El sistema financiero argentino acumula casi u$s40.000 millones en depósitos privados en dólares, el nivel más alto en los últimos 25 años.
Sin embargo, una parte importante de esos fondos sigue sin llegar a la economía real: alrededor de u$s17.000 millones permanecen inmovilizados en los bancos porque no encuentran demanda de crédito suficiente.
El exceso de dólares sin prestar explica las bajas tasas que pagan los bancos por los plazos fijos en moneda extranjera, que hoy se ubican entre 1% y 2% anual.
Los depósitos en dólares siguen creciendo impulsados por las compras de divisas de los ahorristas. Solo en abril, las personas compraron u$s2.300 millones netos y una parte de esos fondos quedó depositada en los bancos.
Así, en lo que va del año los depósitos en moneda extranjera aumentaron cerca de 5%.
Ese flujo amplió la capacidad de los bancos para prestar dólares. Sin embargo, el financiamiento al sector privado ronda los u$s23.000 millones, muy por debajo de los casi u$s40.000 millones depositados, lo que deja unos u$s17.000 millones sin destino productivo.
La restricción que frena el crédito en dólares
¿Por qué los bancos tienen tantos dólares sin prestar? La explicación está en una regulación que rige desde 2002.
Tras la crisis y el fin de la Convertibilidad, se limitó el crédito en dólares a las empresas que generan divisas, principalmente exportadoras.
La decisión buscó evitar los problemas que se produjeron cuando muchas personas y empresas tomaban préstamos en dólares pero cobraban sus ingresos en pesos.
Ese descalce fue uno de los factores que agravó la crisis.
En los años noventa, en cambio, era habitual acceder a hipotecas y otros créditos en dólares aun sin ingresos en esa moneda.
En este contexto, Domingo Cavallo volvió a cuestionar las restricciones actuales y planteó que las normas vigentes impiden que una parte importante de los dólares depositados en los bancos llegue a empresas y familias en forma de financiamiento.
Para el ex ministro, ampliar el universo de quienes pueden acceder a créditos en moneda extranjera ayudaría a movilizar esos fondos y a reducir el costo del financiamiento.
Como ejemplo, mencionó los casos de Perú y Uruguay, donde los bancos tienen mayor flexibilidad para prestar dólares a clientes solventes.