El Senado de Estados Unidos aprobó por 85 votos contra 5 la llamada 21st Century ROAD to Housing Act, una ley centrada principalmente en la asequibilidad de la vivienda.

Pero dentro de esas páginas se coló una disposición que poco tiene que ver con el negocio inmobiliario: una prohibición temporal que impediría a la Reserva Federal desarrollar una moneda digital de banco central (CBDC) hasta finales de 2030.

El texto establece que la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal y los bancos regionales de la Fed no podrán emitir ni crear una moneda digital de banco central, ni ningún activo digital sustancialmente similar, ya sea de forma directa o a través de instituciones financieras intermediarias. Si la Cámara de Representantes lo ratifica en los próximos días y Trump lo firma, la prohibición entra en vigor de inmediato.

Lo curioso del caso es que la Reserva Federal nunca avanzó formalmente hacia el lanzamiento de un dólar digital. Es decir, se está prohibiendo algo que nadie estaba construyendo activamente. Eso le da a la medida un carácter más preventivo y político que práctico. El objetivo es cerrar la puerta antes de que alguien intente abrirla.

Qué es una CBDC, explicado fácil

Una Moneda Digital de Banco Central es un peso o un dólar puramente digital, emitido y controlado directamente por el regulador monetario de un país.

La diferencia clave con el dinero que se ve en la app del banco es sutil pero enorme: el saldo en una billetera virtual o  el home bankinges un depósito que tu banco le debe al titular. Es decir, hay un intermediario entre el banco central y el usuario.

Una CBDC eliminaría ese intermediario: sería dinero emitido directamente por la autoridad monetaria, una especie de "efectivo digital" donde el banco central sabe, en teoría, exactamente quién tiene cada unidad y en qué la gasta.

Ahí está la diferencia con Bitcoin, que es lo opuesto en su diseño: es descentralizado, ningún gobierno lo emite ni lo controla. Una CBDC es la máxima centralización posible: el Estado emite, controla y puede rastrear cada transacción. Por eso, aunque ambas sean "dinero digital", representan filosofías enfrentadas sobre quién debe controlar el dinero.

Dólar digita: por qué hay tanta resistencia

Para los republicanos y la administración Trump, una CBDC no es una mejora tecnológica, es una herramienta de vigilancia estatal sin precedentes. ahí está el corazón de la polémica y vale la pena entenderlo porque es el argumento que moviliza a quienes celebran esta prohibición. 

El razonamiento es el siguiente: si el banco central emite directamente el dinero y registra cada transacción, el gobierno tendría la capacidad de ver, en tiempo real, en qué gasta cada ciudadano. Y no solo verlo: potencialmente, podría congelar fondos, bloquear ciertos pagos, ponerle fecha de vencimiento al dinero o impedir compras que considere indeseables.

Los críticos suelen señalar a China como ejemplo, donde el yuan digital emitido por el Banco Popular de China lleva años de desarrollo y es visto como uno de los proyectos de CBDC más avanzados y controlados del mundo.

El propio Trump fue explícito cuando, en enero de 2025, firmó una orden ejecutiva prohibiendo a las agencias federales avanzar con una CBDC, argumentando que amenazaría la privacidad individual, la estabilidad financiera y la soberanía económica de Estados Unidos.

El nuevo presidente de la Fed, Kevin Warsh, reforzó esa postura durante su audiencia de confirmación, calificando la idea de un dólar digital como una "mala decisión de política pública".

Ramiro Perotti, especialista en regulación financiera y activos digitales consultado, argumenta por qué el tema genera tanta pasión: "El miedo de fondo no es a la tecnología en sí, sino a la concentración de poder que habilita".

"Una CBDC le da al Estado un nivel de control sobre el dinero individual que ni siquiera el efectivo permite", agrega el experto.

Perotti considera que "el efectivo es anónimo, una CBDC sería lo contrario. Quienes la rechazan no están en contra del dinero digital, están en contra de que ese dinero digital tenga un único dueño que puede ver y bloquear todo".

El triunfo de las stablecoins privadas

Hay un efecto secundario de esta prohibición que conviene entender porque define hacia dónde va el dinero digital en EE.UU. Si el Estado no va a emitir un dólar digital, ¿quién llena ese espacio? La respuesta de la administración Trump es que lo hace el sector privado, a través de las stablecoins reguladas.

Es decir, las  criptomonedas atadas al valor de una moneda fiduaciaria, generalmente el dólar como USDT (Tether) y USDC (Circle). A diferencia de una CBDC, no las gestiona un gobierno sino empresas, aunque bajo regulación estatal.

La lógica de Washington es que prefiere un ecosistema donde el dólar digital lo provean empresas compitiendo entre sí (con la privacidad y la dinámica de mercado que eso implica) antes que uno monopolizado por el banco central.

Analia Rizzi, economista especializado en sistemas de pago consultado por iProUP, explica la jugada estratégica: "Estados Unidos está haciendo una apuesta deliberada. En lugar de competir con China y Europa construyendo su propia CBDC, decidió delegar la digitalización del dólar en stablecoins privadas reguladas".

La especialista cree que "es una visión de mercado frente a una visión estatal. Y tiene una ventaja geopolítica que es que cada stablecoin en dólares que circula en el mundo es, en la práctica, una extensión del poder del dólar, pero sin que el gobierno tenga que gestionarla directamente".

Eso explica por qué Europa avanza en sentido opuesto. El Banco Central Europeo trabaja en el euro digital, con una fase piloto prevista para 2027 y un lanzamiento completo hacia 2029. Washington y Bruselas eligieron caminos divergentes sobre el futuro del dinero.

Qué tiene que ver todo esto con Argentina

Aunque la ley sea estadounidense, el impacto llega. Argentina es uno de los países del mundo donde más se usan las stablecoins en dólares como refugio frente a la inflación. Más del 70% de las compras de cripto en el país corresponden a este tipo de activo, según datos de la industria.

Es una dolarización digital de hecho, que millones de personas usan para proteger sus ahorros sin pasar por el dólar oficial.

Si Estados Unidos consolida su apuesta por las stablecoins privadas en lugar de una CBDC, eso fortalece y legitima exactamente el instrumento que los argentinos ya usan masivamente. Una stablecoin en dólares respaldada por un marco regulatorio sólido de EE.UU. es más confiable y más difícil de cuestionar que una emitida en un limbo legal.

Para el ahorrista argentino, eso es una buena noticia. El activo que usa para escapar de la inflación gana respaldo institucional.

El otro ángulo es local y más espinoso. La discusión sobre CBDC también existe en Argentina: el Banco Central evaluó en distintos momentos la idea de un "peso digital". Sin embargo, Javier Milei desarmó la Casa de la Moneda, organismo al que Alberto Fernández había ordenado investigar la conveniencia de desarrollar el activo.

El debate que hoy se da en EE.UU. (vigilancia estatal versus libertad financiera) es perfectamente trasladable a un país con historial de cepos, controles de capital y restricciones cambiarias.

Un especialista puede argumentar que una CBDC otorgaría al Gobierno herramientas de control monetario que hoy no tiene. Por eso, lo que se vota en Washington es también un anticipo del debate que tarde o temprano llegará a Buenos Aires.

Estados Unidos acaba de prohibir algo que nadie estaba construyendo. Visto así, parece un gesto vacío. Pero leído en profundidad, es una de las decisiones más definitorias sobre el futuro del dinero digital que tomó una potencia en años. Washington eligió oficialmente que el dólar del futuro sea privado, competitivo y descentralizado en su emisión, en lugar de estatal, único y rastreable.

La prohibición dura solo cuatro años, hasta fines de 2030. Pero el debate que abre va a durar mucho más. Porque al final, la pregunta no es técnica sino política. Cuánto poder estamos dispuestos a darle a quien emite el dinero que usamos todos los días.

Te puede interesar