El mercado financiero argentino celebra: el riesgo país perforó la barrera psicológica de los 500 puntos básicos y se ubicó en 496 unidades, el nivel más bajo desde el 2 de febrero.

El indicador de JP Morgan acumula una caída de más de 16 puntos solo en esta jornada, en una rueda marcada por la suba de bonos soberanos y un clima de optimismo que vuelve a poner a la Argentina en el radar de los inversores internacionales.

¿Qué está pasando con el riesgo país?

El riesgo país mide la sobretasa que debe pagar un Estado para financiarse en los mercados internacionales en comparación con los bonos del Tesoro de los Estados Unidos, considerados el activo libre de riesgo por excelencia. En términos prácticos: cuanto más alto es el número, más cara resulta la deuda más difícil acceder al crédito externo en condiciones sostenibles.

Desde el máximo de más de 1.500 puntos registrado durante la crisis de 2022 y el período preelectoral de 2023, el indicador viene transitando una tendencia bajista que se aceleró con la llegada de Javier Milei a la presidencia.

Pero la semana pasada marcó un punto de inflexión adicional: la calificadora internacional Fitch Ratings elevó la nota soberana de Argentina de "CCC " a "B-", con perspectiva estable.

La decisión de Fitch fue el principal disparador del rally de los últimos días. La agencia destacó tres variables clave para justificar la mejora: el ancla fiscal, la posición externa del país y el proceso de reconstrucción de reservas.

En cuanto al frente fiscal, Fitch señaló una consolidación del equilibrio presupuestario y una mayor previsibilidad en el programa monetario. El superávit primario pasó de ser una promesa de campaña a convertirse en el eje estructural de la política económica, algo que los acreedores internacionales valoran por encima de cualquier otra variable.

En el frente externo, la calificadora destacó que Argentina se convirtió en exportador neto de energía, lo que transforma estructuralmente la generación de dólares. Para un país endeudado en moneda dura, este cambio es determinante: reduce importaciones para financiar importaciones energéticas y mejora la proyección de ingresos de divisas.

La mirada del mercado

El analista Salvador Di Stefano lo resumió con precisión: "B- equivale a crédito altamente especulativo, pero menos vulnerable que los niveles anteriores. La perspectiva estable indica que no se esperan cambios en el corto plazo. Sigue siendo high yield, pero con trayectoria positiva". Esa trayectoria, más que el número en sí, es lo que mueve al mercado.

Para entender la magnitud del movimiento, conviene mirar el camino recorrido. Argentina llegó a cotizar en "CC" en 2023 –nivel de default técnico inminente–, ascendió a "CCC" en 2024, luego a "CCC " en 2025, y ahora escala a "B-" en 2026. Es una trayectoria de cuatro escalones en tres años, un ritmo de mejora que no tiene precedentes recientes en el historial crediticio del país.

El mercado ya empieza a incorporar en los precios la posibilidad de que otras calificadoras sigan el mismo camino. Según analistas de Adcap, "el mercado ya comenzó a pricear la posibilidad de nuevas mejoras de calificación" por parte de otras agencias en los próximos meses. Moody's, en particular, aparece como la siguiente en la lista.

La compresión del riesgo país tiene su correlato directo en el mercado de renta fija. Los bonos soberanos en dólares –Bonares y Globales– ganan un 0,3% en la jornada y acumulan una suba del 3% en lo que va de mayo. En la semana anterior, los Globales con ley extranjera habían trepado un 2,8%.

En renta variable, el S&P Merval avanza un 1,5% y se ubica en torno a los 281.000 puntos. Entre los papeles que cotizan como ADRs en Wall Street se destaca YPF con una suba de 5,4%, Tenaris gana 3,3% y amplía a 60% su alza acumulada en 2026, y Bioceres rebota un 16,9% tras varias jornadas de presión vendedora.

El Gobierno no quiere endeudarse caro

A pesar de las señales positivas del mercado, el Gobierno mantiene una postura de cautela frente a la posibilidad de emitir nueva deuda soberana en los mercados internacionales. El secretario de Política Económica, José Luis Daza, fue explícito al respecto en un evento organizado por Moody's en Buenos Aires: "No queremos pagar tasas de interés que pongan en peligro la dinámica fiscal en el mediano plazo".

La estrategia oficial para el corto plazo combina el financiamiento en moneda extranjera en el mercado local, el acceso a organismos multilaterales y los dólares que el Banco Central está acumulando vía exportaciones del sector minero-energético y la liquidación de la cosecha gruesa del agro.

El programa financiero 2026 ya está cerrado, según afirmó Daza, lo que despeja el horizonte inmediato sin necesidad de salir al mercado externo a tasas que el Gobierno considera todavía elevadas. Para que eso cambie, el riesgo país debería comprimir hasta la zona de los 350 puntos, nivel a partir del cual el costo de emisión soberana se tornaría más manejable.

¿Cuánto puede bajar el riesgo país?

El camino por recorrer es largo, pero la dirección es clara. Según el analista Fernando Marull, una calificación de "B " suele asociarse a niveles de riesgo país cercanos a los 350 puntos, similares a los que Argentina registraba en 2017 cuando accedía al crédito internacional con relativa fluidez.

Un riesgo país en esa zona habilitaría al Tesoro a emitir a una tasa de apenas por debajo del 8% anual a diez años, en línea con lo que pagan otros países con calificación "B-" como Angola o Ecuador. Hoy, el Global 2046 rinde 9,69% en el mercado secundario, entre 150 y 210 puntos por encima de sus pares en la misma categoría crediticia.

La brecha regional también sigue siendo significativa. Mientras Argentina cotiza en torno a los 496 puntos, Brasil se ubica en 172, México en 198 y Chile en niveles incluso menores. La comparación muestra el potencial de compresión adicional que tiene el indicador, siempre que el programa económico mantenga su consistencia.

Quizás el cambio más relevante no es numérico sino conceptual. Durante años, los bonos argentinos cotizaban bajo la lógica de una reestructuración futura inevitable. El mercado no preguntaba si Argentina iba a defaultear, sino cuándo. Esa narrativa está mutando.

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