solo ofrecen crédito a quienes tienen altos índices de aceptación de pedidos y trabajan en horarios de alta demanda. Es decir, a los repartidores más dependientes y más activos.
El préstamo, en ese contexto, funciona como un incentivo a la permanencia y a la intensificación del trabajo. No es que la plataforma esté siendo generosa con sus trabajadores más leales. Es que el crédito es, para el modelo de negocio, una herramienta de retención disfrazada de beneficio.
Inclusión financiera o dependencia financiera
La pregunta de fondo es si este tipo de financiamiento es genuinamente inclusivo o si crea una nueva forma de dependencia que atrapa a los trabajadores más vulnerables en un ciclo difícil de romper.
Las plataformas presentan el argumento de la inclusión con convicción. Pedidos Ya lo resume en una frase: "Se trata de iniciativas que apuntan a la inclusión financiera y crecimiento de ambos actores." El argumento tiene peso cuando se repara en que estos trabajadores no tienen acceso al crédito bancario. Si la alternativa es el prestamista informal o el "fiado" en el taller mecánico, un préstamo con descuento automático de comisión puede ser objetivamente mejor.
Lucrecia Simes, analista financiera, plantea la distinción que el debate suele omitir: "Inclusión financiera real es cuando el acceso al crédito mejora la situación económica del que lo toma."
"Si el trabajador pide u$s500 para arreglar la moto, paga u$s800 de intereses y termina trabajando más horas para la misma plataforma durante seis meses, eso no es inclusión. Es captura. La diferencia la marca la tasa y las condiciones, no el simple hecho de que el crédito exista", concluye la experta.
El BCRA observa el fenómeno pero no regula. El informe que publicó no menciona qué empresas cobran qué tasas ni establece ningún tope. Un proyecto de ley presentado en la Cámara de Diputados en abril propuso prohibir los créditos instantáneos sin evaluación de capacidad de pago y fijar topes a las tasas en el segmento no bancario. Todavía no tiene dictamen.
El dato demográfico que el BCRA incluye en su informe es el que más impacta cuando se piensa en las consecuencias de largo plazo. El 70% de los deudores de plataformas tiene menos de 40 años.
Son trabajadores jóvenes, muchos de ellos sin historial bancario, cuya primera experiencia formal de crédito es con la app para la que trabajan. Si esa experiencia termina en mora, en extensión de jornada o en sensación de trampa financiera, esos trabajadores van a llegar a sus 40 años con una relación deteriorada con el sistema de crédito formal. Justo cuando podrían estar en condiciones de acceder a hipotecas, créditos productivos o instrumentos de ahorro más sofisticados.
La pregunta que queda abierta es si ese camino se recorre con regulación que proteja al repartidor o sin ella. Con un 700% de tasa anual circulando por el sistema y sin un marco que lo limite, la respuesta importa más de lo que parece.